Desde que a finales de noviembre tuvo lugar la última campaña -se adivina orquestada como ya es frecuente y por manojos- donde se profirieron insultos, provocaciones, alusiones personales y macarradas más propias de tugurio lumpen que de foro institucional, los responsables se han tenido que poner manos a la obra e intervenir implementando en la norma algunas modificaciones para que un sector de sus señorías no agoten el catálogo de insultos y descalificaciones de género, tan regresivas que avergüenzan y tan bochornosas que, de puro indecente sonrojan al escuchante.  Mientras los dueños de tal indecencia repasan su propia anatomía escenificando autosatisfacción tras el exabrupto.

La cuestión sale del foro donde el debate se produce y trasciende a la calle, los medios y la opinión pública. Los posicionamientos en los que se reconoce gran parte de la población como indignada resultan que han tornado y resulta que son los verdugos quienes han encontrado el apoyo de sus propias victimas para arengarse a sí mismos… La perplejidad es tan grande que cualquier argumento destroza la más elemental lógica política y social.

Pero nada de esto hubiera pasado si desde los medios se hubiera dicho la verdad. Si la memoria hubiera prevalecido frente a una mal entendida libertad de expresión. Libertad de expresión siempre, pero memoria para poner en antecedentes y aviso acerca de quién es quién también. Los medios de comunicación y las corporaciones empresariales y financieras que andan detrás de los consejos de administración han permitido y querido que esto ocurra; han buscado el encuentro y puesto en bandeja a sus dirigentes frente a una población que ha visto y asimilado con cierto sabor edulcorado el lenguaje más zafio del fascismo. Los medios de comunicación han dedicado miles de horas a hablar de la ultraderecha, a posicionarla y significarla, ¡¡a situarla en el terreno de los advenedizos libertadores… venga ya!! Les han reído las barbaridades y como sujetos de esa broma macabra su barragana chulería ha funcionado a la manera de campechanía frente al rigor de los partidos que han tenido enfrente. Algo huele muy a podrido y, viendo las actuaciones de partidos como VOX y la de algunos dirigentes del partido popular, pareciera que han llegado a los puestos que ahora ocupan de forma democrática, con la única intención de jugar y forzar el recochineo con las mismas argucias que el chulo impune, hostil y torpe, cuando no nulo, en sus capacidades constructivas.

Los herederos directos e ideológicos de aquello que fue una verdad, que no fue otra que la de cuarenta años de dictadura franquista, sienten el aguijón de la memoria como un ataque directo a la línea de flotación. Siendo así, la falta de reconocimiento a la verdad les sitúa en un inmovilismo que parece esperar una especie de restauración fascista. Porque no hay que olvidar que aquí no hubo restablecimiento ni ejercicio alguno de desintoxicación fascista como sí lo hubo en Alemania tras la segunda guerra mundial. 

En el libro “Los Amnésicos” la autora Géraldine Schwarz profundiza en  la historia de su propia familia durante tres generaciones. Sus padres y abuelos simpatizantes y deudores del régimen nazi son cuestionado por la autora. El ejercicio de memoria histórica que hace es envidiable y nos costaría reconocerlo dentro de esta España, donde hay españoles de primera y segunda según se muestre uno más beligerante en la defensa, no de la convivencia, ni problemas presentes, sino de  aquello donde el vacío absoluto llena las alforjas de las propuestas dispuestas para que sus votantes puedan entenderlas. De libro, de libro fascista son las constantes que manejan para destruir un país, que necesitan de tal guisa para poder campar a sus anchas en el desconcierto… no en vano el propio Hitler en su ¿libro? Apuntó algo que algunos apuran a pies juntillas, que ni para darle una vuelta a aquello que dejó negro sobre blanco el criminal, han tenido tiempo, voluntad o ingenio…” La capacidad de absorción de las masas es muy limitada y la comprensión, reducida; pero, en contrapartida, su capacidad de olvidar es muy grande. Sobre la base de estos hechos, una propaganda eficaz debe limitarse a muy pocos puntos, a repetir a la manera de un eslogan hasta que todos estén convencidos de haber querido siempre esto y no otra cosa.”

Juan Antonio Tinte