Artículo de opinión del periodista Nino Olmeda sobre las inminentes elecciones generales.
La realidad de las cosas o de una situación concreta de corta o larga duración es muy diferente de la impresión inicial que se percibe a simple vista. A veces, las apariencias engañan y las primeras impresiones pueden llevarnos a conclusiones falsas. Me estoy refiriendo a la impresión casi generalizada o publicada sobre el futuro de España una vez que se celebraren las elecciones generales, que se venían exigiendo desde distintos sectores de la clase política.
Cuando se anunciaron para el 29 de noviembre, a todos les cambió la cara, a unos más que a otros. Algunos se quedaron paralizados porque se quedaron sin la consigna de ‘Pedro Sánchez dimisión’, después de llamarle hijo de puta. Otros, se quedaron inquietos porque no lo esperaban y se quedaban sin tiempo para preparar candidaturas.
Se creó una imagen de futuro en el presente consistente en que el auge de la derecha y la extrema derecha suponía que las elecciones estaban decididas. Olvidaron que una tendencia no es un resultado: el voto puede cambiar, la participación influye y las campañas todavía pueden modificar las prioridades de la gente. Dar por hecha la victoria puede incluso desmovilizar a quienes piensan distinto. La elección se decide cuando se cuentan los votos, no antes. Es importante distinguir entre sondeos o victorias anteriores y el resultado de la próxima elección. Se habla de incertidumbre, participación y movilización, sin negar que el avance de esas fuerzas sea real
De pronto, surgieron asuntos no esperados como las movilizaciones sociales en contra de los especuladores de la vivienda y las acampadas en la Puerta del Sol de Madrid y en numerosos lugares de la geografía española. Se produjo una movilización social inesperada, con un gran protagonismo de la juventud que muchos dicen que se ha pasado a las derechas. También hubo un hecho insólito como fue la visita del presidente de Argentina, Javier Milei, el de la motosierra para recortar derechos sociales. Vino a insultar a Pedro Sánchez, y también a los zurdos y zurdas. La derecha de Feijóo y la extrema derecha de Abascal se asustaron y no quisieron darle la mano para que los próximos votantes en los comicios del 29-N no pensaran que si ganan las derechas van a acabar con las pensiones, el salario mínimo o los programas sociales. Solo fue recibido por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, la autora del ‘Sánchez hijo de puta’, Todo un mensaje para quien lo quiera entender.
Estas influencias en las elecciones son una posibilidad y no tienen efecto automático. Todo dependerá de cómo actúen los que no quieren que los discípulos de Milei, el déspota y maleducado, gobiernen España.
No cabe duda de que las movilizaciones por la vivienda pueden cambiar la agenda, hacer visible el coste de la especulación y movilizar a personas que quizá no pensaban votar. Y una visita de Milei puede perjudicar a las derechas si la ciudadanía la asocia con recortes sociales.
El resultado electoral no está decidido. Las movilizaciones por el derecho a la vivienda pueden influir en el voto al poner la especulación y los alquileres en el centro del debate. Del mismo modo, referentes como Milei pueden convertirse en un lastre para las derechas si sus políticas de recortes se perciben como una amenaza a los servicios públicos. No es automático: dependerá de cómo se interpreten esos hechos y de la participación.
Parece claro que el futuro después del 29N no está escrito. Lo escribimos cada día cada uno de nosotros, los que amamos porque necesitamos la sanidad pública, los que estamos preocupados por la educación de nuestros nietos, por las pensiones y por los que no queremos la censura en la cultura ni recortes en la libertad de expresión. No queremos que los que cantan el ‘cara al sol’ se metan por la puerta de atrás de nuestras vidas.
Tampoco queremos a una derecha que ha desechado el ‘cordón sanitario’ contra los reaccionarios y la extrema derecha y han optado por el ‘condón sanitario’ para que no suframos mucho cuando nos la metan clavada.



