Los señores (as) que diseñan la economía mundial, parece como que estuvieran dando ‘palos de ciego’ o jugando con la población del planeta como ‘conejillos de indias’… Durante las últimas décadas del siglo XX se produjo un ‘boom’ de desplazamiento de grandes empresas hacia lugares de Asia principalmente, se llamó ‘la deslocalización’. Eso motivó una de las primeras crisis en las economías nacionales, así como miles y miles de nuevos desempleados. Supuestamente y gracias a una mayor explotación de los nuevos trabajadores asiáticos, los precios de producción habrían de ser más baratos, pero donde se tendrían que comercializar los productos manufacturados, era principalmente en los países donde se habían generado grandes masas de desempleados y una reducción considerable del poder adquisitivo, por tanto ¿quiénes comprarían esos artículos? Pero, además, en el momento actual que vivimos, constatamos la enorme dependencia que se ha producido en occidente con respecto a los países donde se fabrica casi todo, China principalmente: materias primas, prendas de textil, calzado, papel, tecnología de precisión, piezas y componentes para grandes máquinas, ordenadores y equipos electrónicos…, hasta los utensilios simples y cotidianos de nuestra vida. Estamos completamente en sus manos…

Pero en la estrategia China hay dos elementos primordiales más: uno, la exportación de millones de trabajadores a otros países, con recursos de capital suficientes para montar sus propias empresas. El otro se trata de las compras mil millonarias de la deuda pública de casi todos los países del mundo (la deuda pública de EEUU en manos de China está cercana a los 1.000 millones de dólares. Otros 1.000 millones de euros es la deuda española que ha comprado China).

Los habitantes actuales de China son 1.500 millones (residentes en el país). La población de EEUU son 332 millones. Sobre una población mundial de 8.000 millones.

Como ya era previsible desde hace mucho tiempo, hoy la hegemonía mundial se disputa entre EEUU y China. Uno y otro, intentan consolidar, en el planeta y fuera de él, su presencia, influencia y lealtades, ocupando espacios y tejiendo redes de países ‘amigos o algo más’.

Aunque la figura de los presidentes de los distintos países represente a éstos, y pareciera que detentan el poder absoluto (o eso nos hacen creer), detrás de ellos hay potentes gabinetes de estudio, de estrategia…, sometidos a su vez a enormes presiones de los distintos grupos económicos, que son quienes detentan el verdadero poder.

Ya el presidente Trump de EEUU, durante su mandato, amenazó a Europa con retirarse de la OTAN si cada uno de los países que la componían, no invertía hasta el 2% de su PIB en armamento para nutrir a este ejército (eso sí, el suministro del armamento requerido, el más sofisticado, son los americanos quienes lo aportan y lo cobran).

En tanto, se desata la guerra de Ucrania. Putin invade este país, reclamando algunas partes del territorio como propio, además de un nuevo tratado geopolítico, ya que el anterior pactado con Gorbachov ha quedado obsoleto. Pero la OTAN, aún sabiendo lo que podía pasar, ‘hace oídos sordos’ a las pesquisas de los rusos.

Evidentemente quien manda en la OTAN es EEUU, que la considera ‘la extensión atlántica de su propio ejército’. La guerra en Ucrania solo acabará mediante un acuerdo, y no entre las partes (o al menos no solo), y será el mismo acuerdo al que se podía haber llegado cuando empezó. Pero evidentemente, hay demasiados intereses en juego para que la guerra no se acabe: esta guerra ha obligado a posicionarse a la UE; quería colapsar la economía rusa y lo que ha conseguido es colapsar la economía mundial; ha pretendido obligar al gobierno Chino a posicionarse junto a occidente y no ha ocurrido; en cambio ha conseguido que el principal suministrador de petróleo, gas, cereales, materias primas, etc., para Europa sea EEUU (que ya no lo era), así como del armamento que se está utilizando, fabricado en EEUU y que después cobrará… Y en el mejor de los casos, cuando el conflicto llegue a su fin, queda el inmenso negocio de ‘la reconstrucción’, bocado exquisito para las multinacionales que acudirán como buitres a la carroña… Si a todo esto añadimos que EEUU ya controla los yacimientos de gas y petróleo de Irak y Libia y tiene un acuerdo preferente con Kuwait y los Emiratos Árabes, el 60% de la energía fósil del mundo está en sus manos.

