Ante la polémica suscitada sobre la necesidad de reducir el consumo de carne, como avala la ciencia, es totalmente irresponsable que un presidente del Gobierno —que se jacta de combatir la emergencia climática— conteste que “un chuletón al punto es imbatible”.

Celebramos el paso adelante que ha dado el Ministerio de Consumo, pero es necesario pasar de las palabras a la acción. Desde Greenpeace llevamos ya varios años alertando de los problemas de la producción industrial de carne y otros derivados animales y de su consumo excesivo, en particular en España, ya que encabezamos el consumo en Europa: cada persona en España consume unos 275 gramos de carne al día, cuando las recomendaciones científicas para una dieta sana y sostenible indican un máximo de unos 300 gramos a la semana.

Estos son los 6 grandes problemas derivados de un excesivo consumo de carne:

1. Contribuye al cambio climático

A nivel global, la ganadería es responsable de la emisión del 14,5% de los gases de efecto invernadero, tanto como todos los coches, camiones, trenes, barcos y aviones juntos. No podemos frenar el calentamiento global si no cambiamos el modo de producir y consumir carne y otros derivados animales.

2. Daña nuestra salud

La OMS ha clasificado a la carne procesada como “carcinógena para los humanos” y la carne roja como “probablemente carcinógena para los humanos”. Además, el consumo excesivo de carne, en combinación con otros factores como la falta de ejercicio físico, contribuye a deteriorar nuestra salud, generando sobrepeso, obesidad y enfermedades cardiovasculares.

Por otra parte, el uso masivo de antibióticos en la ganadería industrial contribuye significativamente al desarrollo de resistencias a estos medicamentos. Según la OMS, la resistencia a antibióticos podría provocar más muertes que el cáncer en 2050. España es el país de Europa que más los utiliza en este sector.

3. Monopoliza la tierra cultivable

Cerca del 75% de la superficie agrícola está destinada a la ganadería, tanto en forma de pastos como para producir piensos. Si no paramos la expansión de la ganadería industrial, no conseguiremos salvar los bosques y frenar la pérdida de biodiversidad. Estamos transformando la Amazonia en filetes baratos: el 80% de la deforestación se atribuye a la actividad ganadera.

4. Merma la biodiversidad

Alrededor del 80% de todas las especies de mamíferos terrestres y de aves amenazadas se encuentran en peligro por la pérdida de hábitat como resultado de la actividad agrícola. Además, los monocultivos para la producción de piensos son altamente demandantes de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, una amenaza directa para muchas especies, como las abejas y otros polinizadores.

5. Envenena el agua

Purines, antibióticos, fertilizantes y plaguicidas contaminan los acuíferos llegando a provocar “zonas muertas” en los océanos. Además, la ganadería demanda altas cantidades de agua. Por ejemplo, para producir 1 kg de filete de ternera son necesarios 15.000 litros de agua, mientras que para producir 1 kg de trigo hacen falta 1.300 litros o 131 para 1 kg de zanahorias.

6. Olvida el bienestar animal

Todo el modelo de ganadería industrial se basa en un principio básico: alimentar y sacrificar a los animales lo más rápidamente posible y bajo cualquier condición para maximizar los beneficios. Esto generalmente significa mantener vacas, cerdos y pollos en explotaciones con una elevada densidad de animales, no respetando su bienestar y creando una bomba de relojería para la aparición de enfermedades. Apoyar la ganadería extensiva y ecológica es apoyar un modelo donde los animales viven dignamente y contribuyen al equilibrio ecológico.

Resulta algo paradójico que se pida a la gente reducir su consumo de carne mientras se conceden licencias para nuevas macrogranjas todos los días, ¡al ritmo de 1,5 al día! Más de 160.000 personas ya se han sumado a la petición para decir NO a este modelo que pone en riesgo al planeta, a las personas y a los animales, ¡únete! >>

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