Según el escritor Oliver Clerc, cuando ponemos una rana en una cazuela de agua fría y la empezamos a calentar lentamente, la rana irá ajustando, al mismo tiempo, su temperatura a la del agua de forma gradual. Justo cuando el agua está entrando en su punto de ebullición, la rana ya no puede ajustar más su temperatura e intenta saltar.

Desafortunadamente, la rana ya no tiene suficiente fuerza para salir de la cazuela, porque ha perdido toda su energía en ajustarse a la temperatura del agua. Como consecuencia, la rana muere hervida sin poder saltar y salvarse.

Nuestro planeta se está calentando. Ya no es una predicción, ya es una realidad. El efecto invernadero que están provocado las emisiones de gases, fundamentalmente procedentes de la combustión, conseguirá, si no se cambian las políticas, que a final de siglo nuestro planeta ya no sea habitable. Y de hoy a entonces, los problemas medioambientales y sociales irán creciendo exponencialmente.

Tímidamente parece que las autoridades europeas empiezan a enmendar las políticas para evitar una catástrofe: Se acaba de acordar el objetivo de descarbonizar Europa en un 55% para el año 2030.

Alemania incluso va más allá: han decidido descarbonizar un 65% en el 2030.

Perro ¡ay!, España acaba de fijar el objetivo de descarbonizar el 23% en el 2030, como si la catástrofe que se nos viene encima no tuviera nada que ver con nuestro país.

Este artículo pretende situarse en el año 2100, ilustrando a los partidos que sustentan el Gobierno Nacional de coalición, de los peligros que corremos de no modificar nuestras políticas. El Gobierno, que está siendo muy sensible en otras muchas materias sociales, demuestra una gran insensibilidad con el medio ambiente. Si no conseguimos descarbonizar totalmente nuestro país en unos años, seremos uno de los países más afectados. Veamos:

En menos de ochenta años, si no lo remediamos, la temperatura global del planeta podría subir como mínimo cuatro grados. Eso quiere decir que en España podrían ser muy frecuentes, temperaturas de más de 50 grados.

Estas altas temperaturas producirán frecuentes incendios y persistentes sequías, que convertirán España en un inmenso desierto.

La mitad de las tierras cultivables del planeta serán estériles y disminuirán drásticamente los peces por el aumento de la acidez de los mares, lo que producirá una hambruna planetaria.

El calentamiento del planeta derretirá los casos polares, lo que producirá que el agua de mar inunde las costas y muchas grandes ciudades. Los fenómenos meteorológicos se harán mucho más explosivos. El avance exponencial del desierto y del mar sobre las tierras fértiles y pobladas del planeta, las inundaciones y desbordamientos de los ríos,  y las hambrunas,  producirán migraciones de centenares de millones de personas.

La disminución drástica de la biodiversidad dejará a la naturaleza exhausta. Esto y los virus descongelados de los polos, producirá frecuentes pandemias que no podremos combatir.

¡Ojo! Todas estas desgracias no esperarán al final del siglo para hacer su aparición. De hoy hasta entonces, irán creciendo exponencialmente. De hecho, ya estamos viendo el comienzo: la pandemia del coronavirus, las sequías, las olas de calor y frio, los fenómenos meteorológicos adversos, las hambrunas, las pateras…

El único rayo de esperanza de todo este apocalipsis es que todavía podemos evitarlo. O actuamos como la rana, acostumbrándonos pasivamente  a los cambios climatológicos hasta que estos nos destruyan, o cambiamos desde hoy las políticas y combatimos el cambio climático y la desigualdad.

Estas son las recetas que los grupos ecologistas y científicos nos llevan décadas planteando:

Descarbonizar el planeta, es decir, sustituir la combustión fósil por energías renovables.

Plantación de un billón de árboles, que absorban el dióxido de carbono de la atmosfera.

Reestructurar las ciudades, ofreciendo un transporte público eléctrico y grandes espacios verdes y peatonales.

Rehabilitar y aislar las viviendas, haciéndolas más sostenibles.

Recuperar el uso del ferrocarril, huyendo de las grandes velocidades y de los vehículos de combustión.  Disminuir al máximo el transporte de mercancías y vuelos internacionales.

Reducir la carne en nuestra dieta y consumir alimentos ecológicos libres de pesticidas, de temporada y con producción cercana.

¡Esto no es un asunto de un partido o de otro! Esto es una cosa de todas las personas de este planeta, que implica que trabajemos juntas por nuestro futuro. Si nos ponemos manos a la obra desde mañana con estas medidas ecologistas, unidas a la implantación de  una renta decente universal, para que cualquier persona del planeta pueda vivir dignamente aunque su situación laboral o personal se deteriore, conseguiremos que nuestro planeta sea más habitable y solidario.

Por cierto, el Ayuntamiento de Rivas sigue consumiendo energía no renovable cuando muchos ayuntamientos ya certifican que se nutren de energía 100% renovable.

Les dejo con unas frases de la joven mejicana  Xiye Bastida en la cumbre climática que organizó el nuevo presidente de los EE.UU., Joe Biden,  el pasado mes de abril, para festejar y anunciar su regreso al Acuerdo de París:

 “Ustedes son los ingenuos, si creen que podemos sobrevivir a esta crisis con la forma de vida actual. Ustedes son los pesimistas, si no creen que tenemos lo que hace falta para cambiar el mundo. Deben de entender que la era de los combustibles fósiles ha terminado. Deben comprometerse a llegar a cero emisiones netas en el 2030, no en el 2050. Los jóvenes seguirán alzando la voz en tanto los líderes no cumplan con su responsabilidad

José Manuel Pachón López