Artículo de Yolanda Barreno (El Abrazo del Oso) para el número de abril de la Revista Zarabanda.
La rebelión de los obreros contra la burguesía se desarrolló en varias fases: primero fue el crimen, después la “rebelión contra las máquinas”, y, por último, la formación en 1824 de las llamadas “trade unions”: primeros sindicatos de oficios cuyos objetivos eran fijar el salario y negociar “en masa” con los patronos. Las consecuencias fueron una serie de mejoras para los obreros de las fábricas (que lograron límites en su jornada laboral) y los tradeunionistas (que consiguieron una serie de mejoras para los varones adultos).
En el último tercio del siglo XIX el sindicalismo crece en Inglaterra, donde surge también el partido obrero a finales de siglo. Todos estos movimientos dejaron al margen las reivindicaciones femeninas, limitándose a establecer una serie de “leyes protectoras” para las trabajadoras de la industria sobre jornadas máximas, asistencia médica, subsidio por embarazo, hora de lactancia y prohibición de desempeñar determinados oficios. Además, los propios sindicatos defendían la idea de que las esposas debían mantenerse en los hogares para no competir con los trabajadores varones, afirmando también que las mujeres no eran físicamente capaces de desarrollar el mismo trabajo que los hombres, que en las fábricas había grandes peligros para su moralidad, y que las mujeres obreras podían llegar a ser socialmente asexuadas e incluso “castrar” a sus maridos si pasaban demasiado tiempo ganando dinero fuera de casa, como también convertirían en impotente su lucha contra el capitalismo.
Así las cosas, las mujeres se enfrentaban a un doble problema a la hora de participar en la lucha obrera: por un lado, reclamar una mejora de sus condiciones laborales; por otro, luchar contra esa idea de que la mujer debía estar dentro del hogar. Al no ser bienvenidas en los sindicatos obreros, decidieron luchar por sus propios derechos y comenzaron a formar sus propios sindicatos, formados principalmente por trabajadoras del sector textil, vestimenta, tabaco y calzado. Participaron también en sindicatos mixtos, si bien en este caso subordinadas a los intereses de los varones.
Pioneras en esta lucha van a ser las trabajadoras de la fábrica de cerillas Bryant & May, situada en Bow, al este de Londres, que trabajaban en condiciones infrahumanas, sometidas a enfermedades y malos tratos. La empresa intentó que las trabajadoras firmaran un comunicado indicando que estaban contentas con las condiciones de trabajo que tenían, pero, ante la negativa de algunas de ellas a hacerlo, reaccionó despidiendo a las que consideraba las tres cabecillas. Ante esta situación, las 1400 obreras de la factoría decidieron ponerse en huelga e incorporaron a su demanda una mejora en sus condiciones laborales, eligiendo de entre ellas una delegación con varias representantes que, tras una marcha por el centro de Londres, consiguieron entrevistarse con tres diputados en el Parlamento. Sus peticiones fueron atendidas, consiguieron que se recontratara a las despedidas, que dejaran de imponérseles multas injustas y que pudieran contar con un espacio para comer alejado del polvo de la fábrica.
La huelga sirvió para afianzar la unión y la solidaridad entre las trabajadoras y de ahí surgirá el primer sindicato de mujeres inglés (Sindicato de Mujeres de las Cerillas). La Liga de Protección y Providencia de Mujeres que se había fundado en 1874 desembocó en la llamada Liga de Sindicatos de Mujeres, cuya secretaria, Clementina Black, presentó en ese mismo año (1888) la primera resolución exitosa de igualdad salarial en el Congreso de Sindicatos (TUC); la Liga hizo campaña para la extensión de la legislación protectora para las mujeres y se convirtió en un verdadero TUC no oficial para ellas, disolviéndose en 1921 cuando se formó el llamado Grupo de Mujeres Trabajadoras. Otras organizaciones importantes fueron el Gremio Cooperativo de Mujeres formado en 1883 y la Federación Nacional de Mujeres Trabajadoras, fundada en 1906.
En cuanto a los varones, un año después de la huelga de las cerilleras, en 1889, el testigo fue recogido por los estibadores del Támesis, y las protestas se extiendieron por toda Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda. Es el germen del movimiento obrero que desembocará, posteriormente, en la fundación del Partido Laborista británico en 1906.
Mientras esto sucedía en Inglaterra, en Norteamérica se desarrollaba rápidamente la industria y una nueva clase obrera que pronto comenzó a reivindicar sus derechos laborales. Así, el 8 de marzo de 1857 se organiza en Nueva York una huelga de trabajadores del sector textil, reclamando la mejora de sus condiciones salariales, el aumento de sus salarios, la jornada de diez horas y la igualdad de derechos para las mujeres. La policía intervino disolviendo y deteniendo a las manifestantes, pero dos años después estas mujeres habían creado su primer sindicato para protegerse y conseguir alguno derechos laborales. Cincuenta y un años más tarde, en 1908, una nueva huelga de las obreras textiles llevó a las calles de Nueva York a más de 15.000 mujeres que bajo el lema Pan y rosas1 reclamaban lo mismo que sus antecesoras, solicitando además la igualdad salarial con los varones, el derecho al voto, el disfrutar de un tiempo para la lactancia y la prohibición del trabajo infantil. Una parte de las huelguistas estaba formada por las 130 trabajadoras de la fábrica Sirtwoot Cotton, que decidieron secundar la huelga ocupando la fábrica en la que trabajaban. El propietario de la misma ordenó cerrar las puertas, dejándolas allí encerradas, y provocar un incendio con la intención de que las trabajadoras se retractaran de su actitud, pero algo salió mal y el incendió se descontroló, abrasando a las trabajadoras que estaban en el interior.
Dos años más tarde, en 1910, se celebró en Copenhague una conferencia internacional entre organizaciones socialistas del mundo donde se propuso celebrar el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como homenaje a la memoria de las trabajadoras fallecidas en la fábrica neoyorkina. Aprobado por unanimidad, este Día de la Mujer trabajadora se celebró por primera vez al año siguiente en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mitines que contaron con la participación de más de un millón de personas.
1El pan simbolizaba la seguridad económica, y las rosas, una mejor calidad de vida.









