Reportaje de la Revista Zarabanda de noviembre de 2025.
Desde hace décadas, cada sábado suena la misma melodía en la calle Electrodo. El veterano mercadillo de Rivas (el de Urbanizaciones) tiene su propia música: el sonido de los montajes de los puestos, las lonas levantándose, las cajas de productos chocando en el suelo… Es, en plena revolución tecnológica, de las pocas escenas que permanecen intactas.
Los mercadillos ripenses no tienen la longevidad del Jueves sevillano, el mercado en activo más antiguo de Europa, ni la épica del Rastro madrileño, retratado por plumas ilustres como Ramón Gómez de la Serna o Benito Pérez Galdós. Sin embargo, sí se conservan como guardianes del espacio común vecinal,recuperando, cada fin de semana, la esencia más humana del comercio.
Pero hay cosas que sí han cambiado. Hoy las clientas de toda la vida ya no vienen de la mano con sus hijos, sino con sus nietos. Se cobra cada vez más con datáfono y hoy hay tres mercados fijos en la ciudad: el de Urbanizaciones, el Central y el de la Plaza Europa, que forman el mapa de la venta ambulante de la ciudad. Frente al comercio electrónico, los grandes supermercados o las plataformas de entrega a domicilio, los vendedores ambulantes mantienen viva una economía basada en los productos frescos, los buenos precios y el contacto humano.
“Siempre todo es mejorable, pero la valoración que hacen los ciudadanos es positiva”, explica Carlos Martí, presidente de la Asociación para la Gestión y Modernización del Comercio Urbano y Mercadillos (GESCOMER). No es solo una impresión, sino los resultados de una encuesta que la asociación hizo a través de redes sociales: “Los ciudadanos consultados lo que más valoran es el precio, la calidad, la variedad”, explica sobre por qué la mayoría de los clientes vuelven semanalmente.
Sábados en el Recinto Multifuncional: el veterano de Rivas Urbanizaciones
El de Rivas Urbanizaciones, que se celebra los sábados de 9.00 a 14.00 en el recinto multifuncional, es el más antiguo. Empezó en 1986 en la plaza de las Ranas de Covibar, según confirman desde el Ayuntamiento. Hoy se monta semanalmente en el recinto multifuncional junto al auditorio Pilar Bardem. Con capacidad para 71 puestos, ofrece una gran variedad de productos: frutas y verduras, frutos secos y aceitunas, ropa, bolsos, bisutería o productos del hogar, entre otros. Pero su verdadero valor está en las personas que llevan décadas levantando sus lonas cada semana.
María Antonia, del puesto 6, es una de ellas. Acercándose a su mesa de productos, vecinos y vecinas pueden llevarse a casa un bolso a precio asequible, un cinturón que les dure años y, de regalo, una buena conversación: “Llevo desde los 19 años. Lo inauguramos nosotros. Hay muchos puestos que llevan aquí toda la vida”. Desde que Maria Antonia levantó el puesto por primera vez, la ciudad entera ha cambiado: “Creo que el mercadillo ha ido a menos. Hay menos vendedores y menos gente”, lamenta, echando en falta más puestos y más variados. A pesar de eso, tiene clientas fieles que acuden a su puesto periódicamente a charlar y llevarse algo bonito. El mercadillo ofrece algo que internet no ha podido aún replicar: el olor y el tacto de los productos, la confianza con el vendedor y una conversación cálida: “Tengo clientas de toda la vida, que ya son amigas. El mercadillo tiene el tú a tú, a veces parecemos psicólogas más que vendedoras”, bromea.
En los puestos vecinos, la sensación no es unánime. Felipe Romero, que lleva ocho años al frente de dos puestos (el 7 y el 9), tiene una visión muy distinta: “El mercadillo funciona muy bien. Hay mucha gente y el Ayuntamiento lo tiene bien organizado, sobre todo en limpieza y distribución”, dice. Vende legumbres, caramelos, encurtidos, frutos secos, aceitunas o pan artesano, entre otros productos. “Lo que mejor me funciona son las aceitunas, la bollería y el pan”, explica. A pesar de estar sometidos a la dictadura del clima, asegura que el invierno vende más: “La gente prefiere quedarse en casa y consume más alimentos”.