La siguiente jugada ha sido, la reconfiguración del tablero geopolítico en el Magreb: el Secretario de Estado y jefe de la diplomacia estadounidense, Anthony Blinken, convence a Argelia de la continuidad en los suministros de gas hacia Europa (Argelia un aliado de los rusos). Esto, después de hacerse un periplo por Alemania, Francia, España y Marruecos, comunicándoles la jugada: ‘España (potencia administradora del territorio) ha reconocido como bueno el plan de Marruecos para con el Sahara Occidental’, ‘Israel acaba de firmar un acuerdo de apoyo mutuo con Marruecos’ y ‘Argelia sale ganando porque se forrará asegurándose gran parte del suministro de gas a Europa’. Y en caso de que estos (Argelia) estuvieran tentados a acudir en apoyo de los saharauis (Frente Polisario), tendría no solo que enfrentarse a Marruecos, sino a uno de los ejércitos mejor preparados del mundo, el israelí, poseedor de armamento nuclear y detrás de Israel están los Estados Unidos.

Pero China no se plegó a los intereses de EEUU, justo lo contrario, reafirmó su acuerdo de apoyo mutuo con Rusia. Además de tener prácticamente bloqueados los suministros varios a los países de la UE. Y casualmente, en estos días, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU., visita la isla de Taiwán (territorio considerado por el propio EEUU y por el resto de países, como chino), en un acto considerado por China como clara provocación.

Está claro que la disputa es por la hegemonía del mundo entre EEUU y China, y la pregunta que queda en el aire es ¿todo lo que está pasando forma parte de la misma estrategia?

¿Merecemos una crisis económica y ecológica mundial que nos puede llevar a la destrucción total?

¿Qué papel le queda a la UE? Hasta ahora, la Unión Europea lo único que ha hecho es ‘seguidismo’ y someterse a los intereses geopolíticos y económicos de los Estados Unidos de América, y casi siempre en contra de los suyos propios. La crisis energética, de suministro de bienes y materias primas, la crisis monetaria, etc., no son EEUU quienes la padecen, exactamente somos nosotros, los europeos quienes empezamos a pasarlo mal y será mucho peor. Los dirigentes europeos lo saben y conocen la solución, pero se cruzan demasiados intereses, acuerdos entre Estados (al margen de la UE), presiones de las multinacionales, etc., para que, impávidos todas y todos, asistan al deterioro progresivo, la crisis humanitaria dentro y fuera de Europa y la que puede sea ‘la batalla final’… Josep Borrell  representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, decía no hace mucho tiempo que “el problema no se solucionará mientras Europa no asuma su papel en el mundo y deje de ser campo de batalla para las guerras de otros”.

Esta es la solución, al menos de muchos de los problemas de Europa, cuando la agrupación de Estados del ‘viejo continente’ asuma su verdadero papel en la política internacional, actúe como una verdadera unión, ‘la Unión Europea’, e imponga sus propios criterios, deje de ser el ‘aliado fiel de EEUU’ sin posicionamiento propio y siempre a las órdenes del presidente americano de turno. Y el papel reservado a la UE no puede ser otro que de ‘mediadores’ en todas las crisis, en todos los conflictos, en todas las guerras… Si algo les sobra a los europeos es experiencia acumulada. Ya pasaron los tiempos de las atrocidades cometidas por los países europeos en tierras de otros continentes, pero de todo y todos hemos aprendido, de algo tienen que servir las experiencias vividas (para bien y para mal), ahora no deberíamos cometer ni los mismos, ni otros errores nuevos. Aún estamos a tiempo de reconocernos el derecho a la digna subsistencia, aún estamos a tiempo de salvar el planeta y la especie humana.

JuanM del Castillo