Si recorremos la historia de nuestro planeta, de nuestros pueblos, debemos convenir que el mejor y más avanzado sistema de convivencia entre personas y países, es el democrático.

¡Ojo! La Democracia precisa respeto a las decisiones de la mayoría de la ciudadanía, pero también respeto entre las personas. Quienes adoran el autoritarismo y desean acabar con la democracia, es decir, volver siglos atrás en la civilización, sólo tienen que generar odio en la sociedad y faltar el respeto a las personas. Lo estamos viendo en todos los países, empezando por los trumpistas norteamericanos. También lo vemos en el Congreso de Diputados y en la Asamblea de la Comunidad de Madrid.

Todos pensábamos que en España, después de haber pasado una calamitosa dictadura franquista de cuarenta años, todo el mundo estaría vacunado y defendería la democracia, pero no ha sido así. Hay demasiadas personas que pisotean la democracia todos los días con discursos de odio y faltas de respeto a las personas. Ya no sólo se sube a este carro la ultraderecha, que ya lo esperábamos, también lo hace la derecha del Partido Popular.

Algo se ha roto en la derecha democrática española, quizás desde que Unidas Podemos entró a formar parte del Gobierno de coalición. En sólo tres años de gobierno de coalición se han aprobado importantísimas leyes que mejoran la vida de la gente. Eso duele especialmente a la derecha, y ha decidido enseñarnos su verdadera cara.

¿Cómo es posible que dirigentes del Partido Popular reivindiquen a estas alturas a generales genocidas golpistas como Milllán Astray?

Después de los años que hemos vivido en democracia, para muchas personas toda una vida, el Partido Popular sigue tratando a los bandos de la guerra de España al mismo nivel. Es decir, sin distinguir víctimas y verdugos.

La mal llamada Guerra Civil española, que no fue civil ya que no fue guerra entre hermanos como han repetido los libros de historia, fue un levantamiento militar contra un sistema democrático elegido por la ciudadanía española: la República. Es más, los generales golpistas, no sólo llamaron a filas, forzosamente,  a personas residentes de las zonas donde se levantaron, sino que tuvieron el apoyo de ejércitos extranjeros, como los de marruecos, o los fascistas alemanes e italianos.

En todas las guerras se producen barbaridades en los dos bandos, pero los generales golpistas además, alentaban a ello, llamando a violar a las mujeres republicanas y a limpiar “España” de rojos.

Vencieron al pueblo español y a su legítimo gobierno, con la ayuda de los aviones nazis, aun así,  siguieron asesinando durante cuarenta años más.

Algunas personas, que vivimos la aprobación de la Constitución democrática española del 1978, donde la ciudadanía española pactó su convivencia, ya recelábamos: No sólo porque se aceptaba un régimen monárquico que nada tiene que ver con la democracia, sino que además, en el juego democrático, tendríamos que lidiar con un partido fundado por ministros franquistas, Alianza Popular, cuya mitad de diputados no votaron a favor de la Constitución. Ese pequeño partido, Alianza Popular, se transformó luego en Partido Popular, llegando a gobernar con mayoría absoluta durante varias legislaturas, y sigue gobernando muchas comunidades autónomas, como la de Madrid. De aquellos barros, estos lodos.

La sociedad española, los medios de comunicación, los partidos políticos democráticos, de un color y de otro, tienen que hacer un pacto urgente contra partidos y personas que están instalados en el discurso del odio y que no respetan ni a las personas ni a los partidos democráticos que gobiernan legítimamente porque así lo ha votado la ciudadanía.

Hace falta que las escuelas, los institutos, la televisión, los medios de comunicación,  las redes, promuevan valores democráticos y de respeto a las nuevas y viejas generaciones.

Hace falta aprobar leyes, que ya existen en Europa, que sancionen a personas o partidos que reivindiquen el autoritarismo y agredan verbalmente a personas o colectivos. Estas personas y partidos deberían quedar inhabilitados políticamente hasta que no se regeneren democráticamente.

Se puede ser muy duro en los debates, pero respetando al adversario.

No podemos consentir que ocupen escaños o concejalías personas incapaces de sancionar los periodos autoritarios de nuestra historia, o aquellas que sistemáticamente insultan a otras, especialmente a las ministras de Unidas Podemos.

Si no lo hacemos así, si la ciudadanía brinda con “cañitas” los discursos vomitivos de algunas personas dedicadas a la política, la democracia se nos va de las manos, como ya ha ocurrido en otros países.

Les dejo con unas palabras de Jane Addams (1860-1935) reformadora, filósofa y activista estadounidense, dedicada a trabajar en favor de la población inmigrante así como en distintas políticas educativas y sociales. Fue también la primera mujer en ganar el Premio Nobel de la Paz en 1931 y la primera filósofa pública del mismo país:

La civilización es un método para vivir, una actitud de respeto igualitario por todas las personas. 

La sociedad en la que vivimos basa su convivencia en el respeto mutuo y la tolerancia entre individuos”.

 

José Manuel Pachón López