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OPINIÓN

Sección de cine, series y crítica con artículos de Mr. Bela Vhista.

Las Verdades del villano

La recomendación para julio de nuestro experto en cine, Mr. Bela Vhista.

En esta ocasión les ofrezco ver Heretic, de Scott Beck y Bryan Woods, un jugoso manjar que puede ser un «caballo de Troya» para sus mentes. Escondida tras una película de horror se encuentra una bomba de relojería subversiva que puede socavar sus creencias afianzadas. Si bien puede esperarse por la publicidad una película de terror al uso, con sus típicos sustos y demás trucos de manual para ponerte la piel de gallina (que los tiene), nos encontramos en el desarrollo de la misma algo ligeramente distinto a las obras de género de turno.

Contemplaremos a un Hugh Grant grandioso y manipulador, encantador de serpientes y émulo de Hannibal Lecter, que juega con sus víctimas, dos jóvenes evangelistas que vienen a predicar su mensaje celestial, y que visto en perspectiva, no tienen otra defensa que la de la fe ciega en algo que les han inculcado desde pequeñas. “Las cosas son así porque me lo dijeron mis padres”. ¿Por qué dudar de ellas?” ¿Les suena? De niños creemos en Reyes Magos y señores regordetes y barbudos vestidos de rojo con risa de Falstaff, y somos felices hasta que descubrimos el engaño. Tus progenitores o aquellos a los que has pillado con el carrito del helado justifican la farsa diciéndote que era para que vivieras una época muy bonita. Eso tiene un pase cuando se tienen diez años, más allá de esta edad seguir creyendo cosas así es tener miedo a evolucionar y una estafa que puede enfadarte mucho al descubrirla.

Eso es lo que se plantea en esta película a través de los diversos juegos que Hugh Grant muestra a sus cándidas mosquitas en su tela de araña, mientras les va mostrando ciertos hechos y verdades. Tranquilo y sin levantar la voz puedes ver como algo ominoso se va gestando en una trama que va in crescendo. Y lo que dice no sólo afecta a esas pobres chicas, sino que va dirigido directamente al espectador que, de repente, como un hachazo bien dado, se da cuenta de que lo que dice el villano, cambiando las creencias de esas pobrecillas por las propias, es una fotografía desnuda de su vida.

Hugh Grant tiene una libertad salvaje para poder meter el dedo en la llaga, como la tienen todos los villanos, atreviéndose a decir lo que los héroes no pueden exponer y callan. A veces pienso que este tipo de películas es un aviso a navegantes para que los espectadores no suelten lo que piensan y no se salgan del tiesto a menos que quieran sufrir el destino del pérfido villano que se ha atrevido a verbalizar nuestros pensamientos. Eso pasa en “Un día de furia” cuando Michael Douglas grita al sistema y luego lo tachan de loco (aunque lo sea) o en el mensaje de Matrix (la primera, la buena), que luego los mandamases de los estudios se han ocupado en borrar en sucesivas entregas, ahogándolas en estruendosos efectos especiales. La pregunta es la siguiente: Estas son las verdades del villano, ¿se atreven a escucharlas y asomarse al abismo?

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