Muchos de nuestros  políticos y creadores de opinión logran persuadirnos, con sus declaraciones, de que no se pueden abrir las fronteras a todo el que quiera venir de otros países. Tales políticas  – dicen – provocarían un “efecto llamada” que desembocarían en una invasión de proporciones inasumibles. Serían medidas “buenistas”- aseguran-  que terminan  beneficiando a las mafias de las migraciones que se enriquecen con la trata de personas humanas.

Tales explicaciones pueden parecer razonables, sobre todo cuando nos ocultan otros datos como los que damos a continuación.  Estos datos muestran que, en realidad, más que a un “efecto llamada”, estamos asistiendo a un “efecto saqueo” de sus recursos naturales por parte de los países ricos .Uno de los países de origen de los que procede un buen número de inmigrantes  es Senegal. Veamos por qué emigran un alto número de sus trabajadores jóvenes, y descubriremos que, más que preguntarnos compasivamente “qué podemos hacer” para solucionar el problema,  hemos de preguntarnos “qué podemos dejar de hacer” para respetar sus derechos a la vida y la subsistencia.

Justo cuando los puertos de Canarias están repletos y hacinados de personas rescatadas de pateras,    la Unión Europea ha aprobado el protocolo  por el que se mantiene el acuerdo pesquero con Senegal, que nos dará acceso a las aguas del país africano durante cinco años más. Desde 1979 hasta ahora, este tratado es la fórmula legal que permite  robar los recursos pesqueros que eran sustento para una parte muy importante de la población local.

Gustavo Duch (“Nuestras mafias de migración”, rebelión,24-11-2020) nos informa de que “el nuevo acuerdo permite que un total de 28 atuneros cerqueros congeladores, diez cañeros y cinco palangreros de España, Portugal y Francia puedan pescar hasta 10.000 toneladas al año de atún. Junto con dos arrastreros españoles que también podrán realizar capturas de hasta 1.750 toneladas de merluza negra anuales. Y no solo atún y merluza. Resulta que estos barcos “sin querer” también capturan mucha pota, que no está incluido en el acuerdo como especie objetivo. La contribución, o chantaje, que la UE pagará a Senegal ascenderá a 1,7 millones de euros al año.”

¿Cuántas pescadores senegaleses pueden vivir dignamente con la pesca de todas estas toneladas de atún,  merluza y pota? ¿Cuántos medios de vida han sido anulados a cambio de unos fondos que vete tú a saber dónde se quedan?  Miles y miles de familias pesqueras tenían en el mar su sustento diario, que ahora sólo deben buscar a miles de kilómetros de sus costas, en las mismas pateras que utilizaban para pescar.

Ahora que sabemos tanto de epidemiología,  esta dramática oleada migratoria nos descubre que  ignoramos el origen último de la enfermedad: la avaricia de un sistema capitalista que, por hacerse con bienes cada vez más preciados, llega a cualquier extremo. Detrás de la pesca, la ruina de miles de familias africanas.  En otro país vecino, detrás de los fosfatos, un mineral muy escaso pero de uso corriente como fertilizante para la agricultura industrial, la complicidad con Marruecos frente a su ocupación del Sáhara Occidental.

Por todo el planeta los bancos,  los grandes fondos de inversión y las sociedades de gestión de activos están invirtiendo masivamente en tierras y recursos naturales. La dominación poscolonial se ejerce hoy a través de estas empresas transnacionales, amparadas por el poder político y militar.  La explotación y las guerras subsiguientes, causantes, junto con la creciente desigualdad, del aumento de la miseria, disparan el crecimiento de las migraciones de las antiguas colonias hacia las ricas metrópolis.

Eubilio Rodríguez Aguado