Cuando me pongo a escribir este artículo, se cumplen 6 meses de la invasión de Rusia a Ucrania. Seis meses de guerra donde han muerto más de 50.000 personas, con seis millones de refugiados o desplazados; una auténtica barbarie que nunca puede estar justificada políticamente. Tras muchos avances y retrocesos que han ido reconfigurando el mapa de la guerra en este tiempo, las posiciones se han mantenido relativamente estables desde hace meses, en una guerra de desgaste que se sostiene en gran medida con el apoyo de Occidente. Medio año después, seguimos sin ver el final a un conflicto cuyas implicaciones a nivel mundial ya se han demostrado enormes.Después de la caótica desbandada de EEUU de Afganistan, los talibanes han vuelto al poder. Miles de colaboradores afganos fueron abandonados a su suerte; al final, EEUU perdió la guerra en aquel país. Económicamente ya no interesaba estar ahí, y la población estadounidense, estaba harta de conflictos bélicos que no reportaban nada positivo. También la Unión Soviética, anteriormente, perdió la guerra en ese mismo sitio. Y entonces llegó la guerra de Ucrania, un país en el que EEUU llevaba años trabajando para alejarlo de Rusia y anclarlo en el bando de las llamadas democracias liberales. El resultado es que, sin haber disparado una sola bala, EEUU va camino de erigirse en el gran ganador de la contienda. Se ha demostrado que Rusia es un gigante con pies de barro en el terreno militar, y que tendrá sus alas cortadas mientras duren las masivas sanciones impuestas sobre su economía.

Y el perdedor, por ahora, es la Unión Europea sobre todo en el sector energético. Y EEUU no ha tardado en postularse para llenar parte del vacío que dejará en el continente su mayor suministrador de gas y petróleo. Eso sí, a unos precios mucho más elevados de lo que antes Europa destinaba para ello. Hoy, en este momento, sólo vemos un ganador, EEUU, que ha conseguido varios objetivos: Innumerables sanciones a Rusia, bloquear el gasoducto Nord Stream2 y detener la colaboración entre Alemania y Rusia, proponerse ante Europa como proveedor alternativo de gas, aumentar el control sobre Europa, y hacer la guerra enviando sólo armas y no soldados. La guerra contra Rusia la libran los europeos, especialmente los ucranianos y los países de Europa del Este en general. El origen de toda guerra, al final, no deja de ser un motivo comercial y económico y EEUU está “combatiendo” para eliminar a Rusia como principal proveedor de energía, erigiéndose él como principal suministrador a costa, eso sí, de debilitar económicamente a Europa. El euro cotiza ya casi por debajo del dólar.

Quien pagará el precio más alto de esta crisis será Europa. No sólo subirán las facturas y muchas empresas se verán obligadas a cerrar, sino que también están subiendo, muy alarmantemente, el precio de todos los productos, dejaremos de ser competitivos en el mercado mundial, que nos llevará a, ojalá no sea así, a una gran recesión. Esto frenará las exportaciones. Parece que los gobiernos europeos se han puesto de rodillas ante Washington, sacrificando inexplicablemente sus propios intereses, cuando deberían hablar con todos los actores, y encontrar una solución pacífica y razonable para todos, con la denuncia y repulsa por la invasión de Ucrania, pero sin inclinarse sin condiciones hacia las tesis de EEUU. Nadie, y mucho menos la población ucraniana, se beneficiarán de esta guerra, salvo EEUU. Por eso la declaración de Europa por la Paz de 2007 decía: “Europa no debe apoyar ninguna política que arrastre al planeta hacia la catástrofe: está en juego la vida de millones de personas, el futuro mismo de la humanidad”.

La gente quiere vivir en paz, aspira a la cooperación entre los pueblos y empieza a darse cuenta de que todos formamos parte de una gran familia humana. El desarrollo de la ciencia y la tecnología pueden garantizar una vida digna para todos, pero la codicia de unos pocos, está frenando el camino de la evolución humana. Si no se quiere la guerra, hay que dejar de hacerla. Los dirigentes europeos son incapaces de detener la avalancha, mientras que harían bien en escuchar las demandas de los pueblos. Sin embargo, sea cual sea el punto de vista, las interpretaciones y los análisis de cada uno, esta guerra debe detenerse inmediatamente. La guerra pertenece a la prehistoria. ¡Construyamos la paz!

Miguel F. Canser