OPINIÓN

El amor cambia: del altar al registro


En Rivas y en toda España, las bodas civiles superan ampliamente a las religiosas.

En España, decir “sí, quiero” ya no implica pasar por la iglesia. Las estadísticas lo confirman: en 2001, más del 70% de las bodas eran religiosas. Dos décadas después, apenas superan el 10%. Las bodas civiles han dejado de ser la excepción para convertirse en la norma. Pero este fenómeno va más allá de los números: refleja una transformación profunda en los valores, prioridades y formas de vida de la sociedad española.

El matrimonio religioso, durante siglos ligado a la tradición católica y considerado el pilar de la familia, ha cedido terreno frente a formas más flexibles y laicas de comprometerse. El matrimonio ya no es un rito de paso obligatorio ni un requisito para formar un hogar. Cada vez más parejas eligen casarse por lo civil, e incluso muchas optan por no casarse en absoluto. En Rivas, el Registro Civil ha experimentado un aumento sostenido en el número de ceremonias civiles, mientras que las iglesias locales han visto una caída significativa en las solicitudes de sacramentos matrimoniales.

España, históricamente católica, ha vivido un proceso acelerado de secularización. La juventud, menos apegada a las creencias religiosas, prioriza la libertad individual, la igualdad en la pareja y la flexibilidad en los compromisos. El matrimonio civil, más ágil y menos cargado de simbolismo, responde mejor a estas nuevas sensibilidades.

También asistimos al auge de otros modelos familiares: hogares monoparentales, parejas del mismo sexo, familias reconstituidas… El hogar ya no se define por el molde tradicional, sino por los lazos afectivos que lo sostienen.

Lo que está claro es que, la convivencia, la crianza compartida y el compromiso mutuo pueden nacer sin papeles, y aun así ser sólidos. Este cambio, lejos de suponer una pérdida, puede entenderse como una conquista: la del derecho a amar y construir una familia desde la libertad, la diversidad y la autenticidad.

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