El descubrimiento lo logró la Agencia Espacial Europea (ESA).
El telescopio espacial Euclid, de la Agencia Espacial Europea (ESA), ha descubierto 31 cuásares del Universo primitivo, entre ellos los dos más antiguos jamás observados, que ya brillaban cuando el cosmos tenía apenas 670 millones de años, el 5% de su edad actual.
Este hallazgo permite asomarse a una «etapa clave de la historia cósmica» y ofrece nuevas pistas sobre cómo se formaron y crecieron tan rápido los primeros agujeros negros supermasivos y las galaxias que los acogían.
Estos objetos son núcleos galácticos extremadamente brillantes, alimentados por agujeros negros gigantescos, que liberan enormes cantidades de energía cuando grandes masas de material caen en espiral hacia el agujero negro supermasivo situado en el centro de una galaxia. En esa fase, el núcleo puede brillar cientos o miles de veces más que el resto de la galaxia que lo alberga.
Según la ESA, los dos cuásares más antiguos del conjunto emitían una luz equivalente a la de un mil millones de soles cuando el Universo tenía solo 670 millones de años, alrededor del 5 % de su edad actual. Ambos se encuentran a algo más de 13.000 millones de años luz.
Los dos objetos, denominados EUCL J172902.75+641018.1 y EUCL J125308.55+705432.3, presentan corrimientos al rojo de 7,77 y 7,69, respectivamente, lo que los sitúa en los primeros cientos de millones de años de la historia cósmica. El corrimiento al rojo es una medida vinculada a la distancia y al movimiento de la luz en un Universo en expansión.
El descubrimiento añade doce nuevos cuásares con corrimiento al rojo igual o superior a siete, correspondientes a los primeros 770 millones de años del Universo. La ESA subraya que el hallazgo “más que duplica” el número de cuásares conocidos de una antigüedad comparable.
LA INFANCIA DEL UNIVERSO
El autor principal del trabajo, Daming Yang, de la Universidad de Leiden, en Países Bajos, destacó que estos cuásares “se remontan a la infancia del Universo” y que su estudio permitirá comprender mejor cómo pudieron formarse y crecer tan rápidamente estos sistemas, uno de los grandes misterios de la astrofísica.
Hasta ahora, los cuásares más antiguos conocidos eran solo los casos más brillantes y fáciles de detectar. Euclid, lanzado en 2023, permite rastrear grandes zonas del cielo con una sensibilidad mayor y captar luces mucho más tenues, lo que abre la puerta a estudiar estos objetos como población y no solo como hallazgos aislados.
“Antes solo podíamos encontrar un puñado de los cuásares antiguos más brillantes, pero Euclid nos permite buscar de forma mucho más eficiente en enormes áreas del cielo”, explicó Yang, quien definió el telescopio como una herramienta “única” para la búsqueda de cuásares.
EN TIEMPO RÉCORD
Por su parte, el investigador de la ESA en el equipo de Euclid Antonio La Marca señaló que descubrir los primeros diez cuásares con corrimiento al rojo de siete o superior llevó más de una década a los astrónomos, mientras que Euclid ha identificado más de esa cifra en un solo año.
La ESA considera que el hallazgo supone el primer “censo” real de cuásares en los albores del Universo y un paso importante para entender mejor estos objetos. Además, los cuásares proceden de una etapa conocida como “época de la reionización”, cuando el cosmos pasó de las llamadas “edades oscuras” a una fase caliente e ionizada que preparó el escenario para la formación de las estructuras observables actualmente.
La científica del proyecto Euclid de la ESA, Valeria Pettorino, destacó que los cuásares antiguos son descubrimientos raros y que funcionan como “máquinas del tiempo” para explorar el Universo temprano y comprender cómo surgió la primera generación de galaxias.




