OPINIÓN

Radio, un bien común

El amor en trámite

Un tiempo atrás, y digo mucho tiempo atrás, todavía no existía la Institución del Amor. Como las academias de la lengua, las fundaciones y organizaciones, el amor corría hasta entonces libre entre mitos, pecados y crímenes. El adulterio y las orgías eran un esnobismo. Eros siempre ha sido una aspiración utópica, es cierto.

Desde entonces hasta hoy siempre ha habido apolos y dafnes, dioses deseados y deseantes, ya lo decía Jiménez. Antes era honra, lealtad, poder y el nombre y respeto de las familias. Así que, como en la picaresca, los trapos sucios debían ir por dentro. Especialmente —y casi se diría únicamente— si provenían de la mujer.

Un día cualquiera, allí entre Constantino, un puritano inglés y algún escribano que redactase las primeras leyes, se redactaría la Constitución del Amor. El nombre parece infantil y almidonado, pero se construye como cualquier otro tratado de carácter legal o judicial. Algunos puntos heredaron los antiguos de la honra y prestigio, los restantes del calendario gregoriano: así, antes de los 30 se debe estar casado, alrededor de los 35 se debe haber tenido ya a los hijos y en los primeros años de la cuarentena, o antes, se debe haber agotado el amor, o lo que quedase. Saque su cartilla del amor, rellene los besos (pocos), los coitos (justos) y las fechas (imprescindibles). Las tropas inquisitorias para la regulación del uso debido del amor son fuertes, familiares, amigos o incluso conocidos dirigen miradas de desacuerdo y juzgan sabiéndose fieles seguidores de su doctrina.

Según los últimos datos, el porcentaje de matrimonios y bodas está en descenso en España y es general en todo el mundo, con datos de récords en Estados Unidos, Rusia y Europa. La edad media de hombres y mujeres sufre el movimiento contrario, la edad cada vez es mayor. En 2023 los datos apuntan hacia los 35 años en mujeres y 37 en hombres. ¿Las causas de estos datos? Las generaciones anteriores, generalmente grandes afiliados a esta organización del corazón, prejuzgan y lo atribuyen al egoísmo, a la falta de fuerzas, incluso a la falta de humildad y entrega. Como si el amor fuese un acto de caridad. Nadie habla del desasosiego que produce ver las caras de estos mismos mayores arrastrándose con desánimo, obligando a amar. Algunos creen que les sucederá lo mismo, que se hereda como una mala enfermedad. Hay que hablar de caricias y besos, comprensión, conexión, libido y comunicación. Los compromisos llegan solos. «Desmayarse, atreverse, estar furioso,/ áspero, tierno, liberal, esquivo,/ alentado, mortal, difunto, vivo,/leal, traidor, cobarde y animoso;[…] esto es amor, quien lo probó lo sabe».

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