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Sira Rego apuesta por un diseño de videojuegos que proteja los derechos de la infancia

Una ripense aspira a liderar IU

Así se manifestó durante la clausura del curso ‘Diseño de videojuegos centrado en el usuario’, celebrado en los Cursos de Verano de la Complutense, el pasado 21 de julio

La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, apostó este martes por un modelo de diseño de videojuegos que sitúe los derechos de niños, niñas y adolescentes en el centro y defendió combinar la innovación tecnológica con la protección de los menores frente a prácticas que fomentan la permanencia prologada y la monetización de la experiencia de juego.

Durante la clausura del curso ‘Diseño de videojuegos centrado en el usuario’, celebrado en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid en San Lorenzo de El Escorial, Rego afirmó que el debate sobre los videojuegos no debe centrarse en si son “buenos o malos”, sino en analizar “qué mundos construyen, qué relaciones hacen posibles y qué intereses se esconden detrás de decisiones que, mientras jugamos, apenas percibimos”.

La ministra sostuvo que una parte de la industria ya no diseña videojuegos para que las personas jueguen, sino para que permanezcan conectadas el mayor tiempo posible mediante sistemas de recompensas, monedas virtuales, cajas de botín y otros mecanismos que buscan fomentar la permanecía y el gasto de los usuarios. “El negocio aprende a hablar con la voz del juego”, resumió.

En este contexto rechazó que la protección de la infancia recaiga únicamente sobre las familias y defendió que las administraciones públicas deben intervenir para garantizar los derechos de los menores en los entornos digitales. “No queremos una infancia vigilada y un mercado libre; queremos una infancia libre y un mercado sujeto a reglas”, afirmó.

Rego también apostó por combinar la regulación con le apoyo al sector del videojuego mediante el impulso a la investigación, la financiación de estudios independientes y el respaldo a modelos de creación alejados de la “retención permanente”, la extracción masiva de datos y la monetización constante de la actividad de los jugadores. A su juicio, las instituciones deben favorecer que la innovación sirva para desarrollar nuevas formas de jugar y relacionarse, y no para explotar las vulnerabilidades de los usuarios.

Asimismo, reivindicó el papel de la universidad pública como espacio para reflexionar sobre el impacto social de las tecnologías y subrayó que el diseño de los videojuegos debe situar a las personas en el centro. En este sentido, defendió que un videojuego centrado en el usuario no puede reducir a los jugadores a métricas como el tiempo de permanencia o el gasto medio, sino reconocer su derecho a comprender las reglas, participar en comunidades libres de acoso y abandonar la partida sin que el diseño genere una sensación de obligación o dependencia.

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