Más mercado, menos supermercado

Del campo a tu mesa

Lo que comemos no solo afecta a nuestra salud, sino también a la vida de quienes cultivan, cosechan y distribuyen los alimentos. Rara vez nos detenemos a reflexionar sobre el recorrido que siguen hasta llegar al supermercado, pero, ¿qué hay detrás de cada alimento?

Las grandes cadenas de supermercados promueven un modelo de producción que prioriza los alimentos baratos a costa de los derechos de los trabajadores. Esto lleva a que los jornaleros agrícolas trabajen en condiciones precarias, con largas jornadas, sueldos bajos y sin acceso a derechos básicos como seguridad social o descansos adecuados. Un claro ejemplo son los temporeros que recogen fresas en Huelva, quienes han denunciado abusos y malas condiciones de vida, comparando su situación con la esclavitud. Muchos viven en chabolas hechas de cartones, plásticos y palés, ya que no tienen acceso a viviendas dignas. Estas estructuras son altamente vulnerables a las inclemencias del clima y a los incendios. En Níjar, Almería, la situación es similar, con asentamientos sin acceso a agua potable ni servicios básicos. Además, según las investigaciones de Carro de Combate, estos trabajadores sufren una explotación laboral constante y abusos sistemáticos. Pero el problema no termina ahí. Los pequeños agricultores, incapaces de competir con los precios impuestos por las grandes empresas, venden sus tierras y terminan convirtiéndose en empleados de sus propias explotaciones. No se trata de un caso aislado: en todo el mundo, la agricultura intensiva pone las ganancias por encima del bienestar humano.

El sindicalismo ha sido históricamente clave para mejorar estas condiciones. Gracias a la organización de los trabajadores, se han logrado convenios que garantizan mejores salarios y derechos laborales. Sin embargo, el camino no es fácil. Muchos jornaleros enfrentan amenazas y despidos solo por intentar sindicalizarse. Además, la inestabilidad laboral y la contratación temporal complican aún más su situación. Apoyar el sindicalismo no solo beneficia a los trabajadores, sino también a los consumidores. Cuando los agricultores tienen condiciones dignas, pueden centrarse en prácticas más sostenibles y responsables. La sobreexplotación de la tierra y el uso excesivo de químicos están vinculados a la presión por producir rápido y barato, pero cuando los trabajadores tienen más control, pueden optar por métodos más saludables y sostenibles.

Entonces, ¿qué podemos hacer como consumidores? Es sencillo: más mercado, menos supermercado. Podemos acudir a mercados locales, cooperativas agrícolas o unirnos a grupos de consumo que priorizan el comercio justo. En estos espacios, no solo encontramos productos más frescos, sino que también apoyamos una economía más justa, donde los productores reciben un pago adecuado y los consumidores tienen acceso a alimentos sin intermediarios que inflen los precios. En los mercados de agricultores podemos conocer a los productores, entender sus procesos y asegurarnos de que compramos productos que respetan a las personas y al medio ambiente. Al reducir la distancia entre productores y consumidores, disminuimos la huella ecológica y fomentamos prácticas sostenibles. Los grupos de consumo, al comprar directamente, favorecen precios justos, la organización comunitaria y la independencia alimentaria, creando una relación directa y transparente entre productor y consumidor.

La nutrición es un tema colectivo. Cada compra es una decisión que impacta en muchas personas. Apostar por un consumo basado en la justicia social y la sostenibilidad no solo nos beneficia, sino que también contribuye a un mundo más equitativo y saludable. Si queremos un futuro con alimentos de calidad, trabajadores con derechos y una economía justa, es hora de actuar. Más mercado, menos supermercado: una consigna que transforma nuestra alimentación y la vida de quienes hacen posible que los alimentos lleguen a nuestra mesa.

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