¿Hay algo más bonito que un chiringuito? Pues no. Y eso, seguro que lo sabe Doña Isabel. Y, cómo no, el ínclito, expansivo, ecléctico y arribista Toni Cantó. Un tipejo de armas tomar que se ha paseado buscando su colocación por cuatro partidos políticos (y que se vaya preparando Vox, que es el próximo).

Un mindundi chupoptero que se ha servido de la política en todo momento, a la que se empezó a dedicar cuando su carrera de actor comenzaba a declinar.

Su trayectoria política –sería injusto llamarla carrera– ha sido un constante cambio de partido, llegando a militar, en quince años, en cuatro partidos, habiendo repetido en uno. Eso sí, efectuando el cambio justo cuando ha perdido alguna elección personal y cuando el partido está en las últimas. ¡Pura casualidad! Él, el pobre, no tiene la culpa. Sus neuronas impertinentes le llevan a conocer otros espectros ideológicos y a conseguir medios para vivir como dios, eso sí, de forma involuntaria.

Empezó en 2006 en Ciudadanos, donde permaneció poco tiempo, porque no encontró hueco en posiciones principales, y decidió dedicarse a la política local, y se presentó con un partido local en Torrelodones. Lo que duró también poco, puesto que este partido obtuvo cuatro concejales y él iba en el número cinco. Naturalmente, entendió que un pueblo que no le elegía a él, al ‘magnífico y único Toni Cantó’ no era digno de merecerle. Así es que dio el siguiente paso.

Ya saben que la diva Rosa Díez decidió marcharse del PSOE y crear un  partido nuevo: UPYD, y Cantó, siempre al loro del trepismo y la desvergüenza más ignominiosa, vio un hueco y una manera de seguir chupando del voto y entró por la puerta de la fama, obteniendo un puesto prominente. Es verdad, que una vez que UPYD empezó a fracasar, Toni Cantó, al igual que hacen las ratas en un naufragio, saltó rápidamente del barco para integrarse en Ciudadanos (por segunda vez). Allí le esperaban varios años, justo hasta que Ciudadanos empezó a desmoronarse, lo que Cantó no podía permitir, puesto que en ello le iba su modus vivendi. Por ello, y para salvar a España –viendo que su carrera de actor se acababa– decidió dar otro saltito, esta vez al PP, y además en Madrid, con su amiga –¿¡de toda la vida!?– Isabel Díaz Ayuso, siempre apostando a ganador. Lástima que sus padrinos políticos no vean que todo lo que toca termina mal, mientras él se salva.

Pues bien, tras un intento fallido de ir en las listas en las elecciones de la C.A.M. de hace dos meses, ahora hemos conocido cuál era su precio: un chiringuito. Hay que ver cómo cambian las cosas. Toda su vida política criticando los chiringuitos y al final, al igual que hizo Abascal –¡ojo, que hay quien dice que le están preparando la bienvenida en Vox, cuando caiga Díaz Ayuso!–, va a vivir de uno. ¡Y qué chiringuito!

Porque resulta que se trata de un chiringuito en defensa del español. Y es que tanto él como su adalid, Ayuso, se han empeñado en que el español está amenazado en Madrid. Está claro que el catalán, el euskera y hasta el bable amenazan a la lengua que hablan más de 500 millones en el mundo y además en la capital del imperio. No hay nada más que salir a la calle y darnos cuenta de que en Madrid vivimos en una torre de Babel constante. Ya puesto, podría haber decidido seguir las huellas de Arniches y defender el madrileño castizo, al menos tendría más sentido.

En fin, que se ha vuelto a colocar el muchacho, y no me digan que no tiene mérito. ¿Qué será lo próximo? ¿entrar en la Real Academia? Siempre está ahí, encontrando acomodo de nivel (en este caso, el nivel es de 75.000 euros anuales que le pagaremos los madrileños de a pié). Un mérito que tiene un pequeño problema: por donde pisa, se hunde el suelo. Que se lo digan a UPYD o a Ciudadanos.

Ya lo ven ustedes, uno puede ser liberal y pensar lo que le dé la gana. Puede estar en contra de las políticas de igualdad, como lo está Cantó, puede estar en contra de los chiringuitos y crearse uno para sí mismo, puede asegurar que el español está perseguido y tratar de defenderlo cometiendo faltas de ortografía. Puede estar en contra de las autonomías, especialmente de la catalana. Puede creer que vive en un imperio desde un miserable chiringuito, y puede, cómo no, criticar a los demás lo que él se permite a sí mismo. ¡Una joya! Anti catalán, españolísimo, anti feminista, un fenómeno de ideología fija en partidos distintos. Se parece a lo del Espíritu Santo: un sólo dios y varios partidos diferentes.

Vamos, lo que se dice un liberal de tomo y lomo. ¡Viva el liberalismo Cantoniano!  Amén.

Salud y República

Rafael Almazán