A la nefasta y “oleada” gestión de la pandemia de Covid19 que se viene haciendo en España desde ya antes de aquel mes de marzo del que ahora se cumple un año, y con esas “cifras champions europeos” de personas muertas, se suma ahora, de forma tan agraviante como vergonzosa, la “estrategia vacunatoria interna” (y no me refiero a la de infantas, otras realezas o irrealezas, otros vips, y por supuesto los muchos no vips que no conocemos, ya vacunados), me refiero a algo que conozco muy bien, que me toca muy de cerca:

A toda una serie de personas con patologías, como las respiratorias, las insuficiencias renales, las de inmunodeficiencia… o todas a la vez; es decir “pluripatologías”, de las que ya se sabe que de aterrizar” en una UCI con ellas cuentan con una persona más para incrementar la “honorífica” cifra de muertos de España, y que, sin embargo, por su “juventud” (es decir, porque no llegan a los 60 años, aunque tengan 58 0 59), han dejado en un “limbo mortal”, completamente encerrados literalmente en sus casas, como llevan desde hace un año, sin poderse revisar sus patologías por no poder asistir de forma presencial a los hospitales, precisamente por su altísima vulnerabilidad y posibilidad de contagio.

Y mientras (y deseo aclarar que a mí lo que me gustaría es que en lo que queda de mes de marzo vacunasen a toda España, e incluso me atrevería a decir, a que ello fuese obligatorio, pues, de lo contrario –véase Israel- va a pasar muchísimo más de lo que la mayoría se imagina sin que pueda evitarse una admisible transmisibilidad que hiciera la vida vivible), estamos viendo cómo se vacunan a unos grupos poblacionales, más allá de los lógicos sanitarios y fuerzas de orden público, de unas edades tan tempranas como resistentes, y de una “salud de hierro” que, con muchísimas probabilidades, si se contagiaran pertenecerían –se ha estado viendo manifiestamente- a ese 85 % de personas que, afortunadamente, lo pasan como un catarro.

Ante la insensatez, la desfachatez, el atentado contra la salud y la libertad de los crónicos desfavorecidos y olvidados en el proceloso y confuso mundo de “los grupos vacunables” (y reitero: no me refiero al de infantas, otras realezas o irrealezas, otros vips, y por supuesto los muchos no vips que no conocemos, ya vacunados), algunas plataformas de pacientes y enfermos crónicos han decidido hacer un poco de “ruido”, y algunos medios de comunicación, han tenido “la gentileza” de incluirlos, brevemente, en sus espacios.

Gracias a ello, la señora Darias y todo el “conglomerado semanal repartidor”, han decidido incluir tras el grupo de 80 años (que sabe Dios cuándo terminarán de vacunar, si es que han empezado en todos los lugares), a quienes indefectiblemente tengan que asistir con asiduidad a dializarse por su enfermedad renal, o a recibir quimioterapias por sus cánceres. Y punto.

Para los enfermos renales, o los que padezcan cánceres sin  quimioterapia, de momento les ha parecido más “prudente” y de más “sentido común”, seguir dejándolos encerrados en casa con su “exultante Juventud”, a la espera de que tengan que dializarlos o quimioterapizarlos, y entonces ya,  si viven, les ponen la vacuna.

Eso sí, todos aquellos jóvenes sanos y vacunados (más las infantas, otras realezas o irrealezas, otros vips, y por supuesto los muchos no vips que no conocemos, ya vacunados), estarán dispuestos (con “carnet de vacunación” o sin él) para cuando la ministra Maroto y adláteres den “el pistoletazo” de salida de ¡ale todos a veranear! A llenar los Paradores y los hoteles y las playas, y los chiringuitos…. Y después, como cantaba la desparecida Rocío Jurado. “…tu amor se fue COMO UNA OLA”. Y los crónicos que sobrevivan seguirán encerrados en casa en el mejor de los casos, a ver si sobra alguna dosis.

¡Cómo les veo el plumero a esta gente! ¿Y para esto luchaba yo por un Gobierno de progreso, de izquierda, humanista?

En fin, vamos a ver si los políticos se replantean esta desvergonzada actitud con los enfermos crónicos de patologías que se han demostrado tan mortales en relación con la Covid19, o al menos, plataformas, familiares y amigos que sí pueden salir a la calle, con las debidas medidas de seguridad y prudencia, jóvenes y no tanto, quieren salir la calle a luchar por nosotros.