Esta iniciativa supone un cambio de paradigma en la actuación municipal. En una primera fase piloto, se está actuando sobre 78 superficies arbóreas de cinco calles.

Alcorques vivos. Es el proyecto medioambiental que ha emprendido Rivas, a través de su empresa municipal Rivamadrid, con la intención de sembrar con plantas de flor los alcorques de los árboles, convirtiendo esas pequeñas porciones de tierra en refugio y alimento  para pequeños insectos que ayudan a controlar las plagas del arbolado. Se trata de un proceso novedoso y de transformación en la gestión de las zonas verdes, parques y jardines de la localidad, para que la propia naturaleza sea la protagonista.

Esta iniciativa supone un cambio de paradigma relacionado con el uso sostenible de productos fitosanitarios, al plantear la gestión alternativa basada en métodos no químicos, el fomento de la biodiversidad urbana y la naturalización de las ciudades.

La idea es incorporar en las calles de la ciudad pequeños microhábitats (los alcorques de los árboles) que generen lugares donde la fauna auxiliar pueda refugiarse para favorecer una mayor eficiencia tanto en el control biológico de plagas como de la polinización, explican desde Rivamadrid.

En una primera fase experimental, se están acondicionando 78 alcorques de cinco calles (de la Paz, San Isidro, Manuel Vázquez Montalbán, Marguerite Duras y Ricardo Zamora).

La ciudadanía habrá podido observar cómo los alcorques de estas vías se han perimetrado para evitar su invasión. Más adelante, en las zonas de actuación se colocará cartelería explicativa donde se informará al vecindario de las actuaciones: los carteles llevarán un código QR que enlazará con una web explicativa de cada fase del proyecto.

La ventaja de este proyecto es que favorece la presencia de la naturaleza en la localidad, cuyas calles disfrutarán de una mayor biodiversidad que contribuye, entre otras cosas, a la reducción de la contaminación atmosférica, la mejora de la calidad del aire y la regulación de las temperaturas.

“Queremos naturalizar la ciudad transformando y gestionando los espacios verdes urbanos de manera que se favorezca en ellos los procesos naturales, permitiendo la entrada espontánea de flora y fauna y realizando un mantenimiento más ecológico”, explica la consejera delegada de Rivamadrid y concejala de Transición Ecológica, Vanesa Millán.

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