España no tiene yacimientos de gas. La tecnología para producir gas a partir de otros productos como la basura doméstica, los purines de las granjas, las algas marinas, etc., ya existe, solo hay que aplicarla y, en todo caso, desarrollarla aún más para no tener que depender de terceros.

Hoy por hoy, España no es productor de gas, no dispone de yacimientos y las tecnologías anteriormente mencionadas (u otras), no se ha procurado ni desarrollarlas ni implantarlas.

El gas que se consume en España procede, principalmente de Argelia (100.631,5 GWh), de EEUU (57.116,8 GWh) y de Rusia (38.080,6 GWh), además de otras cantidades mucho más pequeñas que vienen de otros países.

En esto se desata el conflicto de Ucrania, de no fácil solución. Como primera premisa, es rotundamente condenable la invasión de un país por otro. Y mucho más condenable aún, que sociedades civilizadas sean incapaces de resolver cualquier tipo de conflicto mediante el diálogo y la negociación, y tengan que recurrir a matarse unos a otros.

Las reclamaciones planteadas por Putin son hoy más complicadas que en años anteriores: reconocer un estatus político a las repúblicas de Donetsk y Lugansk (algo que incumplió Kiev al saltarse los acuerdos de Minsk), que recuperarían sus fronteras de antes de 2014. Igualmente, Ucrania tendría que reconocer la soberanía de Rusia sobre Crimea. La OTAN cerrar las puertas a Ucrania, y estos rechazar su entrada en la OTAN. Estados Unidos ha venido presionando a la Unión Europea para integrar a los países que deberían haberse mantenido neutrales (según los acuerdos con Gorbachov). Juntos, UE, OTAN y EEUU, han reventado todos los acuerdos de final de la ‘guerra fría’: ‘ni la UE, ni la OTAN se expandirán hacia el este, manteniéndose como neutrales los países de la antigua Unión Soviética’. Europa ha ido integrando a gran parte de esos países (Polonia, Hungría, Chequia, Rumanía, etc.). Y por último, invitando a Ucrania a su incorporación a la Unión (finales 2021).

Rusia ha venido reclamando a la UE y a la OTAN un nuevo acuerdo de ‘Arquitectura de seguridad en Europa’ el pasado diciembre (palabras del General de la OTAN José Enrique de Ayala), pero estos no han escuchado. Ante esto, los rusos han supuesto los misiles de la OTAN en sus mismas fronteras. ¿Pero es que la OTAN no suponía que los rusos harían lo mismo respecto a Europa? EEUU hace igual que en la II Guerra Mundial, ‘que la contienda se resuelva fuera de su territorio’. Pero en esta ocasión es aún peor ‘caza dos pájaros de un tiro’: destruye la economía rusa y acaba con la estabilidad de la Unión Europea (que lleva ansiando desde hace tiempo).

Es la ONU y no la OTAN quien tiene que hacerse cargo de estos desatinos sangrientos. Hay que aplicar los tribunales penales internacionales a las empresas de armas y energéticas que están detrás de las guerras. Hasta 2019, el hijo de Joe Biden fue director de Burisma Holding, la mayor empresa privada de petróleo y gas de Ucrania. Detrás de toda guerra hay un negocio.

El gas procedente de EEUU es un 40% más caro que el ruso (el 80% del gas que consume Europa procede de Rusia y la pretensión es cortar los oleoductos y que el suministro se atienda desde EEUU). Una gran mayoría de las armas de guerra vienen de fábricas americanas (y no son gratis). Se saca el rublo del mercado financiero, cualquier transacción deberá hacerse en dólares, incluso para los créditos internacionales los intereses serán mucho más altos. El euro se debilita por momentos, etc. El maíz, el trigo y muchos otros productos de los que consumen los europeos, tendrá que venir del otro lado del atlántico. En toda esta historia hay un país que no pierde nada y gana mucho. EEUU.

Se decretan numerosas sanciones a los rusos, pero quienes realmente las sufren son los exportadores de carne de vacuno, de porcino…, los agricultores españoles que venden tomates, naranjas, pimientos…, los hosteleros y toda la industria del turismo que pierde millones de visitantes de esos países. Toda la industria que tendrá que pagar la energía mucho más cara, y los hogares el recibo de la luz o el gas.

Está claro que los que más pierden en esta insensata guerra, después de Ucrania, somos el resto de Europa y los ciudadanos rusos. Por eso, decir no a la guerra hoy, es decir NO A LA OTAN. En palabras de Borrell, ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Europea: “Europa debe definir su identidad propia y dejar de ser el campo de juego de otras potencias”.

JuanM del Castillo