OPINIÓN

Las diferencias en la salud mental de mujeres y hombres

MARÍA WONENBURGER (1927-2014): matemática española

Artículo de Esperanza Negueroles en su sección «Mujeres Singulares en Plural».

La protagonista de Mujeres Singulares en Plural en esta ocasión es alguien que se sale de lo común en nuestro tiempo y, por supuesto una persona digna de todo elogio. Además de por otras referencias y escritos sobre ella, me guiaré por las documentadas manos de María José Souto Salorio y Ana Dorotea Tarrío Tovar y la biografía que han escrito titulada: María Wonenburger la atrevida matemática a la que nuestro país dio dos veces la espalda. Ellas que tuvieron la suerte de conocerla, la recuerdan como “una persona generosa, entusiasta, humilde, alegre, con gran sentido del humor y muy inteligente, una gran amiga. María tenía un fuerte sentido de la amistad, le gustaba resaltar que sus amigos y amigas eran de lo más valioso que tenía en su vida. Ella se consideraba una mujer con tendencia a ser feliz que procuraba quedarse con la parte hermosa de la vida y no dejarse intimidar por sus ataduras”.

Una persona mayor con gafas y toga y birrete académicos azules se sitúa frente a un telón rojo, evocando la digna presencia de la matemática española MARÍA WONENBURGER.

María Josefa Wonenburger Planells nació el 19 de julio de 1927, en Montrove (Oleiros, A Coruña), en la residencia veraniega de sus padres, Julio Wonenburger y Amparo Planells. Formaban una familia con una buena situación económica, culta e implicada políticamente. Tanto ellos como sus amistades, eran personas relevantes en la vida social, económica y política de la ciudad.

La familia de María mantenía una estrecha amistad con la familia del que llegó a ser Presidente de la II República, Santiago Casares Quiroga. Los Casares tenían una hija, María Victoria compañera de colegio de María que llegó a ser una famosa y reconocida actriz de teatro y cine que adoptó la nacionalidad francesa al estar exiliada desde el año 1936 en Francia. Tanto los Wonenburger como los Casares y otras muchas familias de la época, no sospechaban que pese al momento inestable que se vivía, muy pocos años después de aquellos tiempos felices, todo se volvería gris y oscuro. Tras la Guerra Civil, la llegada al poder del dictador Francisco Franco supuso un cambio brusco y dramático en la vida y el destino de las familias de aquellos niños y niñas, como los de todo el país.

Los Wonenburger, habían llegado a Galicia con el tatarabuelo de María que se instaló en Santiago de Compostela. Se tiene la primera referencia de la Fundición Wonenburger en la ciudad de A Coruña en 1888 donde se fabricaban instrumentos de hierro y se reparaban máquinas de vapor, bombas y otros objetos. Con el paso de los años sus herederos la convirtieron en una importante empresa que llegó a estar entre las más importantes de la ciudad y a ser pionera del sector en Galicia durante cerca de 100 años.

Fotografía en blanco y negro de un niño pequeño con el pelo rizado, de pie y posando con una mano cerca de la cara. La imagen, enmarcada en un óvalo con borde discontinuo, recuerda a los primeros retratos de figuras notables como la matemática española María Wonenburger.

El padre de María, Julio Wonenburger, convirtió a la fábrica en un referente en el sector que dejó huella en los edificios y jardines más emblemáticos de la ciudad. Llegó a presidir la patronal metalúrgica de A Coruña, destacó en la vida pública y social del momento por ser una persona muy activa y polifacética. Con la llegada de la II República fue nombrado diputado provincial en mayo de 1931. Estuvo afiliado al Partido Organización Republicana Gallega Autónoma ORGA, dirigido por su buen amigo Santiago Casares Quiroga quien sería ministro y presidente de gobierno.

Entre muchas otras iniciativas Julio Wonenburger dirigió el diario Tierra Gallega en 1933 y participó en el pacto del Estrobe que llevó a la creación de la Federación Republicana Gallega como plataforma electoral y que firmaron representantes de ORGA y de la Alianza Republicana del Ámbito Gallego. Seguramente para aquella niña de corta edad que era María crecer en una familia con tantas inquietudes, en una época tan rica culturalmente, influyó en su forma de ser, en su mente abierta, en su gusto por la lectura y la música o en sus ganas de luchar contra el destino establecido.

