Abejas en alerta: el insecto que sostiene la economía mundial y la biodiversidad

Primer plano de una abeja posada en una flor morada, recolectando néctar. Se ven las alas de la abeja, y el fondo verde y morado difuminado resalta tanto los detalles de la flor como el papel vital de las abejas en la biodiversidad.

El declive de los polinizadores consolida la apicultura omo estrategia de futuro.

La supervivencia de las abejas depende hoy de saberes que, en muchos casos, solo se conservan en una tienda de apicultura. Detrás de cada colmena hay una red de conocimientos técnicos, prácticas sostenibles y decisiones agrícolas que resultan decisivas para un equilibrio ecológico del que depende buena parte de la economía mundial. El declive de los polinizadores, advertido desde hace años por la comunidad científica, ya no es una hipótesis lejana: es una amenaza directa para la biodiversidad y la seguridad alimentaria global.

Hace aproximadamente cien millones de años, la evolución de las abejas y otros polinizadores silvestres sentó las bases de ecosistemas complejos y autosuficientes. Hoy, ese legado biológico atraviesa un periodo crítico. Diversos estudios alertan de que cerca del 60% de los servicios ecosistémicos —aquellos beneficios que la naturaleza aporta a la humanidad— se encuentran en serio declive como consecuencia de la actividad humana.

Un pequeño insecto, un impacto millonario

La relevancia de las abejas trasciende la producción de miel. Son responsables de la polinización del 80% de las plantas con flores y desempeñan un papel determinante en la agricultura mundial. Más del 75% de los cultivos alimentarios dependen, en mayor o menor medida, de la polinización animal.

El impacto económico es considerable. Se estima que los recursos derivados de la biodiversidad sostienen alrededor del 40% de la economía global. Solo en Europa, la polinización por insectos aporta a la agricultura un valor aproximado de 22 billones de euros anuales.

En el ámbito regional, los datos refuerzan la dimensión del problema. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, la ausencia de abejas supondría pérdidas agrícolas de unos 114 millones de euros cada año. Algunos sectores, como el de los frutos secos, presentan una vulnerabilidad de hasta el 58,1% ante la falta de polinizadores.

Amenazas múltiples y persistentes

El declive de las abejas responde a un conjunto de factores. El cambio climático altera los ciclos de floración y disponibilidad de alimento; la pérdida de hábitats reduce los espacios de nidificación; y el uso intensivo de agroquímicos agrava la situación.

Investigaciones científicas han demostrado que determinados insecticidas neonicotinoides afectan al sistema nervioso de la abeja doméstica (Apis mellifera), dañando el cerebro de las crías y alterando la capacidad de orientación de las obreras, que a menudo no logran regresar a la colmena. A esta presión se suma el ácaro Varroa destructor, un parásito que debilita las colonias y se ha expandido a escala global.

La apicultura como herramienta de recuperación

Frente a este escenario, la apicultura sostenible emerge como una estrategia integral. Además de generar productos como miel, cera y polen, impulsa economías rurales y fomenta prácticas agrícolas compatibles con la conservación ambiental.

Especialistas como ApiTienda subrayan que esta actividad contribuye de forma directa al cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), al promover el crecimiento económico local, la igualdad de género y la protección de los ecosistemas terrestres.

Experiencias internacionales respaldan esta visión. En el sitio La Pitahaya, en Ecuador, la instalación de apiarios ha ayudado a frenar la deforestación. Los agricultores han constatado que la presencia de abejas mejora la calidad y cantidad de sus cosechas, generando incentivos para conservar el entorno.

Una transición urgente

El desafío pasa por avanzar hacia una agricultura respetuosa con los polinizadores: limitar el uso de fitosanitarios, diversificar cultivos y plantar especies melíferas autóctonas. Incluso en entornos urbanos, balcones y jardines se están transformando en refugios florales con mayor diversidad que algunos monocultivos intensivos.

Las abejas actúan como bioindicadores de la salud ambiental. Su creciente mortalidad es una señal de alarma. Protegerlas no es solo una cuestión ecológica, sino una decisión estratégica para garantizar la estabilidad económica y la supervivencia humana.

Primer plano de una abeja posada en una flor morada, recolectando néctar. Se ven las alas de la abeja, y el fondo verde y morado difuminado resalta tanto los detalles de la flor como el papel vital de las abejas en la biodiversidad.
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