Las impresiones personales coinciden con las cifras de la encuesta que elaboró la Asociación de Gestión y Modernización del Comercio Urbano y Mercadillos (GESCOMER). Según sus datos, el 97% de los clientes encuestados compra en el mercado frutas y verduras, pero solo un 25% compra textil y calzado. “En el mercadillo hay muy buena oferta y valorada, pero hay actividades que no están funcionando”, asegura su presidente Carlos Martí. En tres décadas, el mercado ha cambiado por completo: las ventas de grandes plataformas como Amazon o Shein han puesto todo tipo de complementos a un clic y el número de supermercados en Rivas se ha multiplicado.
Sin embargo, Eusebia, del puesto 24 a 26, no teme a las grandes cadenas de supermercados: “No tenemos nada que ver ni en calidad ni en precio. Nosotros trabajamos al día, no con géneros que están una semana en la cámara. No tienes espacio para guardar ni para almacenar en el camión y cada día vas a un pueblo distinto con el género fresco”. Además, tiene en Rivas su clientela de toda la vida, con relaciones largas que se convierten (casi) en amistad.
Sin embargo, a pesar de ser una de las fruterías con solera del mercadillo (o quizá por eso), también ha notado menos afluencia de público, pero en este caso, su análisis es otro: “Antes se vendía más, pero una vez se abrió el mercadillo de los domingos también el público se repartió porque no hay tanto pueblo para dos mercadillos así”, opina.
Domingos en el Mercado Central
A finales de 2018, nació el Mercado Central de Rivas en la avenida de los Profesionales de la Sanidad Pública, cambiando el panorama para los vendedores. Hoy abre los domingos con 40 puestos de textil, alimentación o calzado, entre otros muchos. “Hay barrios que casi carecen de comercio sedentario. Es cierto que más mercadillos han fragmentado al cliente. Ahora hay gente que opta por quedarse en la zona centro porque el domingo tiene su mercadillo más cerca de casa”, afirma el presidente de GESCOMER.
Visitamos el mercado durante la mañana del domingo 26 de octubre, es decir, el día después del cambio de hora de otoño. Las palabras de algunos de los comerciantes dan buena cuenta de la dureza de la venta ambulante, siempre expuesta a lo que depare el día: “La mañana ha ido regular, con el cambio de hora, la clientela ha venido más desordenada, unas más tarde y otras más pronto”, resume la vendedora del puesto 103, donde se puede tomar algo antes o después de las compras. No es la tónica general de un mercadillo que asegura que “funciona muy bien”. Pero confirma lo que afirman todos los entrevistados. Nunca se sabe cómo será el día hasta que se mira al cielo: “Depende mucho del tiempo: si hace mal, la gente no sale a tomar nada después”.
Manuela, que lleva diez años vendiendo textil y complementos de mujer, tiene una visión más crítica del mercadillo: “No lo he visto evolucionar en diez años, y eso es malo”. Reconoce que en el mercadillo del sábado vende mejor: “Es más grande y lleva muchos más años. Este es un mercadillo sobre todo de alimentación. Aquí la gente es más joven, paga hipotecas y tiene menos dinero para gastar. En cambio, en la zona de Urbanizaciones, la gente tiene las casas pagadas y puede permitirse más”, opina. Quien se acerca a su puesto no solo puede llevarse un complemento que cambie su look, sino también el consejo de una vendedora veterana que lleva muchos años buscando el punto fuerte a cada clienta.