María Wonenburger comenzó sus estudios en el Colegio Francés de A Coruña. y un día al ver los problemas de matemáticas que estaban resolviendo otros compañeros, tal vez mayores que ella, le sobrevino una gran curiosidad y preguntó qué es multiplicar. Después de que le hubiesen explicado que multiplicar no era más que sumar varias veces se dedicó a hacer cuentas y más cuentas su pizarrín.

En 1936 estalló la guerra civil que trajo muerte, desolación, tristeza, decadencia y un retroceso en los logros sociales que el país había conseguido, así como muchos años de aislamiento. María, tenía sólo nueve años así que, probablemente, quizá no fuera consciente de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor, ni de cómo la sociedad iba cambiando poco a poco; se esfumaba aquella vida sociocultural tan rica y aquella libertad previas a la guerra.

Retrato en blanco y negro de la matemática española María Wonenburger, mujer de pelo corto y rizado, con camisa de cuello y jersey oscuro, mirando a la cámara con expresión neutra.

Algunos amigos como la familia Casares tuvieron que irse al exilio, otros conocidos sufrieron la represión y la persecución de la dictadura. La Fundición Wonenburger se tuvo que reconvertir para trabajar para el nuevo régimen y a su propio padre lo juzgaron y le prohibieron salir del país. María tenía muy presente este episodio que reflejó en una entrevista publicada en 2008 en el diario La Opinión A Coruña, donde contaba que su padre viajó poco porque lo juzgaron y no le dejaron salir de España “no era del Régimen”.

Comenzó sus estudios secundarios el 18 de septiembre de 1937, tras superar las pruebas de ingreso de bachillerato, en el Instituto Eusebio da Guarda en A Coruña. El instituto que inicialmente era mixto, acabó separando a los niños y a las niñas a partir de 1942. En dicho centro, estudiaron brillantes alumnas y alumnos como María Barbeiro (pedagoga), Celia Brañas (científica), Santiago Casares Quiroga (abogado y expresidente del Consejo de Ministros de España), Salvador de Madariaga (diplomático y escritor), Pablo Ruiz Picasso que vivió durante un tiempo en La Coruña.

En el año 1944 María realizó el examen de Estado en la Universidad de Santiago de Compostela en el que obtuvo la calificación de sobresaliente y premio extraordinario. Sus padres la animaban a estudiar una ingeniería para que en el futuro pudiera hacerse cargo del negocio familiar. Pero ella les decía que quería hacer la carrera de matemáticas y que no se preocupasen, pues ya estudiaría después lo que fuese necesario para poder vivir.

Al año siguiente se encontró ante una coyuntura difícil: si quería estudiar la carrera de matemáticas, la única opción consistía en irse fuera de Galicia ya que en aquellos momentos la Universidad de Santiago de Compostela, la única en Galicia, solo ofrecía los primeros cursos de la carrera. Con 18 años, se trasladó a Madrid para estudiar sus anheladas matemáticas en la Facultad de Ciencias en la Universidad Central de Madrid.

Llegó a la capital en el año 1945 y se alojó en el Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús, heredero de la antigua Residencia de Señoritas. Entre risas, recordaba como la jefa del grupo de la residencia, una mujer que se ocupaba de coordinar el funcionamiento en cada uno de los dos edificios, le decía que no le auguraba un buen futuro. María tenía una risa muy escandalosa era muy alegre y divertida lo que resultaba chocante en una época en la que el silencio y la ocultación de los sentimientos se consideraban virtudes que se les exigía sobre todo a las mujeres. Dicha jefa de grupo no dejaría de sorprenderse años más tarde por los excelentes resultados académicos de María.

Retrato en blanco y negro de un hombre con traje, camisa de vestir y corbata. Su pelo corto y bien peinado y su expresión neutra ponen de relieve un estilo clásico que evoca la brillantez intemporal de la matemática española MARÍA WONENBURGER.

