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Comunicado de COESPE por el 8M

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Las mujeres volvemos a ocupar las calles. Juntas y diversas, caracterizadas por vidas, experiencias, orígenes, identidades, orientaciones sexuales y edades diferentes. Reconociéndonos en las otras o sintiendo empatía con quienes tienen diferentes realidades. Cada una con una mochila imaginaria cargada de experiencias reales y anhelos futuros, con reivindicaciones necesarias para transformar un mundo que deseamos libre de violencias y opresiones.

Nosotras, las mujeres pensionistas, estamos unidas por nuestra situación económica, dependientes de unas pensiones que obtenemos por nuestra cotización durante toda nuestra vida laboral o bien de unas pensiones asistenciales por falta de tiempo de cotización o porque nunca hemos podido cotizar. Reconocemos que no todas vivimos igual pues las cuantías son diferentes, colocándonos a una gran mayoría en situación de pobreza y a otras mejor, pero nunca en una situación de privilegio.

Nos miramos con solidaridad, por lo que nos parece esencial la mejora de las vidas de quienes carecen de lo básico. Por eso sacamos de nuestras mochilas las palabras necesarias para construir una gran pancarta que reclame la eliminación de la brecha de género en salarios y pensiones, que suban las cuantías mínimas de todas las pensiones y que a las de viudedad se les dé el 100% y no el 52% actual, entre otras reivindicaciones.

Muchas tenemos vivencias de muchos hechos históricos, protagonistas de cambios tremendamente importantes a lo largo de nuestras vidas; hemos formado parte del movimiento feminista y del movimiento sindical desde hace décadas, curtidas por experiencias de lucha, de avances y, también de retrocesos, que en estos momentos pueden volver a darse. Por eso, ahora más que nunca, decimosbien alto quelos derechos se defienden y que no vamos a permitir que las opciones de derecha y ultraderecha nos las arrebaten con su políticas neomachistas y privatizadoras, menos aún que se juegue con nuestros derechos en las campañas electorales.

Las mujeres pensionistas nos movilizamos frente a las violencias que se ejercen sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. Frente a los asesinatos y los malos tratos exigiendo respuestas institucionales; contra la doble victimización cuando somos violentadas y se nos somete a procesos judiciales que nos cuestionan.

Por la educación afectivo sexual que permita los cambios culturales y sociales.

Contra las condiciones laborales que nos sitúan en desigualdad y precariedad; por cambios estructurales que eliminen la división sexual del trabajo, que nos condena a las tareas de cuidados desvalorizándolos hasta tal punto que llegamos a realizarlos gratuitamente y, en caso que se realicen como un servicio, son pagados muy precariamente en condiciones laborales inadecuadas, muchas veces avaladas por la legislación laboral vigente. Esta situación es la causa de que millones de mujeres se vean abocadas a tener pensiones por debajo del umbral de la pobreza.

Exigiendo que podamos ejercer nuestros derechos sin continuos obstáculos, con legislaciones que o bien son restrictivas o bien no se implementan con los recursos necesarios, como es el caso de la violencia de género o los derechos sexuales y reproductivos, donde poder abortar se convierte en un tortuoso recorrido o, incluso no se puede realizar en nuestras autonomías, donde no se instauran centros de información juveniles, entre otras cuestiones. Porque si no se hace estaremos en otra forma de machismo y violencia ejercida por las instituciones.

Queremos que se reconozcan los derechos a todas, que sean derechos para todas. Muchas son las reivindicaciones que se oirán en las calles este 8M. Nos da rabia no poder hablar de todas ellas porque lo que no se visibiliza no se tiene en cuenta, pero sí queremos dedicar unas líneas para denunciar la violencia machista que se está ejerciendo a través de las nuevas tecnologías, convirtiéndolas en un nuevo sistema de transmisión y, por tanto, al servicio del patriarcado, del neomachismo, donde la sociedad en la que vivimos lo ve como normal y sin respuesta institucional. A lo que le unimos la denuncia por el aumento de la brecha digital que deja a muchas personas en los márgenes.

El patriarcado y el capitalismo van unidos y se conforman en una alianza criminal contra las mujeres. El sistema productivo y económico utiliza el sistema patriarcal para sacar tajada. Se intenta privatizar todo lo público haciendo que la nuestra situación empeore aún más. Las mujeres y la pobreza van unidas, sin que se responda adecuadamente desde la administración con medidas políticas de reparto de la riqueza.

La organización de todas es fundamental para contrarrestar esta situación. La participación de mujeres y hombres que sean capaces de hacer los cambios necesarios es tarea de todos los días, de cambios individuales pero fundamentalmente de cambios colectivos. En ese compromiso caminamos quienes integramos COESPE.

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