Artículo de opinión de Juanma del Castillo, ex-director de Zarabanda y militante de Podemos.
¿Unidad con quién? ¿Para qué? ¿A cambio de qué?
Cuando vemos aplausos desde sectores liberales y desde quienes participaron en la maquinaria mediática que fabricó bulos —Ferreras, las cloacas de Villarejo y compañía— uno tiene derecho a desconfiar. PODEMOS fue atacado después de lograr 69 diputados porque representaba una amenaza real al statu quo. No fue casualidad.
Claro que hay que frenar al PP y a VOX. Sin lugar a dudas. Pero no a cualquier precio. No diluyendo principios. No aceptando vetos. No normalizando la deslealtad.
Sin base política real, los eslóganes no construyen mayorías.
Hace tiempo le preguntaron a Gabriel Rufián a quién pondría al frente de un proyecto así. Respondió sin titubeos: a Irene Montero.
Y ahí está la clave.
La coherencia puede ser incómoda, pero es lo único que perdura. La honestidad política no siempre gana en el corto plazo, pero construye legitimidad.
La historia demuestra que quien resiste con principios termina ocupando el lugar que merece.
SALVADOR NIEBLA
‘Podemos’, nació en enero de 2014, a raíz del movimiento de los indignados del 15-M. Una semana antes de que se formalizaran las candidaturas a las elecciones europeas de 2014, se difundió el manifiesto ‘Mover ficha: convertir la indignación en cambio político’. La respuesta ciudadana fue abrumadora, tanto es así que Podemos consiguió más de un millón de votos, cinco escaños en el Parlamento Europeo.
En las elecciones de 2015, Podemos obtiene 69 diputados. El PSOE obtuvo 90 diputados. En 2019, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez firmaron un acuerdo para formar el primer Gobierno de coalición en la democracia española.
En 2021, Iglesias dimitió de su cargo como vicepresidente. La dirección de Podemos pasó a manos de Ione Belarra, Secretaria General del partido y ministra y Yolanda Díaz, responsable del grupo parlamentario y vicepresidenta en el Gobierno.
Díaz no era una figura reconocida en el panorama nacional, venía de un periplo de partidos, principalmente en el contexto autonómico: afiliada al Partido Comunista de Galicia, encabezó la lista de candidatos de Esquerda Unida de cara a las elecciones al Parlamento de Galicia. Posteriormente formó parte de la coalición En Marea, en el Congreso de los Diputados, que acabó integrándose en el grupo parlamentario de Podemos. Y tras la renuncia de Pablo Iglesias, fue nombrada vicepresidenta tercera del Gobierno.
Pablo Iglesias, antes de su renuncia, eligió a Yolanda Díaz como su sucesora al frente del Grupo Parlamentario de Unidas Podemos. Lo hizo porque consideraba que esta acumulaba más experiencia que Irene Montero, además de que Montero era y es su compañera y madre de sus hijos y su posible nombramiento podía dar lugar a ciertas suspicacias. La encomienda de Yolanda Díaz era ‘consolidar la coalición Unidas Podemos y fomentar la unidad total de los grupos de izquierda de este país’.
Casi de inmediato de ostentar el ‘poder del grupo’, Yolanda Díaz empezó a dejar aflorar su animadversión hacia quienes podían ser sus rivales: Ione Belarra y sobre todo Irene Montero. Son de reseñar las numerosas veces que Díaz se desentendió del que tendría que haber sido su apoyo y defensa obligada, me viene a la memoria la absoluta soledad de la ministra de Igualdad, Irene Montero, defendiendo la Ley del ‘Solo sí es sí’ casi completamente sola en la bancada del Gobierno, con el único apoyo de Ione Belarra y todos los grupos de derechas y muchos diputados del PSOE machacándola, insultándola…, cuando ésta era una Ley no solo necesaria (como se ha visto después), sino aceptada por el Ministerio de Justicia y aprobada por todo el Consejo de Ministros.
Es muy evidente que Yolanda Díaz había llegado a un acuerdo con Pedro Sánchez para acabar con Podemos, aprovechando las campañas de ‘las cloacas del Estado’ y el momento de debilidad de este partido. La estrategia no era nueva, ya lo había intentado con Iñigo Errejón y la creación de Más País, para sustituir a Podemos. El PSOE necesita a la izquierda para gobernar, pero Podemos le era demasiado incómodo, Pedro Sánchez ‘no podía dormir por las noches’. A cambio, Yolanda Díaz obtendría la vicepresidencia primera, la misma que había desempeñado Pablo Iglesias, pero nunca la consiguió, porque tampoco consiguió acabar con Podemos. La vicepresidencia primera fue para Nadia Calviño. Incluso a pesar de los apoyos de Díaz al incremento del presupuesto para armas (10.000 millones primero y 22.000 después para comprarlas a EEUU por órdenes de Trump) sin justificar de qué servicios públicos se iban a detraer, o sus tibias posturas respecto a la salida de la OTAN (a The Objective: Preguntada sobre si España debe salir de la OTAN, Díaz respondió que «esto no es hoy realista»).