Desde el comienzo de sus estudios en la Facultad de Ciencias, empezó a destacar y a ser conocida del mismo modo que había ocurrido en sus años de instituto. Muchos compañeros y compañeras, incluso de otros cursos, acudían a ella para resolver algún problema, comentar alguna duda o escuchar alguna explicación. Al mismo tiempo, María asistía a las diferentes clases pero nunca tomaba notas sino que realizaba sus propios apuntes de vuelta a casa, después de cenar redactaba los resultados que le habían expuesto sus profesores en un ejercicio memorístico privilegiado.

En 1950 obtuvo el título de Licenciada en Ciencias Matemáticas y en sus calificaciones contó nada menos que con doce matrículas de honor. Cuando María finalizó los estudios aún se seguían padeciendo las secuelas de la Guerra Civil en todos los aspectos, el aislamiento de España en el plano científico era muy acusado. Si las posibilidades de hacer estudios académicos eran difíciles para cualquiera, para las mujeres eran prácticamente inexistentes.

En los años previos a la guerra civil se había propiciado la apertura y movilidad de los estudiantes otorgando becas para realizar estancias de investigación en el extranjero. Entre las becadas se encontraban algunas mujeres que habían escogido las matemáticas como su disciplina; María no fue no fue la primera española en realizar estudios universitarios en matemáticas.

Una vez licenciada comenzó sus estudios de doctorado, cuando terminó y dado el interés que mostró por llevar una carrera investigadora en matemática los profesores le sugirieron que lo intentara en otro país pues consideraban que era la opción con más posibilidades. En aquellos momentos la situación política en España no favorecía una fluidez de visitas de investigadores extranjeros de prestigio de modo que el país seguía científicamente aislado.

El eminente matemático Julio Ruiz Pastor (1888-1962) la invitó a que participara en los seminarios que él estaba impartiendo. También le propuso acompañarlo durante una serie de cursos y conferencias con la idea de que recogiese el contenido de sus charlas para posteriormente publicarlas; para María, estudiante de doctorado, fue una sorpresa y un orgullo recibir esta propuesta. Pastor era una eminencia a nivel internacional, licenciado en Ciencias Exactas por la Universidad de Zaragoza, ingresó en la Real Academia de la Lengua Española en 1954, con un discurso titulado Álgebra del Lenguaje, fue presidente de la Sociedad Matemática Española y galardonado con la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio.

A María le concedieron en 1953 una beca para realizar estudios de doctorado en matemáticas en los Estados Unidos, con lo que pasó así a ser la primera española con esta asignación, la que le condicionó su futuro profesional y también su vida. Las becas del Departamento de Estado americano no tenían una cuantía fija para el alumnado a quien se becaba, de hecho dependía de la ciudad de destino.

María tuvo dificultades con la duración de la estancia, pues la validez del visado concedido se limitaba a tres meses, lo cual complicaba que pudiera permanecer todo el curso en Estados Unidos. Cinco días después de su partida, llegó a su destino, ella formó parte de los doce millones de personas que entre los años 1892 y 1954 llegaron a través del puerto de Nueva York. Las autoridades revisaban si la documentación estaba en regla y las incluían en un registro para posteriormente permitir su entrada al país si todo estaba correcto. Tras un par de semanas de trámites administrativos, se trasladó a otra ciudad del estado neoyorquino, Siracusa, la ciudad de la sal, corazón de Nueva York, en donde realizaría el Curso de Orientación previo que tendría una duración de seis semanas y en el que incluso se incluían estudios de lengua inglesa.

Una situación inesperada apareció con la resolución de la solicitud de la beca. Aunque había manifestado su interés en ir a Chicago a trabajar con el destacado y premiado matemático estadounidense Abraham Adrián Albert, no le informaron de que su destino sería la Universidad de Yale. Allí estuvo bajo la tutela de un colega y amigo de Albert, el destacado matemático Nathan Jacobson, siendo su primera alumna de tesis.

Una persona con pelo corto rizado y canoso y gafas, que recuerda a la matemática española MARÍA WONENBURGER, lleva una camisa de cuello claro y mira a la cámara con expresión neutra. El fondo está desenfocado.

