Cuando la derecha más rancia de este país pierde parcelas de poder, se vuelve agresiva e inunda de odio los medios de comunicación y las redes sociales. Siempre ha sido así, la historia es tozuda en esto.

Hace unos meses, un informe de la propia Unión Europea puso como ejemplo a la extrema derecha española en la utilización habitual de desinformación y propagación de bulos y utilización de redes coordinadas de cuentas falsas en Twitter y Facebook .

Es más, los medios de comunicación privados, especialmente los televisivos, la mayoría de ellos controlados por grandes grupos conservadores, intentan desacreditar a los ministros de Unidas Podemos con graves acusaciones que luego quedan desestimadas jurídicamente, o publicando noticias chorras sobre quién cuida a los hijos de Irene Montero y Pablo Iglesias y cuánto cobra por ello.

El caso del encarcelamiento de rapero Pablo Hasel ha sido muy curioso. Su detención se produjo en pleno juicio al Partido Popular y a toda su cúpula dirigente por corrupción. De un día para otro, desaparecieron de los medios de comunicación toda la información sobre estas corruptelas, especialmente graves pues en ellas no sólo están implicados quienes dirigieron el PP hace años, también los que lo dirigen ahora por haber negociado con el Tesorero Bárcenas no tirar demasiado de la manta. Desaparecieron estas noticias y los telediarios se llenaron de contenedores ardiendo, tiendas saqueadas y enfrentamientos de manifestantes con la policía.

El mundo del arte y la cultura, no sólo español, también internacional, ha condenado que una persona vaya a la cárcel por la letras de sus canciones, aunque éstas sean deleznables. Pero cuando Podemos se ha situado también en su defensa, ha empezado un aluvión de críticas por parte de los medios de comunicación y partidos de derecha, con la Presidenta Ayuso y otros impresentables a la cabeza, ligando a Podemos con el vandalismo de algunas manifestaciones en apoyo del Rapero.

A estos medios de comunicación y a estas deshonestas personas de la política les da igual que la posición de Podemos haya sido desde  el principio contraria a cualquier acto violento y vandálico, y también les da igual que todo el mundo sepa que siempre hay un reducido grupo de personas, de dudosa ideología, que se aprovecha de las manifestaciones, cuando éstas llegan a su término y especialmente cuando hay presencia policial, para hacer vandalismo. La cuestión es “echar mierda”, que algo queda.

Por cierto, si condenable es que una pequeña pandilla de vándalos se aprovechen de las manifestaciones pacíficas para saquear tiendas y quemar contenedores, especialmente grave y condenable es la utilización de proyectiles de los Mossos d’Esquadra, y no es la primera vez, causante de la pérdida de un ojo de una manifestante. Todavía estamos esperando oír al diputado Rufián pedir la dimisión del Consejero de Interior de la Generalitat por seguir utilizando estos peligrosísimos proyectiles contra manifestantes.

En esta tesitura, Unidas Podemos, erróneamente,  suele caer en esta trampa del odio y la falsificación. Gasta tremendas energías en intentar desmontar la estrategia de la derecha, y se olvida de lo principal: en contar con la gente y en explicar su gestión en el gobierno.

Quizás haya que recordar de nuevo cómo en el 2014 Podemos llegó a ser el primer partido en intención de voto: En cada ciudad, en cada barrio, en cada pueblo, se celebraban multitudinarias asambleas donde la gente participaba en la confección de los programas electorales y en qué políticas tendrían que desarrollar sus dirigentes. Podemos era un hervidero de  participación ciudadana. Tanto es así que los grandes poderes de España,  especialmente después de aquella multitudinaria manifestación de 2015 en la Puerta del Sol, empezaron a preocuparse y a tomar medidas para acabar con ese crédito ciudadano.

No hay otra alternativa que volver a las plazas y asambleas. No vale sólo con estar en las instituciones del Estado, incluso en las más altas.

Hay que volver a convocar a la ciudadanía en los barrios y explicarles que en la crisis del 2008, se rescataron bancos y autopistas con miles de millones de euros del erario publico y en esta crisis del Covid, el gobierno de coalición ha decidido rescatar a las personas.

Hay que volver a convocar a la ciudadanía en los pueblos y explicarle que este gobierno es el primero que se ha atrevido a crear un salario mínimo vital para aquellas personas que no tienen nada. Con deficiencias, porque apenas ha llegado a 250.000 personas, aunque el compromiso es llegar a un millón de personas en la legislatura.

Hay que volver a convocar a la ciudadanía en las plazas y explicarles que este gobierno es el primero que ha ayudado a las personas trabajadoras autónomas, con un desembolso de más de 300 millones.

Hay que explicar en las redes y en cada rincón de la comunicación que mientras el PP dejó en la cuneta a los y las trabajadoras en el 2008, aplicándoles incluso una terrible reforma laboral que mermó sus  derechos laborales, este gobierno de coalición mantiene protegidos a un millón de personas, pagándoles el sueldo, mientras sus empresas tienen cesada su actividad por la pandemia.

¡Señores del Gobierno de coalición!: Más participación  e  información y menos disputas con la ultraderecha y la derecha extrema,

Les dejo con la contestación de Julio Anguita a una pregunta de un periodista sobre la caída del gobierno soviético:

“Lo difícil no es conquistar el poder, lo difícil es mantenerlo”

José Manuel Pachón López