Artículo de opinión de Aída Castillejo, alcaldesa de Rivas-Vaciamadrid
En el último mes no hay periódico que no abra con la misma noticia: las aulas madrileñas se han convertido en auténticos hornos donde estudiar o impartir clase es una heroicidad. CCOO ha registrado mediciones que superan los 30 grados desde primera hora en varios centros de la Comunidad de Madrid. Esto no es una ola de calor puntual. Es un problema estructural, que cada año llega antes a consecuencia del cambio climático, y al que el Gobierno regional responde con chanzas.
Un aula a 35 grados no es un espacio de aprendizaje: es un riesgo para la salud. Si eso le ocurriera a cualquier persona en su lugar de trabajo, nadie lo toleraría un solo día. Pero para el alumnado y el profesorado de la escuela pública madrileña, parece que sí. Y la respuesta del ejecutivo de Ayuso no solo es la inacción, es la burla.
Ante esta situación, los sucesivos gobiernos del Partido Popular en la Puerta del Sol llevan casi una década sugiriendo casi de todo. Y todo ocurrencias. Hemos escuchado que fabricar abanicos sirve de «terapia ocupacional» o recientemente que pasar calor es una «fuente de inspiración», o que «cuando hace calor, hace calor, porque no se puede tapar el sol con un dedo». Ante las quejas formales de las familias, la consejería de Educación envió una carta trasladando el problema a los propios centros, que «han de adaptar el plan de actuación a sus propias necesidades.» No es de ahora. En septiembre del año pasado, se recogieron 72.000 firmas para llevar una ley de climatización a la Asamblea de Madrid. PP y Vox la rechazaron. No porque negaran el problema, no se atrevieron a tanto, sino porque, según el PP, una ILP «no es el instrumento adecuado». 72.000 firmas de padres, madres y docentes, y la respuesta fue un tecnicismo. Dicho de otra manera: apañaos.
No se puede aprender con aulas a más de 30 grados. Y defender la educación pública también es defender sus instalaciones y las condiciones en las que estudian nuestros niños y niñas. En Rivas, junto a la comunidad educativa, llevamos años diciendo que esto no puede seguir así. Y hemos pasado de las palabras a los hechos: estamos invirtiendo 14,2 millones de euros en climatizar mediante aerotermia nuestras cinco escuelas infantiles y cuatro colegios públicos. Es la primera fase de un plan que culminará con la climatización de todos los colegios públicos de la ciudad. Porque el bienestar de la infancia no puede esperar, y porque el clima también se cuida desde las aulas. Es una actuación integral: aerotermia para tener frío en verano y calor en invierno, renovación del aire interior, sustitución de calderas de gas, renovación de luminarias y refuerzo fotovoltaico. No solo climatizamos colegios, los adaptamos a la realidad del presente y del futuro.
Lo hacemos sabiendo que esta competencia es de la Comunidad de Madrid. Lo sabemos, y aun así damos el paso. Porque cuando la administración competente no solo no hace nada sino que además pone trabas a quien sí quiere hacerlo, no queda otra que ejercer de escudo.
Gobernar es priorizar. El derecho al fresquito no es un capricho ni un lujo, es una condición básica de dignidad, de salud y de justicia. Nuestros colegios merecen soluciones, no abanicos de papel. Y mientras el Gobierno regional no hace nada, en Rivas no esperamos. Actuamos.