Aquel año 1953, fue muy importante para María: había abandonado un país aislado, con una dictadura fuertemente arraigada, en el que empezaban tímidamente a formalizarse algunas operaciones comerciales y políticas, precisamente las primeras con los Estados Unidos, llevadas a cabo a través de los denominados “Pactos de Madrid” que permitieron instalar bases militares estadounidenses en territorio español. Mientras, había llegado a un país con problemas evidentes y donde las mujeres tampoco tenían las mismas oportunidades que los hombres pero donde al menos, la investigación se valoraba y el presupuesto dedicado a ella era sustancioso. En el plano político, el recién elegido presidente Eisenhower mantenía una tensa guerra fría con la Unión Soviética. Entre los objetivos del presidente estaba lograr que el país norteamericano ganara la carrera espacial que se libraba entre ambos países.

Ese mismo año fue también importante para otra mujer matemática, la estadounidense Katherine Johnson. Tras ser profesora en colegios públicos solo para negros y licenciarse en la Universidad de Virginia Occidental, se enteró de que la NASA buscaba mujeres afroamericanas para el Departamento de Guía y Navegación, así que se presentó y consiguió el puesto. Formó parte de un grupo de extraordinarias mujeres matemáticas conocidas como las “computadoras humanas”, las cuales con material precario pero con excepcional talento, contribuyeron decisivamente a que su país ganase la carrera espacial. Ella y sus compañeras habían encontrado un trabajo acorde con su formación pero no evitó que sufrieran la segregación con respecto a sus compañeras y compañeros blancos.

La beca que había obtenido María tenía una duración de un año prorrogable por otro más pero ella la consiguió para otros dos. Cuando terminó, Jacobson le sugirió que se quedase otro año, pues tenían previsto organizar unos seminarios y consideraba muy interesante que ella pudiese asistir. Ahora bien, durante las vacaciones de verano no se pagaban las becas, así María solicitó otra ayuda para aquel periodo. De nuevo le fue concedida, por lo que pudo trabajar en el laboratorio de física de la universidad, donde realizaba laboriosos y tediosos cálculos para los que utilizaba una antigua calculadora con manivela que recordaba como un artilugio ancestral.

María se doctoró en 1957, regresando a España, con el objetivo cumplido. Volvía con los conocimientos adquiridos en una de las mejores universidades del momento y con todas las vivencias de aquellos años. Quería continuar investigando y encontrar un trabajo acorde con su formación, por lo que esperaba que su título de Doctora le abriría las puertas a un buen futuro laboral donde sus ilusiones y objetivos se convirtiesen en realidad; sin embargo, su título de doctora no le fue convalidado. Sus años en el país norteamericano no contaban, estaba en la misma situación o quizá incluso peor que cuando había emigrado: la ausencia de flexibilidad de las autoridades educativas, unida a la falta de visión y altura de miras para valorar el esfuerzo y el trabajo que había realizado, se conjugaron para frustrar sus metas.

Una vez asimilada la situación María se propuso realizar otra tesis doctoral, ahora en Madrid, bajo la dirección de Germán Ancochea Quevedo quien ya había sido su profesor en los últimos cursos de la Licenciatura y también en los cursos de doctorado. Este matemático era experto en álgebra, con un alto reconocimiento internacional y podía abrir más opciones de futuro a sus doctorandos que otros profesores. Wonenburger cuenta otra vez con un buen director de tesis.

Por otro lado, con el objetivo de disponer de alguna ayuda económica, decidió solicitar una beca del Instituto matemático Jorge Juan, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas. María obtuvo la beca y permaneció becada durante tres años en dicho instituto, al mismo tiempo que asistía a cursos de doctorado y trabaja en su segunda tesis. En 1959 defendió la tesis que lleva por título Representación espinorial de los grupos de semejanza, por la cual obtuvo la calificación de Sobresaliente cum laude.

Una persona mayor, con pelo corto y gafas, se sienta a una mesa, apoya la cabeza en una mano y sonríe. Los libros abiertos sugieren el legado de MARÍA Wonenburger, la destacada matemática española (1927-2014), en medio de un tinte marrón rojizo.

Durante aquellos años no había cambiado el contexto universitario español, no había mejorado la situación para las mujeres en la universidad y la financiación a la investigación y la apertura al extranjero permanecían estancadas. Además de la situación en la universidad, la sociedad española a finales de los años cincuenta seguía sufriendo las consecuencias de la Guerra Civil y su economía cerrada al exterior estaba totalmente destruida. Pese a la revocación parcial de la exclusión de España de la ONU a finales de mil novecientos cincuenta y de los pactos económicos militares con Estados Unidos, seguía siendo un país con una situación económica alarmante.

