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OPINIÓN

De pallasos, payasadas y vandalismo

Mi visita al quirófano 28: más de 30 horas en el Hospital Gregorio Marañón

Artículo de opinión del periodista Nino Olmeda, tras su ingreso hospitalario.

Estaba citado en el Hospital Gregorio Marañon para una cirugía de las glándulas salivales, consistente en la eliminación de un nódulo en la parte derecha del cuello: un tumor benigno.

Desde que fui informado de la intervención, una especie de miedo o jindama invadió todo mi cuerpo. Algo normal o natural en estos casos. Me tranquilizaron, entre otros, los doctores Ángel Frade y Pedro García Blanco, dos grandes amigos. Durante el recorrido desde mi domicilio en Rivas hasta el centro médico fui leyendo las noticias que copaban los informativos, entre ellas, el ático de Ayuso, las tardanzas de Sánchez en intervenir en Ceuta y el odio contra los inmigrantes, además del desahucio de Maricarmen de su hogar cercano al Gregorio Marañon, comprado por un fondo buitre.

Al entrar en el hospital, todo eso se desfiguró. En mi mente estaba el quirófano 28, que visité cuatro horas después de llegar a la oficina de admisión. Fui recibido por una enfermera de Colombia quien me acompañó hasta la habitación C422, varias jóvenes sanitarias caminaron junto a nosotros, una de Ecuador y otras dos de prácticas, ambas latinas, una de 17 años y otra de 20. Desde el primer momento que llegué a la que fue mi cama durante más de 30 horas todo fue cariño, profesionalidad, interés por mi jindama y palabras tranquilizadoras. Por mi habitación pasaron muchas personas sanitarias que hablaban conmigo y entre ellas. Oí decir que los Carlos en lo suyo son como los Javis en el cine. Estos últimos han conseguido que su película ‘La bola negra’ represente a España en los Oscar. Pensé que los Carlos eran artistas de cine, amantes de la literatura o científicos. Para nada, son cirujanos y médicos del departamento de Maxilofacial del Marañón, los que me intervinieron de mi patología. Y los que me visitaron al rato de mi llegada para darme cuenta de todo y para reducir mi jindama a niveles normales. Todo cariño, atención y profesionalidad pensando en el paciente impaciente por ser intervenido.

Materia prima de gran calidad que es la que salva la sanidad pública a pesar del desinterés de los responsables políticos de la Comunidad de Madrid encargados de la salud de los madrileños. El Gregorio Marañón es un excelente hospital que tiene unas instalaciones que dejan mucho que desear. La madre de mis hijas, Consuelo, cuando vino a visitarme dijo que estaba todo igual que hace 40 años cuando ella trabajó allí de enfermera.

La hora X se acercaba y me llevaron en camilla hasta la zona de quirófanos. La jindama se fue diluyendo cuando me vi escoltado por un ejército de sanitarios todos vestidos de naranja. Carmen, una soldado de la sanidad pública arrancó mi primera sonrisa: ‘Nino, entras en la zona de Guantánamo’, por los trajes similares a los de los presos de la CIA en la isla cubana.

La anestesista que se situó a mi izquierda en la camilla de la intervención quirúrgica me dijo que conmigo éramos nueve en el quirófano. Me contó que es de Azerbaiyán y que estudió en países distintos al suyo y me enteré de que se formó en el Hospital de La Princesa. Inmigrantes en la entrada, en el quirófano, contribuyendo con su esfuerzo y su trabajo al bienestar de España y sus habitantes. ¿Qué dirán los necios que denigran a las personas y hablan de la prioridad nacional de esta bella realidad inclusiva?

De pronto caí dormido y antes de cerrar los ojos vi a los Carlos, algún residente de tercer año y las doctoras de maxilofacial, algunas también residentes, y al resto de sanitarios que estaban en el quirófano. Antes de regresar a la habitación permanecí en una sala repleta de pacientes salidos de uno u otro quirófano. Me limité a despertar despacito, observar y escuchar todo lo que llegaba a mis oídos. Percibí además del buen trato que el personal sanitario está hasta las narices de la apatía de la Consejería de Sanidad ante sus quejas y demandas, justas sin duda.

Yo, que deambulo con muletas, fui recibido al entrar en la habitación por mis dos apoyos-muletas de siempre-, mis hijas Leire y Azeguiñe, quienes se habían encargado de que recibiera el ánimo de mis nietos Suriñe y Logan, guiados por su padre, el koleguita Jorge.

La primera noche apena dormí porque estaba pendiente de que la bolsita de drenaje no se moviera. No me faltó de nada. Enfermeras, médicos y medicas y demás personal sanitario todo el rato pendientes de los dos pacientes que estábamos en la misma habitación. Mañana, tarde y noche trabajando para atender a los pacientes y la Consejería de Sanidad sin darse cuenta de la materia prima de primera calidad que trabaja en nuestros hospitales y centros de salud. ‘Falta personal’ es la frase más repetida que llegó a mis oídos durante mi estancia en la planta que me correspondió. También que desde hace muchos años no se convocan plazas.

Se me ocurrió preguntar si a alguien le sonaba el nombre de la actual consejera de Sanidad y una voz dijo que ‘solo me suena cuando me suena el despertador para ir a trabajar’. Otra voz recordó a Enrique Ruíz Escudero, del que dijo ha sido el mejor consejero de Sanidad. Nadie recuerda por cierto el excelente trabajo que realizó Pedro Sabando a favor de la salud de los madrileños durante el Gobierno de Joaquín Leguina. Eso fue hace 30 años. Desde entonces nos gobierna el PP.

El alta me la informó unos de los Carlos, el residente de tercer año, que me dio las instrucciones necesarias para la correcta evolución de mi intervención. Antes de este acto, sentí una gran vergüenza. Tuve que acudir al WC a defecar y pregunté si el cuarto de baño estaba adaptado y era accesible para personas con discapacidad y problemas de movilidad. La respuesta fue negativa pero dos sanitarias, una de Villa del Prado, con más de 20 años de experiencia, y otra de Ecuador, más jovencita, me dijeron que con su ayuda podría hacer mis necesidades evacuatorias. Me ayudaron a sentarme en una taza de wáter excesivamente baja y a levantarme. Sentí vergüenza, respeto y cariño de dos grandes profesionales. Comprobé que las leyes de accesibilidad y para personas con movilidad reducida no se cumplan en un gran hospital de la Comunidad de Madrid.

¿Y de esto que opina Isabel Díaz Ayuso, la que dice que la mejor sanidad del mundo es la que proporcional su Gobierno? No les da vergüenza desaprovechar miles de excelentes sanitarios, mantener el lema de ‘falta personal’ y presumir de no sé qué, mientras no se puede cagar en un váter donde se pierde el respeto a la discapacidad y al personal sanitario que tanto hace para mantener la dignidad de nuestros hospitales.

Gracias a todos y de manera especial a todos los Carlos de la sanidad pública, no solo a los de maxilofacial.

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