Artículo de opinión de Nino Olmeda. periodista y represaliado político por el franquismo.
Víctor, el director de Zarabanda, me propuso escribir algo sobre los mercadillos. Mi memoria me trasladó a mis visitas obligadas al ‘mercadillo’ de la Brigada Político Social (BPS) que durante la dictadura de Franco estuvo instalado en la Puerta del Sol, en los edificios que son hoy la sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid.
Referirse a la BPS como «mercadillo de la tortura» es una metáfora o figura retórica muy potente para describir o evocar la actividad de estos matones a sueldo de Franco. Es una imagen muy gráfica que sugiere comercialización o rutina. La idea de un «mercadillo» implica que la represión y el sufrimiento eran actividades habituales. En ese lugar se intercambiaba información obtenida mediante coacción y se realizaban actos de violencia de manera organizada.
Cuando se cumplió el 20 de noviembre el 50 aniversario de la muerte del dictador y una vez que el BOE hiciera oficial la declaración de la sede de la Comunidad de Madrid como lugar de Memoria Democrática, la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, se ha permitido frivolizar con este asunto diciendo que nada de placas en la sede de Sol en recuerdo de las decenas de miles que fuimos humillados, golpeados y torturados. Propuso una placa en el Palacio de la Moncloa diciendo que “aquí escondían al hermano de Sánchez’.
Franco murió y se abrieron puertas por donde llegaba paso a paso la democracia, que ha posibilitado que Ayuso sea mandataria autonómica.
Yo mismo, en abril de 2024 envié una carta a Ayuso, pidiendo la colocación de una placa en la sede del Gobierno presidido por ella en recuerdo y memoria de las decenas de miles de personas que pasamos por “el palacio del terror franquista” durante la larga dictadura.
Mi carta a Ayuso fue contestada un mes después por Miguel Ángel Rodríguez. Me dijo que de placa en memoria de los detenidos y torturados durante la dictadura, nada de nada.
Nadie puede negar que la sede de la BPS de Sol fue el centro neurálgico de la represión durante la dictadura, que fue un periodo de falta de libertades y sí de libertinaje, y dulcificar ese periodo es algo que duele a los que sufrimos las garras de los represores.
Yo cuando oí las burlas de Ayuso sobre la necesidad de colocar esa placa en la sede de la Comunidad de Madrid me sentí humillado y sentí vergüenza y falta de respeto a los que luchamos por la llegada de la democracia. Me pareció una insensatez de Ayuso, una desfachatez y un descaro.