En este contexto se encontraba María, cuando su tesis ya se había leído y la beca iba a finalizar. Tenía que solicitar el título de Doctora, pero para ello necesitaba publicar la tesis. Los problemas burocráticos le impidieron obtenerlo de forma inmediata y por tanto, nunca tuvo el título en España. Fue en el año 2008 que por un gesto de reconocimiento a su persona, la Universidad Complutense de Madrid le envió su título oficial.

Ya había estado en España tres años y pese a que le hubiera gustado seguir investigando en su país y vivir de ello, se dio cuenta que era un sueño imposible. Así tomó la decisión de responder a la oferta que le hicieron desde Canadá y a finales de 1962 consiguió un contrato en la Universidad de Toronto. Esa etapa fue muy importante para su carrera al dirigir la tesis de Robert Moody quien ha llegado a ser un reconocido y prestigiosos algebrista. En el año 2007 este profesor habló en la Radio Gallega con respeto y cariño sobre la importancia que tuvo la profesora Wonenburger en su trabajo de investigación, afirmando “si ella no me hubiese enseñado lo que me enseñó, nunca podría haber hecho lo que hice”.

Un hombre mayor, con el pelo corto y canoso y gafas, está de pie al aire libre, cerca de un árbol, con una camisa blanca de cuello. El fondo verde, ligeramente difuminado, evoca la calma reflexiva que suele verse en los retratos de la matemática española MARÍA Wonenburger.
Robert Moody

En 1966 Moody leyó su tesis y simultáneamente en la Universidad de Moscú, de forma independiente, Víctor Kac definía una nueva clase de álgebras. Ambos no podían sospechar que estaban descubriendo con sus tesis un campo que fue creciendo de forma espectacular y con una enorme influencia en el campo de las matemáticas y de la física teórica. Sin duda los conocimientos, la formación, el trabajo y la intuición matemática de María Wonenburger fueron clave en el origen de las álgebras de Kac-Moody que hoy en día constituyen un extenso campo de trabajo, con numerosas publicaciones y congresos al respecto.

Robert Moody Moody explicaba que María era muy generosa como persona y como científica. Ella le propuso un tema sin tener en cuenta sus intereses personales, en el que ella ni siquiera estaba trabajando y lo hizo pensando en él, en que tuviese éxito en su investigación. Asimismo comentaba que tenía un don especial para que sus alumnos diesen lo mejor de sí mismos y encontrarse en su propio camino. Durante aquellos años en Toronto, María era la única mujer en el claustro de profesores.

María trabajó de igual a igual con los más destacados matemáticos, lo que revela su elevada talla científica. Sin duda, fue afortunada por tener profesores y alumnos que estaban entre los mejores pero la fortuna fue recíproca. Los primeros tuvieron una alumna entusiasta, trabajadora y muy inteligente; y sus estudiantes, a una profesora excelente.

En 1966 María tomó la decisión de mudarse a EEUU, donde viviría hasta 1983. Su primer destino fue la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo. Donde conoció al geómetra y profesor Federico Gaeta ambos fuera de su tierra por distintos motivos pero tenían un nexo en común, se habían visto en la necesidad de abandonar España para poder desempeñar su labor matemática y estaban en un país que reconocía su valía.

Gaeta era un ejemplo más de la animadversión del régimen franquista hacia parte del profesorado universitario español; de hecho, muchas de aquellas personas fueron represaliadas y suspendidas de sus puestos. Federico abandonó España en 1957 y tras unos años por varios países suramericanos se instaló en la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo entre 1962 y 1977, año en que regresó tras la muerte de Franco.

En 1967, Wonenburger recibió una oferta de la Universidad de Indiana Bloomington, un centro educativo con unos treinta mil estudiantes. La propuesta suponía mejor mejorar su situación, pues le estaban ofreciendo un contrato con el rango académico máximo; sería su destino definitivo en una universidad pública de gran prestigio. Desde el principio María se sintió muy a gusto en aquel nuevo entorno. Su familia la visitaba con frecuencia en especial su madre, Amparo, que llegaba cada año al final del invierno para pasar una temporada con ella.

