Artículo de opinión de Iván Campos, trabajador de Fundación Manantial.
La economía liberal es muy proclive a externalizar servicios. Servicios, de primera necesidad puestos en manos de gestores privados. En el caso de servicios sociales, es el caso de las trabajadoras de los recursos psicosociales pertenecientes al Plan de atención a las personas con enfermedad mental grave y crónica de la Comunidad de Madrid dependiente de la Consejería de familia, juventud y asuntos sociales.
Una de estas empresas es el Grupo empresarial Manantial.
Grupo empresarial sí, aunque sus mandos lo sigan clasificando como sociedades independientes. Sociedades, eso sí, con idéntica imagen corporativa, mismos gestores y dependientes de la misma caja única. Curioso, ¿ verdad?
A día de hoy, el grupo empresarial plantea un nuevo esfuerzo a sus trabajadoras por la supervivencia de la entidad. Trabajadoras que aún desde mayo no han visto reflejada en sus nóminas la subida que marca el 16° Convenio de discapacidad publicado en el BOE en mayo.
Pero retrocedamos en el tiempo, que es una herramienta que permite entender que el presente no es fruto del azar.
Corría el año 2007 y eran tiempos de bonanza. La empresa abría numerosos recursos y las empleadas al cumplir el año en la empresa recibían un incremento salarial del 10% en concepto de plus de experiencia.
En los actos institucionales y de cara a la galería se hablaba de que era el momento de dejar de crecer; era el momento de lograr la estabilidad. Pero las palabras se las lleva el viento. Y el Titanic Manantial continuó creciendo y creciendo luciendo una fachada de esplendor al son que tocaban músicos de mediocre salario.
Pero pronto llegó la primera petición de esfuerzo y ese plus se redujo para nunca volver. Ya vendrán tiempos mejores, decían.
No hubo problema, las violinistas aún vivían embaucadas bajo las falacias de la empresa. Hablaban de ser todos una familia y, por lo tanto, se debía remar juntas.
Más adelante, llegó el momento de la expansión a la Comunidad Valenciana y el paso a sociedad limitada con la creación de Manantial Gestión SLU. Más tarde, parece que fue un error estratégico.
Las trabajadoras pronto comenzaron a sufrir retrasos económicos en el pago de sus nóminas y pagas extras. Ninguna olvida como la Nochevieja de 2022 la celebraron con la incertidumbre de cuando la cobrarían.
Eran tiempos en los que la capitanía del barco había cambiado. La nueva lideresa lucía verborrea y tablas, total después de lidiar una pandemia desde los mandos del estado español, esto era un paseo.
En un movimiento de fichas, sobre el que poco se ha hablado: Francisco Sardina sale por la puerta de atrás. Asumiendo la nueva capitana Elena Biurrun el liderazgo con mayor poder que el que ostentaba su predecesor. No es el primer cambio de fichas, pero sí el más notorio. Aunque, curiosamente una de las fichas sin función clara, continúa cercano al mando mientras engrosa su cuenta corriente. Porque para él y su cuadrilla no hay esfuerzo que hacer más que acumular ceros en sus cuentas corrientes.
Llegamos así, entre algún retraso en nóminas y pagas extras, como decía hasta 2025. No sin antes recordar, la venta de la sede institucional con vistas al Retiro, en una maravillosa jugada; venta a un fondo buitre para su posterior alquiler al mismo fondo.
2025 se inicia con la firma del ya mencionado anteriormente 16° Convenio de discapacidad y finaliza con la pérdida de los recursos de Alcorcón y Arganda y la propuesta entre otras medidas de una reducción salarial del 9% a la plantilla técnica.
Pero al salir a la luz los pliegos, ¡sorpresa! El salario de la directora de Alcorcón (los denominados mandos intermedios) es superior al de la alcaldesa de Rivas.
Pero el comité de dirección transmite en su gira del terror que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, por lo que suprimir el plus del 9% de experiencia a la plantilla técnica es irremediable y suman al órdago la renuncia a los EASC que gestionan por considerarlos insostenibles.
El anuncio de la medida de los EASC salta por encima el principio de buena fé en una negociación. Pero la intención como otras veces es claro; dividir a la plantilla, de manera que la pérdida de empleo de las 28 trabajadoras de los EASC y la amenaza de no subrogarlas haga » reflexionar» al resto de la plantilla.
La jugada estaba clara ; 28 trabajadoras enfurecidas y el resto asustadas firman las medidas. Pero no, el miedo va a cambiar de bando y la plantilla va a la huelga tras renunciar a negociar. Pero no olvidemos un detalle, en esta amenaza, sin parece ser validez jurídica, hay 230 personas atendidas que verían si atención cambiar de la noche a la mañana.
¿Dónde queda la misión de la entidad? Es fácil, €€€€.
Ni que decir tiene, las nóminas del comité de dirección no se conocen porque afirman que no se deben comunicar por no ser de interés.
Todo está historia se define rápidamente: el negocio de la salud mental.
Las trabajadoras lo tenemos claro; nuestro deber es no retroceder, que decía Non Servium.
Y no olvidéis, parafraseando a los mostoleños… Eso, de que esto ha terminado, eso está por ver…¡Resistir para existir! ¡Trabajadoras en lucha!









