OPINIÓN

Javier Gil, concejal del PP de Rivas, posa con camisa de cuadros y americana está de pie al aire libre con árboles borrosos de fondo; la foto es en blanco y negro y se muestra dentro de un marco circular.

El nuevo PGOU de Rivas: Urbanismo al servicio de la ideología

Rivas Vaciamadrid ha sido, durante décadas, un ejemplo de urbanismo equilibrado, donde la convivencia entre viviendas en altura y unifamiliares ha dado forma a una ciudad diversa, humana y profundamente arraigada en el tejido cooperativo. Un modelo que no nació del azar, sino del compromiso colectivo, de la participación vecinal y de una apuesta clara por la calidad de vida.

Hoy, ese modelo está en riesgo. El nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) del Ayuntamiento de Rivas propone una transformación profunda del municipio, que amenaza con desdibujar su identidad y convertirlo en un escenario diseñado más para consolidar una ideología que para responder a las necesidades reales de sus vecinos.

Rivas no es una ciudad cualquiera. Su historia está marcada por el esfuerzo de miles de familias que, a través de cooperativas de vivienda, levantaron barrios pensados para vivir, compartir y crecer. La mezcla de tipologías residenciales -bloques de pisos y chalets unifamiliares- ha generado espacios con alma, donde el equilibrio entre lo público y lo privado ha sido clave.

Este modelo ha permitido que Rivas sea una ciudad abierta, plural, con una fuerte identidad comunitaria. No es casualidad que muchos de sus barrios hayan sido diseñados con criterios de sostenibilidad, participación y respeto por el entorno natural.

El nuevo PGOU reduce la edificabilidad, redefine la clasificación del suelo en sectores clave como Mirador Sur y Mirador Norte. Se terminan de ejecutar las parcelas residenciales pendientes de edificar en “Las Colinas”, y ajusta los límites municipales con Madrid en cumplimiento del Pacto Regional de la Cañada Real.

Aunque se habla de protección ambiental y regeneración paisajística, también se habilita un mayor desarrollo urbanístico en zonas que hasta ahora eran espacios de transición o de valor ecológico. Se consolidan áreas dotacionales en torno al Auditorio Miguel Ríos, y se concentran los desarrollos residenciales en sectores próximos al suelo urbano consolidado.

El documento reserva un 70% del término municipal como Suelo No Urbanizable de Protección, sin embargo, al mismo tiempo se intensifica la urbanización en sectores estratégicos, favoreciendo un modelo de ciudad más densa, más vertical, más funcional… y menos diversa.

La planificación urbana no puede convertirse en una herramienta de ingeniería electoral. Nuestra ciudad merece un PGOU que piense en todos sus vecinos, no solo en aquellos que encajan en una determinada visión ideológica. El urbanismo debe ser inclusivo, respetuoso con la historia local y sensible a las necesidades reales de la ciudadanía.

Este nuevo PGOU, lejos de reforzar la identidad de Rivas Vaciamadrid, parece orientado a transformarla. Y lo hace sin un debate profundo, sin una consulta real a los vecinos, sin reconocer el valor del modelo que nos ha traído hasta aquí.

Con respeto, pero con firmeza, debemos decirlo claro: el diseño urbano que se propone parece pensado para atraer a un perfil de votante afín a la ideología del gobierno municipal. Se prioriza la vivienda en altura, los desarrollos compactos y verticales, mientras se relega el modelo cooperativo y la vivienda unifamiliar que ha dado forma a Rivas Vaciamadrid durante décadas.

La combinación de viviendas en altura y unifamiliares representa un modelo urbano equilibrado, eficiente y socialmente integrador. En Rivas, esta diversidad tipológica ha contribuido a construir una ciudad sostenible, cohesionada y adaptada a las distintas necesidades de la ciudadanía. Preservarla es clave para mantener la identidad urbana y garantizar un desarrollo armónico.

No nos oponemos al progreso. Nos oponemos a perder lo que nos hace únicos. Rivas no puede convertirse en una ciudad más del cinturón metropolitano, indistinguible de otras que han sacrificado su carácter por la expansión.

Defendamos el modelo que nos ha dado identidad. Exijamos que el PGOU respete la historia urbana de Rivas Vaciamadrid, su tejido cooperativo, su diversidad residencial y su vocación de ciudad sostenible. Porque Rivas, nuestra ciudad, se cuida, se mejora, pero no se instrumentaliza.

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