María siempre fue una persona preocupada por la situación sociopolítica del momento y le gustaba mantenerse al día en estos temas. Todas las jornadas reservaba un tiempo para enterarse de las noticias habitualmente leyendo con atención el periódico o de forma más esporádica a través de la televisión. Sin embargo, vivía ajena a muchas cuestiones de la vida cotidiana. Por ejemplo, la hora de la comida, la necesidad de hacer la compra y otros aspectos domésticos, hasta el punto de que llegaba a olvidarse de la realidad.

En Canadá coincidió unos meses con el matemático Arturo Pianzola en aquellos momentos estudiante de doctorado, el cual estaba pendiente de la renovación de su visado pues era de nacionalidad argentina. El gobierno argentino que en ese momento era una brutal y asesina dictadura militar se negaba a renovarle el pasaporte por lo que el gobierno canadiense no podía seguir becándole como estudiante. María le consiguió un salvoconducto a México donde le solucionaron sus problemas. Posteriormente dijo: “mi memoria de MV (María Wonenburger), más allá de su demostrada idoneidad como matemática, es de una persona de una bondad extrema; Es el tipo de ser humano que le da a uno esperanza de que como civilización encontraremos la forma de deshacernos de tanta maldad y desidia por el prójimo.”

La década de los setenta fue una de las más gratificantes para María pues junto con sus estudiantes obtuvo importantes resultados que se plasmaron en varios artículos y tesis doctorales. En el período de 1970 a 1972 dirigió las tesis doctorales de cinco estudiantes y unos años más tarde Wonenburger tenía veintiséis descendientes matemáticos. Entre los estudiantes de doctorado dirigidos por ella, solo hubo una mujer, Betty Warren, que se doctoró en 1976.

Un grupo de nueve adultos, entre ellos la célebre matemática española María Wonenburger, posan en dos filas frente a un muro de piedra. Cuatro están sentados o arrodillados delante, y cinco de pie detrás de ellos. La foto es en blanco y negro.

María continuó siendo una profesora universitaria muy activa, pues además de publicar artículos, se desplazaba para realizar estancias de investigación, participaba en congresos e impartía conferencias. Durante todo aquel tiempo fue la única profesora titular en el Departamento de Matemáticas. En 1977 la lista constaba de veinticinco profesores y una única profesora en 1980 encontramos 34 nombres donde ella sigue siendo la única profesora titular.

María 2001, con parte de su descendencia matemática En el curso 1983 y 1984, pidió un permiso no retribuido para regresar a España, con la finalidad de cuidar a su madre. Cuando ya no podía prorrogar más aquella situación, decidió jubilarse y regresar definitivamente a España, nunca dejó de interesarse por las matemáticas pero ya no de forma profesional. Acompañó a su progenitora hasta el final de su vida.

Poco a poco fueron quedando muy atrás las investigaciones, los congresos y los debates sobre matemáticas, aunque mantenía contacto telefónico con varias amistades y alumnos de sus años en Canadá y Estados Unidos. Durante casi veinte años permaneció en su tierra, sin trascendencia pública y sin la comunidad científica y sin que la comunidad científica tuviese contacto con ella.

En España seguía siendo una matemática desconocida y durante aquellas décadas nada parecía que fuese a corregir tal injusticia. Fue en 2003 con motivo de la reedición de la Enciclopedia galega y allí, entre la lista donde iban apareciendo tan solo nombres masculinos el nombre de la matemática María Wonenburger surgió para aquella propuesta. Su relevante aportación a las matemáticas era conocida por Otilia Mo, catedrática de Química Física en la Universidad Autónoma de Madrid quien sugirió su inclusión. Pero faltaba contactar con ella, escollo que salvó Ana Fraga profesora de matemáticas del IES Fernando Ruiz de La Coruña quien se convertiría en una amiga muy cercana de María durante los últimos años de su vida.

