Cuando se gobierna, una tiene que hacer frente a muchas decisiones que, en algunas ocasiones, generan ciertas dudas en algunas vecinas y vecinos. De igual modo, no obstante, desde los Gobiernos locales debemos ser también conscientes de los nuevos desafíos a los que nos enfrentamos. Eso hicimos, por ejemplo, cuando hace un año tomamos la decisión de paralizar el crecimiento de la ciudad para repensar Rivas, una determinación que contó con el apoyo mayoritario de la ciudadanía, pese a encontrarse con ciertas resistencias. 

Durante estos días, la decisión que está generando otras resistencias es la construcción de 21 kilómetros de carriles bici. Me gustaría aprovechar la oportunidad que me brinda este espacio para explicar de manera resumida por qué consideramos que es una determinación acertada.

Según un estudio de la prestigiosa revista The Lancet, la ciudad de Madrid, junto con Amberes, lidera una oscura clasificación respecto a muertes por inhalación de dióxido de nitrógeno. Tal y como revela dicha investigación, muchas ciudades vecinas de las grandes capitales europeas se ven también afectadas, dada la mayor probabilidad de que utilicemos el coche para desplazarnos a los principales núcleos urbanos.

Las ciudades, como principales responsables de la emisión de gases contaminantes, no deberíamos esperar a las normas estatales o europeas, que ya están llegando, para tomar decisiones. El tiempo apremia y no nos queda otra que hacer lo posible por llevar a cabo políticas saludables.

Es por ello que Rivas ha sido pionera en la puesta en marcha de Zonas de Bajas Emisiones Escolares o, ahora, en la construcción de nuevos carriles bici. Hasta ahora la ciudad contaba con lo que se conoce como ‘aceras bici’, unas vías pensadas hace años, cuando existía un modelo de movilidad muy distinto y las bicicletas estaban pensadas más como un ocio que como un medio de transporte más. Estos carriles, además, suponían una pérdida de espacio para las personas peatonas como para los propios ciclistas.

Hoy, a pesar de ciertas resistencias, no hay duda de que la bicicleta es un vehículo de transporte más y su lugar habitual debe ser la calzada. El modelo que estamos implantando responde a una apuesta firme y clara por la movilidad sostenible, un camino que, ante la situación global de cambio climático, no tiene vuelta atrás.

Las ciudades se han diseñado siempre pensando en el coche como principal protagonista. Poco a poco, eso debe cambiar, y por supuesto no será una tarea sencilla. No en vano, y pese a estos 21 kilómetros de carril bici, de los 200 kilómetros de carretera que tiene nuestra ciudad, la realidad es que en casi 180 el coche sigue siendo el actor principal.

Como Gobierno local no debemos caer en la trampa de, como dice la película, no mirar arriba.

Aída Castillejo