CADA AÑO SON COMPRADAS, VENDIDAS, ESCLAVIZADAS, 4.000.000 MUJERES Y CIENTOS DE MILES DE ESAS MUJERES SON OBLIGADAS A PROSTITUIRSE.

Detrás de las grandes cifras de los movimientos migratorios mundiales hay miles de tragedias personales y algunas empiezan con la compra de un ser humano.

La permeabilidad de las fronteras, las nuevas comunicaciones y la rentabilidad de este negocio han convertido el tráfico de mujeres y niños en un problema global, según denuncia la red End Child Prostitution in Asian Tourism (ECPAT) un movimiento internacional de organismos no gubernamentales que lucha contra la explotación sexual de menores.

Su perfil suele corresponder con el de una joven de 19 a 25 años con estudios primarios o secundario interrumpidos.

En medio de una economía mundial que está en proceso de desaceleración, hay un sector que marcha en la dirección contraria. Cada año millones de personas, la mayoría mujeres y niños, son engañadas, vendidas, coaccionadas o sometidas de alguna manera a situaciones de explotación de las cuales no pueden escapar. Constituyen la mercancía de una industria mundial que mueve miles de millones de dólares y que está dominada por grupos de delincuentes muy bien organizados que operan con impunidad.

A menudo, a las víctimas del tráfico se las lleva de un país de origen hasta un país de destino a través de “países de tránsito”. Para hacerlo, los traficantes usan documentos falsos. Los controles fronterizos débiles y la corrupción de los funcionarios de migración pueden también facilitar aún más el tránsito de víctimas.

El “nuevo comercio de esclavos”, como lo denominó el Presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, ha crecido en los últimos tiempos en gravedad y magnitud.

La trata de personas es un fenómeno que afecta a todas las regiones y a la mayoría de los países del mundo. Aunque las rutas de los tratantes cambian constantemente, un factor que permanece constante es la distinción económica entre los países de origen y los países de destino. Al igual que con todas las demás formas de migración irregular, la trata de personas presupone invariablemente el traslado de un país más pobre a otro más rico. Los tratantes trasladan a mujeres procedentes del sureste asiático a América del Norte y a otros países de su región de origen.

España, puerta a Europa

Según la organización Acción por las Mujeres en Situación Precaria (AFESIP, por sus siglas en francés) dedicada a la lucha contra el tráfico de mujeres, unas 500.000 mujeres pasan cada año por España con destino al mercado sexual. Vienen de Nigeria, de Colombia, Ecuador o de los países del este europeo. Muchas de ellas son protagonistas de un fenómeno que se conoce como la feminización de los flujos migratorios.

Y este es su destino.

Extracto de las declaraciones al Diario Montañés el 27 de Abril 2018 de: Amelia Tiganus ex-prostituta y actualmente activista rumana:

Aquel señor español tan majo «me compró por trescientos euros después de mirarme de arriba a abajo, dando por válida la mercancía, y me dijo que me iba a ayudar pero que, a cambio, yo tendría que devolverle todo el dinero que iba a invertir en mí y que, después, tendríamos que repartir las ganancias al cincuenta por ciento». Pero cuando Amelia llegó a España y pisó su primer club de alterne «no encontré ese glamour, ese lujo, ese ‘pretty woman’ que me dijeron. Lo único que encontré fue a un montón de chicas de mi ciudad, Galati. Mi vida se cayó a trozos».

Allí, lo primero que aprendió fue «que tenía que ponerme en una fila, y que si respetaba la fila todo iba a ir bien… Aunque no supiera dónde me llevaba esa fila… Porque hacíamos fila para coger preservativos, hacíamos fila para entrar en el bar, hacíamos fila para cobrar el dinero que nos daban después de ser torturadas sexualmente durante 12 horas, hacíamos fila para comer y hacíamos fila para dormir, hacinadas, en la misma habitación en la que durante horas y horas los puteros habían hecho posible que la repetición del acto sexual se convirtiera en un castigo».

Para Amelia, los prostíbulos eran «auténticos campos de concentración». «Imagine por un momento cómo sería su vida si no puede comer cuando quiere ni dormir cuando quiere ni vestir como quiere… Eso te acaba anulando como persona, te acaba robando la identidad. Y lo único que puedes hacer es intentar sobrevivir».

Sobrevivir en condiciones económicas muy precarias, por otro lado, «porque después de entregar el 50% de nuestras ganancias teníamos que pagar la deuda que habíamos contraído, la ropa que nos hacían poner, la droga que nos hacían consumir o las multas con las que nos sancionaban a las chicas cada dos por tres por contestarle mal a algún cliente o por quedarnos a descansar en esa habitación que estábamos pagando a precio de oro»

Atrapada, Amelia se zafó en cuanto tuvo la más mínima oportunidad. «Me di cuenta de que me estaban estafando, así que decidí escaparme de aquel prostíbulo la noche en que el dueño recibió la llamada de un policía corrupto avisándole de que iba a haber una redada»…

La trata y la prostitución tienen conexiones estrechas: ocho de cada diez mujeres que ejercen la prostitución en España lo hacen en contra de su voluntad, según reflejaba en 2016 la ONGD Anesvad. «La prostitución en España ahora mismo no está ni legalizada ni prohibida: se encuentra en una situación de alegalidad», expone la jurista y divulgadora feminista Paula Fraga, que matiza que «tampoco se puede hablar de alegalidad en stricto sensu«,

Las alternativas que se vislumbran. El prohibicionismo obedece a un modelo ideológico donde se mezclan la Moral y el Derecho. La prostitución se concibe como un vicio moral y su ejercicio se prohíbe, criminalizando a las prostitutas. La despenalización de la prostitución voluntaria. La laboralización –un sistema culminación de la ideología liberal-, aparte esos deberes, le atribuye a la prostituta derechos laborales, incluso de Seguridad Social –como ocurre en Holanda o, más recientemente, en Alemania-. El abolicionismo equipara la prostitución a la esclavitud –de ahí incluso su denominación- y, en consecuencia, criminaliza a todo lo que rodea a la prostituta, aún si media su consentimiento, pero no criminaliza a la prostituta que, a diferencia del sistema prohibicionista,

Quizás debíamos imitar a. Suecia representa, desde 1999, una variante del abolicionismo consistente en penalizar a los clientes de las prostitutas. Paralelamente, la legislación sueca profundiza en la política de integración social de las prostitutas. La peculiaridad ideológica del sistema sueco radica en la consideración de la prostitución, no sólo como una forma de esclavitud, sino como una forma de violencia de género, buscando su erradicación.

En el Día Mundial de Abolición de la Esclavitud, deberíamos recordar a los millones de mujeres que son obligadas a prostituirse en todo el mundo. Pero en este mundo hipócrita llamado civilizado, incluido este cristiano país llamado España, nadie se acuerda de ellas.

  Eulogio González Hernández