Logrando el tan ansiado contacto Mercedes y Ana acudieron a su casa. Las tres se encontraron en varias ocasiones lo que facilitó ir conociendo muchas anécdotas y periplos de la vida de la matemática, la recuerdan como una persona cercana y maravillosa con quien conectaron desde el primer momento. En el año siguiente, María fue ampliando su círculo de amistades entre el profesorado de matemáticas en varios institutos locales con los que compartiría actividades matemáticas, paseos, lecturas,…

María solía mostrarse sorprendida por la relación que había en España entre profesorado y alumnado mucho más distante que la que ella conocía por su experiencia en el extranjero. A lo largo de aquellos años fue invitada a varios eventos matemáticos en los que disfrutaba mucho y estaba muy contenta de mantener contacto con jóvenes estudiantes. Fue invitada a impartir una conferencia en el IES de Guitiriz pero ella pidió no darla como se solía hacer, sino que respondería a todas las preguntas que los jóvenes estudiantes quisieran formularle. En los años siguientes compartió sus experiencias en varios centros de secundaria.

Una persona mayor, con pelo corto y blanco, gafas, toga académica oscura y corbata verde, junto a una bandera azul y blanca con un emblema que recuerda a la matemática española MARÍA WONENBURGER (1927-2014).

A raíz del artículo publicado en 2006 bajo el título María Josefa Wonenburger Planells mujer y matemática, aparecido en la Gaceta de la Real Sociedad Matemática Española, empezó a recibir reconocimientos públicos y a recibir solicitudes para entrevistas en periódicos locales y nacionales, así como en la radio. La invitaron a dar charlas, conferencias,…y muchas páginas web institucionales o personales se hicieron eco de su relevante trayectoria.

A ella no le entusiasmaba aquel repentino protagonismo y tampoco le apetecía acudir a actos ceremoniosos, sin embargo casi siempre que podía asistía pues creía que debía hacerlo. Al recibir alguna invitación preguntaba en qué consistía si se iba a encontrar con personas jóvenes o no, cuando le decían que el ambiente sería informal y que podría sentarse entre el público para charlar amistosamente entonces no dudaba en aceptar la propuesta.

Como se ha dicho en párrafos anteriores, en 2008 la Universidad Complutense de Madrid, en un gesto simbólico, le envió su título de Doctora por esa universidad. En 2010 fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de A Coruña y en ese año el Consello da Cultura Galega organizó unas jornadas en su honor.

Falleció en La Coruña el 14 de junio de 2014. Meses después se inauguró en esa ciudad una calle que lleva su nombre. Su familia donó su extensa biblioteca a la Facultad de Informática de la Universidad de A Coruña, allá pueden encontrarse en el fondo María Wonenburger sus artículos o sus dos tesis doctorales, así como muchos libros de matemáticas y especializados que María guardaba como un tesoro en su casa.

Las autoras de la biografía sobre la insigne matemática, recogen en el Epílogo el extraordinario legado de María Wonenburger. “A nivel personal, todas las personas que la tratamos hemos reconocido nuestra gratitud por diferentes gestos con los que nos obsequió. A nivel científico, sus aportaciones a las matemáticas quedan reflejadas en las extensas implicaciones que han tenido tanto sus publicaciones como las de sus estudiantes”… La compresión y el uso de las estructuras algebraicas han permitido mejorar el conocimiento de nuestro entorno.

“En ocasiones pudo parecer que su trabajo, encuadrado en lo que se llama ‘ciencia básica’, no tendría mucho impacto en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, ha resultado muy valioso para que otros científicos dedicados a la ciencia aplicada le encontraran numerosas aplicaciones prácticas. No debemos olvidar que, a menudo, lo necesario para resolver problemas actuales se encuentra en resultados matemáticos de mucho tiempo atrás y que habían sido estudiados sin el afán de su utilidad posterior. Las investigaciones llevadas a cabo dentro de la ciencia básica contribuyen a aumentar el conocimiento humano del mundo que nos rodea. Y, en el caso de María Wonenburger, sus investigaciones tenían como meta comprender a fondo la realidad de ciertos entes matemáticos, entender su comportamiento y sus propiedades. En el momento de su estudio, no se tenían en cuenta las posibles aplicaciones, ni nada garantizaba que las habría. Sin embargo, una breve búsqueda por la red puede darnos idea de la amplitud de las aplicaciones que siguen surgiendo muchos años más tarde».

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