OPINIÓN

Las diferencias en la salud mental de mujeres y hombres

Mujeres Singulares en Plural: Duoda

Artículo de Esperanza Negueroles sobre la vida de una pionera de la pedagogía, autora de la única obra conservada del siglo IX escrita por una mujer

En las sagas y los cantares de gesta de los siglos IX al XII aparecen viudas de la élite guerrera y terrateniente solas, necesitadas de protección; también las retratan como madres fieles partidarias de sus hijos. Además de los relatos de los poetas han llegado hasta nuestros días los escritos de una mujer de la nobleza, madre de un guerrero.

Duoda escribió el primer tratado pedagógico redactado por una mujer en la Edad Media occidental. Era una noble de la estirpe carolingia que nació el año 803 y, según nos cuenta, se casó el veintinueve de junio del 824 en la capilla palatina de Aquisgrán con Bernardo de Gothia, primo de Carlomagno, conde de Septimania. A la edad de 15 años se convirtió en marquesa de Septimania y condesa de Barcelona, Girona, Ampurias y Rosellón. Su suegro, Guillermo (luego san Guillermo) de Gerona, era primo hermano de Carlomagno por lo que Bernardo se convirtió en uno de los combatientes por el poder real en el mundo de intrigas de Luis I el Piadoso y sus hijos. A Bernardo se le confió el cuidado de la Marca Hispánica.

Al principio, Duoda acompañaba a su marido en sus viajes y expediciones militares; no se sabe al cabo de cuánto tiempo, Bernardo la mandó a vivir a Uzès. Tampoco se sabe cuál fue la razón principal que tuvo para enviarla allí, podría haber sido su utilidad política para los objetivos a que él aspiraba, por su seguridad personal o incluso que él estuviera harto de ella y se hubiera convertido en el amante de la emperatriz Judith, segunda esposa de Luis I, como sostenían algunos nobles enemigos de él.

Duoda vivió como una viuda mientras su marido estaba en la guerra o en el destierro y aprendió a vivir sola, a gobernar los campos y a pedir préstamos a cristianos y judíos para armar a su marido. Parece que Bernardo fue poco hábil o afortunado en la elección de sus preferencias dinásticas y que su mujer se endeudó con prestamistas cristianos y judíos con el fin de mantener las campañas militares de Bernardo. Ella lo describe así:

“Reconozco que me he cargado de deudas. Para hacer frente a sus muchas necesidades, he tenido que pedir prestadas grandes sumas no sólo a cristianos sino también a judíos. He devuelto lo que he podido y siempre que pueda, seguiré devolviéndolo. Pero si después de morir yo quedase alguna deuda por saldar, te pido y te ruego que tú mismo te enteres, con toda diligencia, de quienes son mis acreedores. Cuando los hayas encontrado, procura que se les pague todo, no sólo con mis propiedades, si algo he quedado, sino también con las tuyas, las que poseas o, con la ayuda de Dios, justamente obtengas”.

En Uzès nació, el veintinueve de noviembre del 826, su “deseadísimo” hijo Guillermo. Casi inmediatamente después de morir Luis I el Piadoso en junio de 840, Bernardo fue a visitarla a Uzès y volvió a dejarla embarazada; su segundo hijo nació el veintidós de marzo de 841. Para hacer las paces con el nuevo monarca, Carlos el Calvo, le envió a su hijo Guillermo, como muestra de buena fe; Duoda escribió al respecto: “En efecto, me he enterado de que tu padre, Bernardo, te ha confiado al cuidado del rey Carlos. Te exhorto a que cumplas con tu noble deber con perfecta voluntad.” Posteriormente, antes de que su segundo hijo hubiese cumplido medio año, incluso sin haberlo bautizado, “Bernardo padre y señor de ambos, hizo que lo llevaran a su presencia a la región de Aquitania”.

Duoda, separada de su marido y de sus hijos, acudió a la escritura para aliviar su dolor, consolarse en su destierro e intentar mantener un contacto directo con su hijo mayor que ya tenía quince años. Redactó un Liber Manualis (Libro manual), o sea, un libro para llevar y tener a mano con consejos religioso-morales y prácticos. En parte es el reflejo de sí misma lo que hace de este “espejo” una obra conmovedora y única. Es un escrito de amor en la distancia y en la pérdida; quería que la recordase y se educase según su deseo. Proyectaba la realización de Guillermo en tanto que perfecto noble y padre de familia, rebosante de las virtudes y cualidades de su forma de vida aristocrática que debían estar abiertas hacia la vida eterna. Aunque lo redactó en un latín poco ortodoxo y a veces incorrecto, la medievalista Régine Pernoud, mantiene que era una mujer extremadamente culta, en cuya obra se percibe ciertas influencias de lenguas como el hebreo, el latín, así como de las germanas y occitanas.

La vertiente trágica de la soledad de Duoda se puso de manifiesto desde el primer momento en que llama a Guillermo por su nombre:

“Sabiendo que la mayoría de madres del mundo disfruta de la compañía de sus hijos y viéndome yo, Duoda, apartada de ti, Guillermo, hijo mío, por ello, angustiada y deseosa de ser útil, te envío este opúsculo escrito para que lo leas y sirva para tu formación a modo de espejo, contenta de que, aunque yo esté físicamente ausente, la presencia de este libro te haga reflexionar, al leerlo, en lo que debes hacer por mí.”

Las emociones tan frecuentes en la poesía medieval ella las encarriló de modo práctico y sereno convirtiendo la ansiedad en un deseo de “ser útil”.

