Doce niños y niñas palestinos participan en el ‘Campo de Trabajo Inverso’ de Rivas

Doce niños y niñas palestinos en Rivas

Esta escuela de circo se realizará hasta el 11 de julio.

Doce niños y niñas palestinas disfrutan estos días en Rivas del Campo de Trabajo Inverso, una versión diferente del campo de trabajo por el que cada año una quincena de jóvenes ripenses viajan hasta el campo de refugiados de Aida, en Belén, para llevar el compromiso de Rivas con su causa y sacar una sonrisa a la infancia palestina a través de la escuela de circo de Pallasos en Rebeldía.

Esta nueva versión del campo de trabajo, que en 2024 cumple su décima edición, es importante porque permite continuar con el trabajo de los años anteriores, tal y como ha explicado esta mañana en rueda de prensa el presidente de Pallasos en Rebeldía, Abraham Pavón.

Dos chicos de 15 y 17 años llegaron a Rivas el pasado 2 de junio para participar en la escuela de circo. El resto llegaron el pasado día 22. Todo el grupo regresará a Palestina el próximo 11 de julio. Se están alojando en la casa de Fundar, en el Casco Antiguo, y en el Albergue Juvenil del Parque de Asturias.

Agenda diversa

Durante su estancia en Rivas no solo mejoran sus habilidades circenses sino que, por las tardes, participan en varias actividades organizadas por los chicos y chicas que en años anteriores han participado del campo de trabajo en la propia Palestina. Entre otras, una liguilla de fútbol sala, una actividad de escalada, el visionado de una película, un encuentro de escuelas nacionales de circo o la propia Semana de la Juventud, que en este año llevaba por lema Juventud por Palestina.

«Lo habitual es ir a conocer la realidad de Palestina y ser embajadores de esta ciudad, una ciudad que nunca se olvida de Palestina», ha explicado la alcaldesa, Aída Castillejo, remarcando que «la causa palestina es la causa de los derechos humanos». La regidora ripense ha destacado el compromiso de Pallasos en Rebeldía, que «llevan sonrisas donde más lo necesitan» y ha agradecido la labor de tanta gente de Rivas que se ha volcado en la atención a estos niños y niñas. «Cuando vienen mal dadas, hay ciudades que redoblamos los esfuerzos», ha asegurado Castillejo.

Un espacio para ser libres

En la rueda de prensa ha estado también presente Mohamed Alazza, director de Lajee Center, la entidad que trabaja en el proyecto desde el lado palestino y que ha logrado traer a España a esta docena de niños y niñas, algunos de los cuales también han estado presentes esta mañana.

Alazza lleva desde que tenía diez años en la entidad, de la que ahora es el director, y que tiene programas para la infancia y para el resto de la población de los campos de refugiados, ya sean mujeres o personas mayores, y también ligados a la salud. «El centro empezó en un garaje y hoy el abanico es muy grande», ha explicado durante su intervención, señalando que la escuela de circo es importante porque «es la única de la ciudad de Belén y la primera que se pone en marcha en un campo de refugiados». También lo es porque es la población adolescente el principal objetivo de los ejércitos de ocupación. De las 5.000 personas que viven en este campo, la mitad son niños y niñas. «La escuela de circo es un espacio donde sentirse libres, porque no tienen sitios donde jugar en la calle», ha señalado.

A la infancia palestina que permanece en Rivas durante estos días le ha costado decidirse a viajar, «porque saben que están matando a la gente en Gaza y en Cisjordania», ha explicado Alazza. De hecho, desde que se inició la ofensiva israelí sobre la franja, han sido asesinados 16.000 niños y niñas.

Niños como Amir, que hoy se ha mostrado «realmente feliz aquí», tras haber sido amenazado antes de viajar por los ejércitos de ocupación. O como Ahmad, de 15 años, que vio como un francotirador asesinó a su hermano de 17 cuando subió a la azotea de su casa. «El circo es una forma de resistencia, nos hace sentir más fuertes en la lucha por  nuestra causa», ha apuntado Rawand, una de las niñas que en estos días disfruta de la hospitalidad ripense. Para Yazan, «la decisión de entrar en la escuela hace cinco años ha sido la más importante, porque me ha permitido venir aquí».

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