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Mudarse en Madrid no significa cambiar de clase: un estudio revela cómo la vivienda reproduce la segregación entre barrios y municipios

El racismo en el mercado español de alquiler de vivienda

La investigación de Pedro Uceda-Navas, Daniel Sorando y Margarita Barañano-Cid analiza casi dos millones de salidas residenciales de Madrid entre 2013 y 2019 y concluye que las personas con menos recursos tienen menos margen para alejarse de su entorno, mientras las de mayor nivel educativo disfrutan de una movilidad mucho más amplia.

Cambiar de casa no significa necesariamente cambiar de vida. En Madrid, y especialmente para quienes parten de los barrios más vulnerables, mudarse suele significar permanecer dentro de un espacio social parecido al de origen. Para quienes tienen más recursos y estudios superiores, en cambio, el mapa de posibilidades residenciales es mucho más amplio.

Es una de las principales conclusiones del estudio «Los (des)anclajes socio-espaciales: movimientos residenciales y desigualdad en el área metropolitana de Madrid», publicado en mayo de 2025 en la Revista INVI. El trabajo está firmado por Pedro Uceda-Navas, de la Universidad Complutense de Madrid; Daniel Sorando, de la Universidad de Zaragoza; y Margarita Barañano-Cid, de la Universidad Complutense.

La investigación estudia los movimientos residenciales que tuvieron como punto de partida el municipio de Madrid entre 2013 y 2019, incorporando algo que, según sus autores, faltaba en buena parte de los estudios anteriores: no limitarse a los cambios dentro de la capital, sino seguir también a quienes se marcharon a otros municipios de la Comunidad de Madrid, a otras comunidades autónomas o al extranjero.

El barrio de origen pesa mucho a la hora de elegir destino

Los investigadores dividen los distritos madrileños en tres grandes grupos según su nivel de vulnerabilidad: no vulnerables, en transición y vulnerables. Después cruzan esa clasificación con el nivel educativo de las personas que cambian de domicilio y con la distancia geográfica de sus movimientos.

El resultado dibuja una ciudad donde los desplazamientos residenciales siguen unos «cauces socioespaciales»: las personas tienden a mudarse hacia territorios que son social y geográficamente próximos a aquellos de los que proceden. En otras palabras, la movilidad residencial tiende a reproducir la segregación existente en lugar de romperla.

El dato más contundente es que alrededor del 70% de las salidas producidas entre 2013 y 2019 tuvieron como destino otro punto del propio municipio de Madrid, independientemente del tipo de distrito de procedencia.

Entre quienes salieron de distritos no vulnerables fueron 388.329 personas, el 67,1% del total de salidas de ese grupo. En los distritos en transición fueron 474.208, el 69%, mientras que entre los vulnerables alcanzaron las 595.479, el 68,5%.

La diferencia aparece con más claridad cuando se observa qué ocurre después.

Las salidas hacia el área metropolitana fueron el 13,3% entre quienes procedían de distritos no vulnerables, el 12,8% entre los de transición y el 15,5% entre quienes vivían en distritos vulnerables. En cambio, marcharse al extranjero fue más habitual entre quienes procedían de zonas no vulnerables: 6,1%, frente al 3,6% de quienes partían de distritos vulnerables.

Para los autores, estas diferencias reflejan distintos grados de libertad residencial.

Los estudios superiores abren más puertas

El nivel educativo introduce una segunda brecha.

Las personas con estudios superiores presentan una mayor propensión a realizar movimientos de mayor escala, incluyendo desplazamientos a otras comunidades autónomas y al extranjero. Los movimientos internacionales son aproximadamente el doble de frecuentes entre quienes tienen estudios superiores que entre quienes cuentan con estudios primarios, y llegan al 8% del total de salidas en el caso de quienes proceden de distritos no vulnerables.

Dentro de Madrid, sin embargo, ocurre lo contrario: los movimientos internos tienen más peso entre quienes poseen estudios primarios, especialmente cuando proceden de barrios vulnerables.

La diferencia resulta especialmente visible en estos últimos: el 85% de las personas con estudios primarios que se mudan desde un distrito vulnerable permanecen en otro distrito vulnerable. Solo el 4,9% termina en un distrito no vulnerable.

Entre quienes proceden de distritos vulnerables pero tienen estudios superiores, la permanencia en zonas vulnerables baja al 65,6%, mientras que aumenta hasta el 34,4% la proporción que se desplaza hacia zonas en transición o no vulnerables.

La fotografía es, por tanto, bastante clara: cuanto menor es la posición social, más estrecho resulta el campo de elección residencial.

Madrid también está segregada por dentro

El estudio encuentra además una fuerte correspondencia entre el tipo de barrio de origen y el de destino.