Plaza Europa: pocos puestos, mucha amabilidad
El tercer mercadillo de Rivas, el de la Plaza Europa nació en 2002 y es el más pequeño de los tres: apenas hay ahora tres puestos (en realidad dos), que ahora ocupan un negocio de fruta y verdura y otro de alimentación, en los que se puede comprar los domingos de 9.00 a 14.00
Es, sin embargo, un punto de encuentro habitual para los vecinos del entorno, que aprovechan para hacer la compra de la semana sin tener que coger el coche ni el autobús. El puesto de encurtidos lo regenta Francisco Chaparro, que a la vez que despacha unas aceitunas o unos dulces llama a las clientas por su nombre o le pregunta por sus nietos. Se sabe hasta el sabor favorito de los caramelos de alguna de ellas. “Son los mejores, llevan aquí toda la vida y no nos han abandonado”, comenta una mujer a la que despacha. Ese “toda la vida” se resume en 25 años: “Empezamos en el 2000 en Rivas, yendo los jueves a la parte del casco antiguo. Unos años después fue cuando comenzamos aquí los domingos. Entonces creo que había 28 puestos, pero cuando iniciaron el mercadillo del Miguel Ríos nos propusieron ir allí y algunos lo hicieron”.
El suyo es un negocio familiar. Lo comenzó su suegro hace 50 años y él le tomó el relevo. Ahora se prepara para hacer lo mismo con su hija, la tercera generación familiar de vendedores ambulantes. Pese a la dureza del oficio que les ha hecho trabajar “a menos 13 grados de frío y a más de 40 de calor”, Francisca asegura que el puesto les ha dado “cierta estabilidad” gracias a su buen servicio: “No hay nunca prácticamente ninguna reclamación, cuando la hay, la atiendes. Estamos pendientes de nuestro producto y la gente está contenta y sigue repitiendo”, explica. Muchas familias se acercan tras tomar el aperitivo del domingo en alguno de los bares cercanos o de camino al parque infantil para comprar unas aceitunas, unos bollos, unas chucherías o algunos de los muchos productos que componen su puesto. La venta empieza con una frase que deja claro el encanto del vendedor: “¿Qué tal, Paco?”.
El futuro de los mercadillos
Nadie duda de que los mercadillos, pese a la revolución del consumo que vivimos, van a permanecer. La pregunta es cómo. Según la encuesta de GESCOMER, la gran mayoría de los clientes (un 73% de los encuestados) son, en realidad, clientas, un evidente sesgo de género que se traslada también a la venta ambulante. Sin embargo, también hay un sesgo claro de edad. Según los datos que maneja la asociación, el grueso de los clientes tienen más de 40 años, un 31% de los encuestados tenía entre 41 a 50 años, un 26% de 51 a 60 años y 31% entre 61 y 79 años. Los jóvenes son prácticamente inexistentes, solo un 3%.
La conclusión para el presidente de GESCOMER es clara: “Hay que llegar a un público más joven”. Por eso, su asociación ha llevado a cabo actividades no solo para fortalecer y modernizar la labor de los vendedores sino también para acercar la venta ambulante a nuevos públicos, como la titulada ‘Descubre el comercio ambulante de la ciudad de Rivas’ para estudiantes. Además, Carlos Martí también apuesta por actualizar la imagen estética de los mercadillos con técnicas de marketing visual o por mejorar la presencia digital en web y redes, que hoy es fundamental.
“Hay que tener más intencionalidad a la hora de organizar el mercado. Por ejemplo, ¿tiene sentido un mercado gastronómico donde haya solo alimentación? Sí, tiene sentido porque es otro mercado con otro perfil”, explica. Martí tiene claro que, más allá de la alimentación, hay que hacer un esfuerzo para conectar con las últimas tendencias y en eso trabajan junto con los vendedores.
Cuando llegan las 14h., las cajas vuelven a los camiones y se oyen los motores alejándose, señal de que el mercadillo cierra una semana más. Pero deja una certeza: el siguiente fin de semana, haga frío o haga calor, los comerciantes volverán a levantar sus puestos para ofrecer sus mejores productos a los clientes.








