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OPINIÓN

¿Qué determina que unos ciudadanos no sean iguales que otros?

El Estado concebido como negocio

Artículo de opinión de Juan Manuel del Castillo, ex-director de Zarabanda, sobre el enriquecimiento de Trump y otros gracias a sus cargos.

Todos los ciudadanos somos electores y podemos ser elegidos para desempeñar un cargo político. Presentarse a las elecciones para desempeñar un cargo político, es voluntario y, en principio, requeriría vocación de los candidatos/as para el desempeño de un ‘servicio público’, para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos/as y de todo el colectivo social.

Siendo estos los principios éticos, son demasiados los casos que conocemos, en los que el cargo público se convierte en objeto de lucro personal y/o en plataforma de negocio para familiares, amiguetes y otros allegados.

De sobra son conocidas las tremendas fortunas amasadas por Felipe Gonzáles o por José M. Aznar. Las desviaciones de fondos por parte de Jordi Pujol, las mordidas del 3% en el negocio de las ITV encargado a sus hijos, etc. Los casos de apropiación por parte de los exministros Eduardo Zaplana, Rodrigo Rato…, en tiempo del presidente J.M. Aznar. Las adjudicaciones de obra pública realizadas por el Partido Popular en tiempos del presidente M.Rajoy, a cambio de suculentas comisiones, tantas que Luis Bárcenas atesoraba casi 50 millones de euros en bancos suizos (y que se sepa no ha devuelto), regando de sobresueldos a todos los miembros destacados del PP. La vida lujuriosa y placentera de Ábalos y Koldo. Las exenciones, prebendas y negocios millonarios del padre, el hermano y el novio de Isabel Díaz Ayuso mientras dure su presidencia en la Comunidad de Madrid, etc. Esos son algunos ejemplos de lo que conocemos referido a nuestro país. Y nos queda uno bien gordo: el del ministro Cristobal Montoro, que legislaba ’ad hoc’, siempre que los beneficiados soltaran cuantiosas cantidades de euros, a través de su despacho de abogados ‘Equipo Económico’.

Aun así, los aprovechamientos del cargo para el enriquecimiento personal en nuestro país, casi se pueden considerar como ‘rapiñeo de trileros’ comparados con los grandes negocios de estado (para lucro personal) que se están produciendo en la ‘corte’ de Donald Trump.

El gobierno de los EEUU no está formado por políticos, eso de la ‘vocación de servicio’ es “una ñoñería que practica la «izquierda”. Trump se ha rodeado y ha montado sus gobiernos, apoyándose en empresarios depredadores y con un afán infinito de lucro y beneficios: La fortuna del equipo Trump, se estimaba (al inicio de la legislatura) en 35.000 millones de dólares y que a día de hoy probablemente se habrá duplicado, volumen que supera el PIB de muchos países del mundo.

El mayor exponente de esa instrumentalización del gobierno como ‘parket de negocios privados’ es el propio Trump rodeado de su familia: La declaración de ingresos de 2025 revela que Donald Trump obtuvo 2.200 millones de dólares, impulsado por las criptomonedas, mientras crecen las dudas sobre posibles conflictos de interés durante su presidencia. Su patrimonio personal se ha incrementado en un 183% en apenas dos años.

Numerosos especialistas consideran que la cuestión trasciende el ámbito jurídico y entra de lleno en el terreno de la ética pública. El hecho de que el presidente participe activamente en mercados que pueden verse afectados por decisiones de su propia Administración alimenta las críticas sobre la separación entre los intereses privados y las responsabilidades institucionales. 

Y esta es solo una parte del suculento negocio de la presidencia de Trump. Éste y su familia han sido investigados por ‘por hacer uno de información privilegiada’ en sus inversiones. Por ejemplo, cada vez que el Presidente anuncia el fin de la guerra con Irán, el precio del petróleo cae y las acciones de determinadas empresas (petroleras, inmobiliarias, bancos, etc.) se disparan, únicamente disponiendo de la información de que se comunicará el anuncio, quienes lo conozcan pueden comprar o vender acciones en función de sus intereses; cuando la información se va a desmentir solo tienen que hacer la operación contraria. Esta es una de las fórmulas de super-enriquecimiento de sus allegados, hay otras muchas: los contratos armamentísticos, los de suministros al ejército, los de reconstrucción de los territorios devastados por los bombardeos (Ucrania, Irán…), los créditos bancarios…, y muchos etcéteras.

