Os recomiendo un interesante libro que he leído recientemente (podéis encontrarlo en la Biblioteca Pública Gloria Fuertes).

El libro se llama “Por qué la austeridad mata” y es un profundo análisis de las consecuencias devastadoras de la aplicación de las recetas neoliberales en varios países del mundo.

El libro  está escrito por dos eminencias: David Stuckler, investigador y experto en los aspectos económicos de la salud y Sanjay Basu, epidemiólogo y profesor de medicina en la Universidad de Stanford.

Es decir, no está escrito por dos políticos sino por dos médicos de reconocido prestigio  internacional.

Ellos se limitan a evaluar, con datos recogidos de los propios hospitales y centros de salud, la mejora o merma del estado de salud de la ciudadanía de un país, antes y después de que se le apliquen las recetas neoliberales u opten por otras soluciones a sus crisis.

Para calibrar la mejora o empeoramiento de la salud de la ciudadanía, recogen datos sobre el número  de suicidios, depresiones, alcoholismo, drogas, y por tanto, muertes por cirrosis y otras enfermedades mortales a consecuencia de lo anterior.

Los dos médicos, no evalúan si la economía de mercado es mejor o peor que la economía planificada, sólo constatan que cuando se aplican las recetas de choque neoliberales ante crisis políticas, la salud de la ciudadanía empeora drásticamente.

Cuando hablamos de recetas de choque neoliberales, estamos hablando de austeridad, reformas laborales, abaratamiento del despido, precariedad en el empleo, reducciones salariales, liberalización de los precios de la vivienda y el alquiler, bajada de impuestos a empresas y grandes fortunas, privatización de empresas y servicios públicos,  recortes en sanidad, educación, pensiones, dependencia…

El libro se detiene especialmente en la década de 1990 de la extinta Unión Soviética. Murieron diez millones de hombres rusos. Todo un genocidio que se ha ocultado deliberadamente.

La década coincidió con la transformación salvaje de la economía soviética al capitalismo.

La mayoría de la ciudadanía soviética vivía en pequeñas poblaciones, donde todo el trabajo y la riqueza se generaban alrededor de una o dos empresas publicas. Estas mismas empresas y las autoridades locales dotaban de colegios,  guarderías,  actividades culturales, etc. para que los trabajadores (en su mayoría hombres) y sus familias  disfrutaran de una calidad de vida aceptable.

Se abrió la veda para que el gran capital entrara en la economía rusa y estas miles de empresas empezaron a cerrar o a despedir gente. El  paro (desconocido en la Unión Soviética), la disminución de recursos y merma en los servicios,  trajo como consecuencia un aumento dramático de suicidios y muertes por cirrosis a consecuencia del fuerte aumento del alcoholismo. Nada nos han contado los medios de comunicación de esta década rusa y sus millones de huérfanos y viudas.

Igual suerte corrieron los países del antiguo bloque soviético cuando aplicaron las recetas del Fondo Monetario Internacional (organismo dedicado a prestar capital a estados en crisis a cambio de aplicar políticas neoliberales de choque). Países como Letonia, Lituania o Kazajistán experimentaron una repentina y rotunda disminución de la esperanza de vida en un plazo de cinco años. Curiosamente, Belorrusia, antigua república soviética, rechazó la ayuda del FMI y sus políticas de choque neoliberales y pudieron salir de la crisis mejorando incluso la salud de la ciudadanía.

El libro se detiene especialmente en Grecia, donde se aplicaron, por exigencia del FMI y el Banco Central Europeo, las mismas políticas de choques neoliberales. La salud de la ciudadanía griega empeoró trágicamente. Los suicidios aumentaron el 20%.

Curiosamente, también nos explica el libro cómo Islandia, para enfrentar su profunda quiebra económica, rechazó las recetas liberales de choque del FMI y no sólo consiguieron salir de sus crisis sino que la salud de su ciudadanía mejoró.

Finalmente, porque no tenemos mucho más espacio en esta tribuna, el libro hace un recorrido por países africanos y asiáticos,  con el mismo resultado: Crisis, aporte de capital del FMI, austeridad, políticas neoliberales de choque y empeoramiento drástico de la salud de la ciudadanía. Curioso que países como Corea del Sur, Tailandia o Indonesia, sufrieran este mismo patrón y en cambio su vecina Malasia,  rechazando estas políticas neoliberales pudiera  salir a flote mejorando la salud de su pueblo.

Así pues, cuando hablamos de neoliberalismo, hablamos de enfermedad, de muerte y en muchos casos de genocidio. No es para tomarlo a broma. Por eso, cualquier persona con el mínimo juicio tiene que combatir al neoliberalismo allí donde pueda incidir, en su gobierno, en su comunidad autónoma, en su ciudad…

Ahora que volvemos otra vez a elecciones generales, tendremos que recordad que Ciudadanos y VOX son partidos que adoran el más brutal neoliberalismo. Y tanto el PP como el PSOE han aplicado políticas neoliberales de privatización, precariedad y recortes en nuestro país. Es más, tanto populares como socialistas han dirigido estos organismos tan beligerantes como son el FMI y Banco Central Europeo.

No olvidemos que el PP privatizó siete hospitales públicos en nuestra comunidad autónoma y siguen desviando recursos a la sanidad y educación privadas.

En nuestro Rivas, con gobiernos de Izquierda Unida y apoyados en este caso por Equo, Mas Madrid y Podemos, inexplicablemente, se privatizan las piscinas municipales, las escuelas deportivas y parte de la escuela de música. Se otorgan concesiones de gestión a empresas privadas durante 40 años en polideportivos municipales.

Acordémonos que la privatización trae de su mano precariedad, menores salarios, beneficio a costa del erario público y peor calidad del servicio. Es decir, peor salud para la ciudadanía.

Les dejo con unas frases de Rudolf  Wirchow, médico prusiano que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, dio inicio a las primeras indagaciones sobre las trombosis, siendo creador del término; también fue antropólogo y político integrante del parlamento prusiano y fundador del Partido Progresista:

“Le tengo más miedo a la pobreza que al bacilo de Koch”

 “Los médicos debemos ser abogados de los pobres”

 “La medicina es ciencia social y la política no es otra cosa que medicina a gran escala”.

José Manuel Pachón López