Artículo de opinión del periodista Nino Olmeda.
Llevo muchos años viviendo en Rivas-Vaciamadrid y, a pesar de ser persona curiosa, nunca había entrado a la Biblioteca Gloria Fuertes. Quizás porque al no ser ya estudiante ni tener necesidad de espacios tranquilos para estudiar en días de exámenes no tuve esa necesidad. También porque suelo ser un constante comprador y lector de libros y nunca pensé en acudir a esta biblioteca para tomar libros prestados. Solo conocía su entrada cuando pasaba en mi vehículo por esa calle o cuando acudía cada año a la Feria del Libro, que se instala en los exteriores con cada vez más casetas y público.
Un buen amigo desde hace décadas y vecino de Rivas, Batichelo, y ‘langui’ como yo, se ofreció a llevarme a la Gloria Fuertes. Mientras él entregaba libros ya leídos y se llevaba algunos más, yo me hice el carné de socio. La atención y el trato de las trabajadoras, excelente y exquisito. Primera impresión nada más pisar la entrada, después de observar los murales de la fachada con atención: Me pareció un refugio cultural lleno de luz natural, donde su ambiente diáfano invita a la lectura y al estudio. Además, sentí que deambulaba en un entorno totalmente inclusivo y accesible para que cualquier persona, sin importar sus capacidades, pueda disfrutar plenamente de esta oferta cultural. Batichelo me susurró al oído, porque el silencio es una norma durante su recorrido, que su luminosidad es una ventaja para personas como él, que tienen problemas de visión.
Ya en la calle, al dejar el recinto cultural, me comentó que la Biblioteca Gloria Fuertes brilla por su luz y su enorme variedad de libros y películas. Añadió que lo mejor es que está diseñada pensando en todos: su accesibilidad es excelente, lo que hace que sea un espacio realmente acogedor y abierto para todo el mundo. Cada vez tengo más claro que la accesibilidad lo cambia todo y hace que un lugar sea realmente acogedor. Lo mejor de la Biblioteca Gloria Fuertes, además del disfrute de libros y vídeos, es que está totalmente diseñada sin barreras arquitectónicas; cuenta con rampas accesibles que conectan sus dos plantas, permitiendo que cualquiera pueda moverse con total libertad y comodidad.
A mi juicio, la Gloria Fuertes es un ejemplo claro de accesibilidad y diseño universal. Este modelo debería ser tenido en cuenta por todas las administraciones, también el Ayuntamiento de Rivas. Recuerdo con pesar la eliminación de una plaza pintada de azul para personas con distintas capacidades en la calle Lago Larda, esquina con la avenida Levante. Facilitaba el acceso a la parte alta de la calle, con rampa incluida, para visitar uno de los bares y el local donde se puede adquirir lotería. Ahora es más difícil hacer lo que hacía antes porque es complicado aparcar en esa calle. El amargor de aquel momento fue desapareciendo según recorría los pasillos de la Gloria Fuertes.
El Ayuntamiento debe tomar nota para hacer una ciudad totalmente accesible.