EEUU ha pasado de depender de la importación de hidrocarburos de otros países, a ser exportador neto en los últimos diez años. El fin del veto a la venta de petróleo en 2016 y la extracción de crudo y de gas a través del ‘fracking’, han posicionado a su industria de hidrocarburos como una de las líderes mundiales. No obstante, la guerra en Oriente Medio ha contribuido a acelerar el aumento de las exportaciones energéticas de EEUU hasta récords históricos y a ganar cuota de mercado. Por supuesto, la actual Administración americana, desprecia los riesgos de esta técnica de extracción: la inyección de productos químicos y el gas metano durante el fracking pueden contaminar acuíferos y fuentes de agua potable; en el proceso se libera metano, un gas de efecto invernadero que contribuye al cambio climático; la inyección de agua a alta presión puede provocar terremotos y otros movimientos sísmicos; la infraestructura asociada al fracking puede alterar irreversiblemente los ecosistemas naturales y el paisaje local.

La Administración Trump, que hoy controla toda la economía de Venezuela (después del secuestro de Nicolás Maduro), ha recaudado más de 13.000 millones de dólares procedentes de las ventas de petróleo venezolano este año, según cálculos del Financial Times.

Desde el inicio de la ‘guerra de Ucrania’, y a consecuencia de las restricciones de compra de combustibles a Rusia, además de la voladura del Nort Stream 2, EEUU elevó el suministro de gas licuado (GLP) a los países de la Unión Europea hasta un 57,7% en el segundo trimestre de 2025 y ha crecido un 15,5% más en lo que va de año 2026. Analistas de mercados como José Basagoiti, sostienen que, a raíz de la guerra en Ucrania, Estados Unidos logró fortalecer su posición como proveedor de GNL a escala global, concretando negocios relevantes en el ámbito energético. Con el reciente conflicto contra Irán, Estados Unidos ha incrementado sus exportaciones de petróleo, alcanzando por primera vez en la historia niveles cercanos a los de un exportador neto de crudo.

Por supuesto, en todos estos negocios están implicados el propio Presidente Trump y toda su familia y allegados. 

A lo largo del segundo mandato de Donald Trump, Wall Street ha sido testigo de una serie de movimientos bursátiles que, para muchos observadores del mercado, cruzan la línea de la astucia financiera para adentrarse en el terreno del delito federal. Una investigación exhaustiva de la BBC ha cruzado los datos de volumen de transacciones con los momentos exactos de los pronunciamientos presidenciales, revelando un patrón consistente y perturbador: apuestas millonarias y altamente precisas colocadas solo minutos o pocas horas antes de que anuncios clave que sacuden los mercados se hagan públicos.

Este fenómeno ha encendido las alarmas entre los analistas, quienes señalan que estas operaciones tienen todas las características del tráfico ilegal de información privilegiada (insider trading). Especuladores parecen estar apostando basándose en información geopolítica de alto nivel —como el fin de una guerra o cambios arancelarios masivos— que aún no está disponible para el público general, obteniendo ganancias astronómicas en cuestión de minutos.

Pero no acaban aquí los negocios presidenciales: el proyecto de convertir en un resort construido sobre los escombros y los más de 60.000 palestinos asesinados en Gaza por el ejército israelí y las bombas americanas; Ivanka Trump y su esposo, Jared Kushner, proyectan una inversión de 1.400 millones de euros en la isla de Sazan (Albania), hecho ante el que activistas y ciudadanos se han movilizado de inmediato para frenar dicho resort de lujo, advirtiendo que la zona es un parque natural con estricta protección ambiental, cuya biodiversidad se vería gravemente afectada por su construcción.

Además, el omnipotente Trump ha amenazado con apropiarse de Panamá, de Cuba y de Groenlandia, y está claro, que no solo prevalecen razones estratégicas, sino por supuesto, sus intereses personales.

Javier Milei (Presidente de Argentina) y otros le acoran e intentan imitar. Milei se ha visto envuelto en una demanda colectiva, por su supuesto respaldo a $LIBRA, una criptomoneda acusada de fraude que provocó pérdidas por más de 251 millones de dólares. Los demandantes sostienen que su apoyo fue parte de una campaña de promoción engañosa orquestada por los creadores del activo y el propio Presidente argentino. 

Esta manera de actuar, la de Trump y sus imitadores, no dista muchos de la de los grandes emperadores de la historia: apropiación por la fuerza de aquellos territorios y recursos que interesen al ‘emperador’ de turno y aprovecharlos para su enriquecimiento personal, más, más y más.

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