Yolanda Díaz escenifica un acto en Valencia, el 13 de noviembre de 2021, al que convoca a varias mujeres representantes de los distintos espacios políticos llamados a adherirse a un nuevo proyecto. Estaban: la propia Yolanda Díaz, Ada Colau, Mónica Oltra, Mónica García y la ceutí Fátima Hamed Hossain. La ausencia de mujeres de Podemos en el acto, en particular de las ministras de Igualdad y Derechos Sociales y Agenda 2030, Irene Montero e Ione Belarra, fue vista como una prueba de las verdaderas intenciones de Yolanda Díaz. La iniciativa de Díaz, como no podía ser menos, fue bien recibida por el presidente del Gobierno Pedro Sánchez.
El siguiente paso de Díaz fue anunciar la creación de su ‘movimiento y después partido’ SUMAR. Por supuesto dejando fuera de las listas a las elecciones generales de 2023, a casi todas/os aquellos que no la juraran lealtad ciega. A Irene Montero ni siquiera se lo pidió. Díaz es quien decide los que van en las listas y a quien se les veta.
La coalición electoral SUMAR se presentó en coalición con 20 partidos nacionales y regionales a las elecciones de 2023, obteniendo solo 31 diputados. El 5 de diciembre de 2023, los cinco diputados de Podemos abandonaron la coalición y se incorporaron al Grupo Mixto y el 23 de junio de 2025 Mes-Compromis decide hacer lo mismo.
Para las siguientes elecciones europeas, SUMAR (con veinte partidos) presenta una lista y Podemos se presenta solo. El primero obtiene 3 eurodiputados y Podemos 2. Con estos resultados Díaz presenta su dimisión del partido, pero sigue siendo quien controla el Grupo Parlamentario y en la práctica también SUMAR.
En el momento actual, el Gobierno no tiene esperanza de poder aprobar los Presupuestos Generales, ya prorrogados por segunda vez. Las elecciones podrían adelantarse en cualquier momento. El Partido Popular se ha planteado una estrategia de adelantar las elecciones autonómicas en todas las comunidades en las que gobiernan, para ir arrinconando al PSOE y a la izquierda. El auge de VOX es imparable y juntos podrían conseguir mayoría en el Congreso de los Diputados.
Para la izquierda es más necesario que nunca hacer un frente común y Pedro Sánchez lo está propiciando de todas las maneras posibles. También varios líderes de la izquierda lo están proclamando, incluida Yolanda Díaz. Podemos, hasta ahora no ha dicho nada, pero parece evidente que está completamente en desacuerdo con repetir ‘la pantomima’ previa a las elecciones de 2023 y el anunciado ‘proceso de escucha’ para hacer lo que Yolanda Díaz y Pedro Sánchez quisieron.
Yolanda Díaz recibió de Pablo Iglesias el encargo de consolidar y reagrupar a toda la izquierda en un frente común, Unidas Podemos, para frenar el paso de la derecha y ultraderecha, para presentar a la sociedad una alternativa clara de incremento de derechos sociales y para conseguir la igualdad entre todas y todos los ciudadanos. Pero esto no lo hizo, es más, por intereses personales y en una estrategia con el Partido Socialista, lo que consiguió fue la división inquisitoria, sospechosa, manipuladora y casi irreconciliable de las fuerzas progresistas de este país y, principalmente, del partido que la había acogido y elevado a un estatus de ministra, Podemos. Yolanda Díaz ya ha demostrado de lo que es capaz.
La unidad de la izquierda es hoy más importante y urgente que nunca, pero existen unos condicionantes de desconfianza que la dificultan. Probablemente, la unidad de las fuerzas de izquierda no será posible, mientras Yolanda Díaz siga medrando en el actual y cualquier otro nuevo proyecto. Primero ella tiene que desaparecer del escenario político.
Y sí, yo estoy por la unidad de la izquierda, siempre que sean los militantes de los partidos quienes la decidan, en base a un programa asumido por todas/os, defendido por representantes elegidos por mayoría, sin vetos ni zarandajas…








