OPINIÓN

Libertad para quien pueda pagarla

Artículo de opinión de Tania Darriba sobre la infrafinanciación de la educación pública en los presupuestos presentados por el Gobierno de Ayuso

Llevo más de diez años dando clase en la escuela pública madrileña. Ha visto pasar gobiernos, leyes y promesas. Pero lo de ahora ya no es descuido, es desprecio.

Los nuevos presupuestos de Ayuso vuelven a dejar claro que su prioridad no son nuestras alumnas y alumnos, ni sus familias, ni quienes sostenemos la educación con jornadas interminables y salarios congelados. Su prioridad es seguir engordando a la educación concertada con dinero público. Otros 40 millones más, como si el futuro de Madrid se jugara en las cuentas bancarias de los colegios privados.

Mientras tanto, en los centros públicos seguimos con ratios insoportables, aulas prefabricadas y falta de personal. Tenemos niños y niñas con necesidades especiales sin apoyos, profes que comparten hasta tres centros para cubrir horas y familias desesperadas porque no encuentran plaza en su barrio. Pero claro, Ayuso dice que esto es libertad.

Libertad es que un gobierno se desentienda de sus escuelas. Libertad es que las maestras compremos material con nuestro dinero. Libertad es que los colegios públicos se caigan a pedazos mientras se cede suelo público a empresas privadas para abrir más concertados.

Qué ironía más amarga, lo llaman libertad y es puro abandono disfrazado de ideología.

Estamos hartas de que nos digan que no hay dinero mientras vemos millones caer del cielo para quienes no lo necesitan. Harta de que nos tomen por ingenuas. De que nos pidan vocación cuando lo que hace falta es inversión.

La educación pública madrileña no necesita discursos sobre excelencia: necesita respeto, recursos y decencia política. Y, sobre todo, necesita que quienes nos gobiernan dejen de usarla como el resto de la sociedad usa un cajero: para sacar rédito y luego marcharse sin mirar atrás.

Porque no se puede hablar de libertad cuando se condena a miles de niñas y niños a conformarse con menos.

Y nosotras, las maestras y maestros de la pública, no vamos a quedarnos calladas mientras vacían de futuro nuestras aulas.

Porque la educación pública no es un gasto, es la mayor inversión en igualdad que puede hacer un país. Y cuando se abandona, no solo se destruye una escuela, se traiciona un futuro entero.

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