Ha empezado el nuevo curso y nos preocupamos por cómo ha sido ese inicio y nos preguntamos cómo podemos actuar para facilitar y apoyar su proceso durante el año.

En las primeras reuniones con el profesorado hemos tenido ocasión de conocernos y de ver que esperan de la familia y cómo podemos implicarnos en la labor conjunta que vamos a desarrollar durante este curso.

Recuerdo, en sentido negativo, que al empezar mi hijo la secundaria en la reunión inicial nos plantearon que les teníamos que revisar las mochilas todas las noches para asegurar que llevaban todo lo necesario. Yo no entendí nada, ¿Suponían  que todavía no eran capaces de hacerlo por sí mismos? ¿Hasta cuándo tendríamos que seguir haciéndolo?

Más allá de las circunstancias concretas de cada criatura y cada familia hay una cuestión que me parece básica y fundamental para abordar desde casa, se trata de cómo ir dando pasos para favorecer y potenciar la autonomía de nuestros hijos e hijas.

Hablo de la autonomía entendida como hacerse cargo, hacerse responsable, de lo que les corresponde sin que sea necesaria nuestra presencia o nuestra voz para recordar en cada momento lo que tienen que hacer. Este es el ideal que todos firmaríamos pero que no siempre tenemos presente en nuestro quehacer diario.

Sabemos que la magia no existe y que no va a llegar un día en el cual, de golpe, tras un sueño reparador se van a despertar con un grado de autonomía que nos asombre y nos permita retirarnos a otro plano. Por el contrario, sabemos que es un proceso de toda una vida, que les permite ir dando pequeños pasos que les acerca a esa meta. Un día ponen la mesa, otro recogen su ropa, más tarde organizan su tarde, su mochila, sus deberes… no hay una proceso igual entre dos niños o niñas. Pero todos van realizando pequeñas acciones de forma autónoma que van engrosando su “yo puedo”.

Si los deberes los hacen porque estamos encima, si la agenda la usan porque se la controlamos, si hacen algo por temor estamos dejando de lado la idea de autonomía.  Seguiremos diciendo y ellos, en algunas ocasiones, obedeciendo.  Pero no se trata de eso.

Me parece importante que desde la familia tengamos clara esta idea. No se trata de dejarles a su suerte y desentendernos de lo que pasa o hace, sino de acompañarles, orientarles, preguntarles, apoyarles, sugerirles… y después dejarles actuar. De eso se trata,  de que actúen, vivan su vida, tomen sus decisiones y vayan viendo lo que ocurre por su hacer o no hacer. Para lo cual siempre nos encontrarán dispuestos al diálogo y a la reflexión.

Buscamos compartir un proceso que les ayude a sentirse responsables de su actuación sabiendo que no están solos y que pueden contar con nuestra ayuda cuantas veces la necesiten, pero porque la necesitan y la demandan, no porque nos imponemos.

Para que en el futuro puedan vivir con autonomía, sintiéndose responsables, sabiendo estar y contar con los demás, debemos organizar la convivencia y la relación en base a esa ideal e ir permitiendo que cada día nuestras vivencias nos permitan sentirnos un poco más cerca.

Sin olvidar que todas las personas estamos inmersas en este proceso a lo largo de toda la vida.

Colectivo EQS – Miembros del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (http://www.mcep.es)