Las personas procedentes de distritos vulnerables suelen terminar en otros distritos vulnerables; quienes parten de zonas no vulnerables tienden a permanecer en ellas; y los distritos en transición funcionan como un espacio intermedio y más permeable.

Pero incluso dentro de esta estructura hay diferencias importantes.

Las personas con estudios superiores procedentes de zonas no vulnerables muestran una mayor capacidad para permanecer en las áreas centrales y privilegiadas. Las personas con estudios primarios procedentes de esos mismos distritos tienen una mayor presencia en determinadas zonas periféricas del norte, aunque se trata de una periferia relativamente privilegiada.

En el extremo contrario, quienes parten de distritos vulnerables y tienen estudios primarios muestran una pauta mucho más concentrada. Sus destinos se localizan principalmente en barrios de Puente de Vallecas, Villa de Vallecas, Usera, Carabanchel y Villaverde. El centro y el norte de Madrid aparecen prácticamente fuera de sus itinerarios residenciales.

Los investigadores hablan así de «anclajes socio-espaciales»: permanecer dentro de un entorno social parecido al de origen.

Y ese anclaje no siempre responde a una preferencia. Puede estar provocado por la falta de alternativas económicas o por la necesidad de mantener cerca las redes familiares que proporcionan cuidados y apoyo cotidiano.

El salto a la periferia tampoco es igual para todos

La investigación adquiere especial interés cuando abandona los límites administrativos de Madrid y observa qué ocurre en el conjunto del área metropolitana.

El patrón territorial reproduce, a grandes rasgos, la conocida división entre un noroeste más privilegiado y un sur y sureste con mayores niveles de vulnerabilidad.

Entre quienes proceden de distritos no vulnerables y tienen estudios superiores destacan como destinos Pozuelo, Majadahonda, Las Rozas, Torrelodones y Villanueva de la Cañada. Quienes tienen estudios primarios y parten de esos mismos distritos se desplazan más hacia el noreste, con municipios como Alcobendas, Algete, Colmenar Viejo o San Sebastián de los Reyes.

En cambio, las personas procedentes de distritos vulnerables siguen otro eje.

Quienes tienen estudios superiores aparecen especialmente en municipios del sur y oeste como Alcorcón, Arroyomolinos, Navalcarnero, Pinto o Rivas. Para quienes tienen estudios primarios, el destino se concentra todavía más claramente en municipios meridionales como Leganés, Getafe, Fuenlabrada, Móstoles o Parla.

Además, dentro de cada uno de estos ejes, a menor nivel educativo aumenta la distancia respecto a Madrid capital. Los autores consideran que este resultado aporta evidencia a la tesis de la denominada «suburbanización de la pobreza» a escala metropolitana.

Una ciudad donde mudarse no ofrece las mismas opciones

La conclusión de Uceda-Navas, Sorando y Barañano-Cid no es que todos los cambios de vivienda sean movimientos forzados. Existen desanclajes voluntarios y trayectorias que permiten cambiar tanto de espacio como de posición social.

Pero esa posibilidad está distribuida de manera desigual.

Los autores distinguen entre anclajes, cuando la movilidad mantiene a las personas en territorios socialmente próximos; desanclajes, cuando permite romper esos cauces; y desplazamientos forzados relacionados con un mercado inmobiliario que expulsa a quienes no pueden seguir pagando el coste de permanecer en determinadas zonas.

Su conclusión es especialmente relevante para entender la Madrid metropolitana actual: la movilidad residencial no es necesariamente lo contrario de la segregación. Muchas veces es uno de sus mecanismos de reproducción.

Los movimientos desde los barrios vulnerables hacia otras zonas vulnerables del municipio o hacia municipios meridionales del área metropolitana mantienen buena parte de las fronteras sociales existentes. Mientras tanto, quienes cuentan con mayor nivel educativo y recursos disponen de un abanico territorial más amplio para escoger dónde vivir.

La vivienda, por tanto, no solo determina dónde duerme cada vecino. También condiciona hasta dónde puede desplazarse, qué redes puede conservar, qué oportunidades residenciales tiene a su alcance y con qué grupos sociales comparte su vida cotidiana.

El artículo de Pedro Uceda-Navas, Daniel Sorando y Margarita Barañano-Cid, publicado como Los (des)anclajes socio-espaciales: movimientos residenciales y desigualdad en el área metropolitana de Madrid, concluye que estas trayectorias entre 2013 y 2019 terminaron, en buena medida, reproduciendo la segregación residencial madrileña, aunque con distintos grados de libertad según la posición social y educativa de quienes se mudaban.

Referencia académica: Uceda-Navas, P., Sorando, D. y Barañano-Cid, M. (2025). Los (des)anclajes socio-espaciales: movimientos residenciales y desigualdad en el área metropolitana de Madrid. Revista INVI, 40(113), 85-115. DOI: 10.5354/0718-8358.2025.75573.

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