El Rastrillo Solidario de Covibar: una cita vecinal con alma “social, solidaria y ecologista”

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Artículo de la Revista Zarabanda de noviembre de 2025.

Si hay un barrio con identidad propia en Rivas es Covibar. No solo por el urbanismo o por su propia historia, también por las actividades que se piensan y se diseñan como lugares de intercambio y encuentro entre vecinos y vecinas para mantener viva esa comunidad. Uno de esos espacios es el Rastrillo solidario de Covibar, una de las “actividades más queridas”, en palabras de la propia cooperativa, que en este caso solo se encarga de lanzar la convocatoria para facilitar el encuentro entre la ciudadanía.

Los días de rastrillo, el Parque Lineal se llena de todo tipo de puestos de distintas clases, donde se venden o intercambian ropa, complementos, productos de decoración, libros y todo tipo de objetos usados que aún pueden tener una segunda vida. La primera característica es que solo pueden participar particulares y no empresas. Según cifras de la cooperativa, hay alrededor de 100 o 120 inscritos en cada convocatoria y cada uno de ellos hace una aportación de cinco euros, que posteriormente se donan a alguna asociación.

La historia de este rastrillo comenzó hace casi dos décadas, el 25 de junio de 2006, cuando se convocó por primera vez como una actividad «ecologista, social y solidaria» en el corazón del barrio. Desde entonces, la cita se ha ido consolidando. Tal y como recuerdan desde la cooperativa, las primeras seis ediciones no tuvieron una fecha fija, pero a partir de la séptima, en mayo de 2009, se estableció que el mercadillo se celebraría los últimos domingos de mayo y de septiembre, dando a los vecinos y vecinas un calendario estable.

Las cuatro primeras ediciones fueron rotando por diferentes plazas del barrio y contaron con la colaboración de las distintas mancomunidades y en mayo de 2008 el rastrillo se trasladó al Parque Lineal, coincidiendo con la participación de la concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Rivas, que colaboró durante varios años. Desde entonces, y salvo en una o dos ocasiones, esa ha sido su ubicación definitiva.

Bueno para el medioambiente y para el bolsillo

El funcionamiento del mercadillo, según la organización, genera mucho interés entre vecinos y vecinas. “Funciona muy bien. A lo largo de todo el año la gente nos llama por teléfono para preguntar cuándo se celebra el siguiente. Incluso viene gente de fuera de Rivas”, señalan desde Covibar.

El impacto del rastrillo en el barrio va más allá del mero intercambio de objetos. «La gente se deshace de sus objetos y ropa usada, haciendo más hueco en casa, y se da oportunidad a objetos que podrían aún tener vida útil a seguir teniéndola», subrayan los convocantes. Esta iniciativa también facilita que personas con menos recursos puedan adquirir artículos a precios bajos. «De hecho, observamos que muchos de los compradores son vecinos de la Cañada Real», apuntan.

Pero el valor del mercadillo no es solo económico o ecológico. También tiene una dimensión social muy marcada. Es un punto de encuentro para los vecinos, una ocasión para socializar y disfrutar de un paseo primaveral u otoñal agradable un par de días al año. El ambiente de convivencia y colaboración refuerza el espíritu comunitario de Covibar, que desde hace casi dos décadas mantiene viva esta tradición.

La próxima cita ya tiene fecha: el último domingo de mayo. Aunque haya que esperar aún unos meses, en la próxima edición el rastrillo volverá con nuevas oportunidades para intercambiar, vender y compartir, fieles al espíritu con el que todo comenzó en aquel primer rastrillo de 2006: una idea sencilla, vecinal y solidaria que se mantiene con el paso del tiempo.

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