Cualquier bien solo se elige; es decir, cualquier decisión o camino que se dirige únicamente al bien solo se elige.

Pero, ¿cuáles son esos recursos humanos o esos caminos que siempre únicamente van hacia el bien? Pues la RACIONALIDAD estrictamente usada con racionalidad y, además, la prioridad ética del entretenimiento elegida solo como prioridad siempre ética de tu entretenimiento.

Sí, vivimos en un mundo en donde todos, absolutamente todos, se creen tener la razón, se creen ser educados o respetuosos, se creen elegir bien a sus SEGUIDORES y se creen que aman con el amor más adecuado y privilegiado. No obstante, la realidad es todo lo contrario: siempre eligen todos la confusión o lo que da más posibilidades de triunfar socialmente (obedeciendo a procedimientos patriarcales, capitalistas, egocentristas, utilitaristas de demanda imperialista, etc) o, sin más, lo que elige la “mayoría”.

Claro, el bien ya lo tienen todos por sentado que es (según ellos) lo que nunca es en básico equilibrio. Unos piensan (erróneamente) que es el respeto; otros piensan con ligereza o vanidad que es “lo que han estudiado”; otros aseguran que es el obedecer a las leyes o el no tener líos con los vecinos; otros imaginan que es dar un inmenso amor o (como curioso tabú) no odiar; y otros sueñan que es la “utopía de la justicia-libertad” sin explotaciones.

Tras esta necesaria consideración, el bien (en objetividad) debe estar sincronizado o conformado o determinado siempre por un equilibrio; pero, ¡ah!, ¡que de verdad sea equilibrio!, o sea, ahí no queda más que recurrir al racional (pues es el que hasta ahora en realidad se conoce con unas reglas estrictamente incambiables, imparciales o no manipulables). ¡Exacto!, el bien tendrá que salir o producirse de lo que promueva el mismo equilibrio racional, obvio.

Por lo tanto, el bien no es (meramente) respeto que cada época tiene el suyo y está ya más falseado que los labios de Carmen de Mairena; ni es ni mucho menos lo que se estudia, porque cada cultura impone una innegable subjetividad y restringidos intereses en todos los ámbitos; ni es el amor siquiera porque, en ofuscación, el amor “casi siempre” (y “siempre” actuando solo) es irracional y, aun, siempre va bailándole el agua a todas las autocracias.

Así que, en rigor, solo es el procedimiento en el cual todas tus decisiones (sobre todo las que influyan o que interfieran mínimamente en una sociedad) siempre estén en manos de la imprescindible racionalidad o de la responsabilidad, pero conformada solo con razón; porque así, de tal manera, ya sí que lo que tú decidas, ahora, hoy o mañana, será solo un resultado de una ética valoración que antes has hecho o protegiendo a los valores éticos.

Y, terminando, el bien social también se elige o se decide, sin duda; pero, lo que no se puede consentir es que quienes lo decidan sean siempre esos que, abusando de demasiado poder, respetan una y otra vez todas sus confusiones sobre el bien mismo. E Isabel Díaz Ayuso ni sabe lo que es la libertad ni sabe lo que es la justicia social … ¡ni nada!

José Repiso Moyano