“Yo, Duoda, aunque de sexo débil, viviendo indignamente entre las dignas soy, pese a todo, tu madre, Guillermo, hijo mío, y a ti se dirige ahora el discurso de mi manual, porque, igual que, de entre todos los pasatiempos, los dados parecen el más elegante y apropiado para los jóvenes, o al igual que algunas mujeres acostumbran mirarse en los espejos para eliminar de su rostro las imperfecciones y mostrar su piel resplandeciente para complacer a sus maridos, así quiero yo que tú, apabullado por multitud de ocupaciones temporales y mundanas, leas a menudo este librito que te envío y, en memoria mía, como si fuese un juego de dados o un espejo, no te olvides de él.”

El libro de Duoda constituye la única obra existente de una mujer europea del siglo IX, es también gracias a ella que se conocen aspectos muy concretos de su autora. En su guía para el joven citaba a los padres de la Iglesia y construía sus frases según la literatura didáctica de la época. Sin embargo, se distinguía el amor y el interés por su hijo en medio de las formas y referencias tradicionales. Este libro escasamente conocido tuvo una importante repercusión pues contribuyó en la educación de su nieto, Guillermo de Aquitania, conocido como Guillermo el Piadoso, que en 910 fundó la abadía de Cluny (símbolo de la reforma gregoriana que fue la orden más rica e influyente de la Edad Media y con su construcción se creó y extendió el arte románico).

Ella misma escribió meticulosamente que lo empezó el treinta de noviembre del 841, casi justo después de que le fuese arrebatado su segundo hijo aún sin bautizar y lo terminó el dos de febrero del 843, sin saber todavía qué nombre le habían puesto pese a que ya tenía casi dos años. Recomienda a Guillermo que “Cuando tu hermano pequeño, del que ahora mismo no sé ni el nombre, reciba el bautismo, no dejes de enseñarle, quererle y animarle a actuar con rectitud, y muéstrale este pequeño manual que escribo para ti, con tu nombre, cuando él llegue a la edad de hablar y leer».

Comienza el libro manual que dedicó a su hijo Guillermo con estas palabras:“A la mayor parte de las madres de este mundo les es dado gozar de la proximidad de sus criaturas, mientras yo, Duoda, me veo tan lejos de ti, hijo mío Guillermo, y por ello llena de ansiedad y de deseo de serte útil; por ello, te envío esta obrita escrita partiendo de mi nombre, para que la leas y te formes; me alegraré si, aunque yo esté corporalmente ausente, precisamente este librito te hace pensar, cuando lo leas, en lo que, por amor de mí, debes hacer.”

Duoda, aunque “lejos”, está “ansiosa y deseosa de ayudarle. Le envía estas palabras para asegurarse de que “a pesar de no poder hablar contigo cara a cara, cuando leas estas páginas sabrás lo que debes hacer”. Así, le advierte: “Vivimos malos tiempos, hijo mío. Temo que el desastre os alcance a ti y a tus soldados en lucha. Te encontrarás con hombres ambiciosos para sus propios fines, avaros, arrogantes, desobedientes, que sirven al mundo en lugar de al Señor de todas las cosas.”

Duoda escribió sobre su propia fragilidad manifestando que se encontraba débil y llegó a redactar su propio epitafio. A menudo en su libro dice encontrarse a las puertas de la muerte y también cuenta sus temores con respecto a su seguridad. Se carece de datos sobre si después de que lo acabara en 843 vivió mucho más tiempo; según algunos textos, murió ese mismo año.

Es muy probable que desconociera que, tras el tratado de Verdún firmado en ese mismo año, Carlos el Calvo emprendió una campaña definitiva contra Bernardo que acabó acusado de alta traición y ejecutado en Tolosa. Su hijo Guillermo había sido capturado en el 847 por los normandos y tras recuperar su libertad había sido nombrado por Pipino II conde de Barcelona. Unido precisamente a la revuelta de la nobleza a favor de este, había entrado en Barcelona con soldados árabes y sitiado Girona. El apoyo a Pipino y sus alianzas con Abderramán contra Carlos el Calvo, provocaron que, una vez derrotado, fuera ejecutado en Barcelona en el 850 a la edad de 24 años. El hijo menor, Bernardo, tuvo que huir y murió en el año 872 a la edad de treinta y un años.

Hacia el final del Manual, Duoda trata de formular el ideal cristiano-aristocrático en una serie de estrofas:

Ayuda a menudo a viudas y a huérfanos,

da de comer generosamente a los desconocidos,

otorga tu hospitalidad; a los desnudos, dales ropas

con tus manos.

En los pleitos sé juez justo y cabal,

no aceptes presente de mano alguna,

no oprimas a nadie: por ello el Benefactor

te recompensará.

Generoso en tus dádivas, siempre alerta y prudente,

Esforzándote amablemente por ser acorde con todos,

alegre de corazón: todo ello tu rostro Reflejará.

Aquí plasmó una formulación primeriza del deber específico del caballero: ayudar y proteger a los indefensos y a los débiles, así mismo hay que ser un juez incorruptible y no un opresor. Pero es la combinación de amabilidad hacia todos los seres humanos con una alegría interior lo que da origen a este noble comportamiento y conduce, de forma más decisiva, al mundo de los valores corteses que hasta hoy se han asociado con una época mucho más tardía, sobre todo con el siglo XII.

Al final del libro, Duoda experimenta unas dificultades y vacilaciones parecidas a las que había tenido al principio. Incluye los nombres de aquellos por los que se debe rezar y escribe el epitafio que han de grabar en su tumba.

En la actualidad lleva el nombre de DUODA el Centro de Investigación de Mujeres de la Universidad de Barcelona y del Parque Científico de Barcelona. Así mismo publican la revista DUODA en la que se difunden las investigaciones de las mujeres que forman parte del Centro, ofreciendo un espacio de reflexión, debate político y científico a todas aquellas personas interesadas en los estudios feministas.

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