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OPINIÓN

Vivienda como derecho, juventud como prioridad

JSE: 120 años de rebeldes e inconformistas

Artículo de opinión de Jorge Pastrano, secretario general de las Juventudes Socialistas de Rivas (JSR)

Hace 120 años nació una organización incómoda formada por jóvenes que entendieron que militar significaba tomar partido. Desde entonces, las Juventudes Socialistas de España han sido muchas cosas, pero nunca una organización conformista. Tomás Meabe entendió muy pronto que la juventud trabajadora no podía limitarse a esperar pacientemente su turno mientras otros decidían por ella. Y precisamente por eso nacieron las JSE, como una herramienta de acción política, formación y transformación social.

Quizá ahí siga estando la esencia, en incomodar, empujar y en cuestionar incluso a los nuestros cuando hace falta. Porque la historia de JSE siempre ha convivido con el debate permanente entre ser la mera correa de transmisión del PSOE o ser su conciencia y masa crítica. Seguramente si seguimos existiendo 120 años después es precisamente porque nunca aceptamos del todo convertirnos en lo primero.

Las Juventudes Socialistas no nacieron para asentir, nacieron para abrir camino y defender ideas que muchas veces parecían imposibles o incómodas para el partido hasta que, años después, terminaban convirtiéndose en sentido común y llegando hasta el BOE. Esta es una realidad que cualquier militante conoce bastante bien, pues lo que primero aparece en una resolución o enmienda de una asamblea local, acaba tarde o temprano formando parte de la agenda política del socialismo español. Grandes conquistas sociales como el matrimonio igualitario o el derecho a una muerte digna tienen el sello de Juventudes Socialistas.

Por eso debemos reivindicar siempre nuestro papel de vanguardia ideológica, y también asumir que, si el partido nos compra demasiado rápido una propuesta, probablemente no lo estemos haciendo del todo bien. Las conquistas políticas y sociales nunca han nacido de la comodidad. Se consiguen peleando y, sobre todo, insistiendo. Se consiguen siendo incómodos hasta que ya no pueden ignorarte más.

Un hombre con camisa azul claro habla desde un podio. Detrás de él hay una pancarta roja con el logotipo de JSR y texto en español que hace referencia a los rebeldes, mientras que a la izquierda se ve parte de una pancarta azul con JSE y texto en blanco.

A veces existe la tentación de convertir Juventudes en una simple cantera institucional o en una grada joven que aplaude y queda genial en la foto. Y debemos negarnos rotundamente a eso. La lealtad política nunca puede ser obediencia ciega, y mucho menos intercambio de silencios por expectativas personales. Las organizaciones juveniles se vacían por completo cuando dejan de tener proyecto colectivo y empiezan a funcionar como salas de espera de un cargo, una lista o un puesto de trabajo. Además, casi siempre quienes aceptan ese juego descubren demasiado tarde que las promesas se las lleva el viento.

La fuerza de Juventudes está en otra cosa completamente diferente. Está en mantener la autonomía política, la capacidad crítica y la conexión con la calle. No podemos permitirnos el lujo de perder la perspectiva de clase, ni permitir que la institucionalidad nos haga olvidar de dónde venimos y para qué existimos. Gobernar es importante, por supuesto, pero la izquierda solo avanza cuando además de gobernar mantiene el pulso social, el conflicto democrático y el contacto con la juventud trabajadora.

En Rivas sabemos mucho de esto, pues durante años insistimos en la ampliación de los horarios de las bibliotecas municipales. Pero desde el Ayuntamiento nos dijeron mil veces que no se podía, que era inviable o que no era prioritario. Y al final se pudo, ¡claro que se pudo! Fue posible porque hubo jóvenes organizados empujando hasta convertir esta reivindicación en una realidad. Y esta es una de las mayores enseñanzas que deja Juventudes. Las cosas no cambian porque alguien las conceda amablemente, sino porque hay gente organizada dispuesta a pelearlas hasta el final.

Para mí, es un orgullo estar al frente de una organización que recobró actividad en 2019 con apenas cuatro personas y que hoy supera la barrera de los veinticinco militantes. Y no hay ningún secreto ni fórmula mágica detrás. Las Juventudes Socialistas de Rivas hemos funcionado porque entendimos que la política juvenil solo tiene sentido cuando construyes familia, cuando das espacio a todo el mundo y cuando nadie siente que tiene que pisar al de su lado para poder crecer. Nuestra manera de entender la política es compartir los espacios, remar juntas y hacer equipo. Porque frente a una cultura política cada vez más individualista, reivindicar lo colectivo es casi un acto de resistencia. También por eso vivimos con enorme orgullo que un ripense como Omar Anguita fuese Secretario General de Juventudes Socialistas de España entre 2017 y 2021, siendo una brújula para muchos de nosotros.

120 años después de Tomás Meabe, las formas y el contexto han cambiado, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿para qué existe Juventudes Socialistas?

La respuesta, al menos para muchos y muchas de quienes militamos, está clara. Existimos para mover los márgenes de lo posible, para construir la esperanza de nuestra generación y para recordar, incluso cuando es incómodo, que la juventud socialista no nació para conformarse.

Fuimos, somos y seremos siempre, rebeldes e inconformistas.

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