Artículo de opinión de Juanma del Castillo, ex-director de Zarabanda, sobre la política de vivienda de Ayuso favorable a los fondos buitre.
El gobierno de la Comunidad de Madrid (CM) está convirtiendo la capital de España en un «Parque temático». Y, aunque es ahora Isabel Díaz Ayuso quien está especialmente empeñada en ello, este plan ya viene de atrás.
Fue Esperanza Aguirre la primera en llamar a los inversores internacionales, ‘fondos buitre’ principalmente, para que hicieran inversiones multimillonarias en esta Comunidad, ya que “les serían muy rentables y a muy corto plazo”, les dijo en un cónclave en el hotel Ritz en el verano de 2008. Fue entonces cuando grandes empresas especializadas en ‘la salud’, se hicieron con los hospitales públicos de gestión privada, empresas como Ribera Salud, Quirón…concertaron con la CM.
Más del 63% de los hospitales privados tienen algún tipo de concierto con las consejerías de salud de las comunidades autónomas.
Desde entonces, la misma invitación-llamada se hizo a los ‘fondos de inversión privados’ para invertir en viviendas en la ciudad, por parte de los gobiernos del Partido Popular. La vivienda, como la educación o la sanidad, son competencia directa de las Comunidades autónomas. Como ejemplo, la venta a los ‘fondos buitre’ (a FIDERE que pertenece a Blackstone), en octubre de 2013, de un lote de 1.860 viviendas públicas por parte de Ana Botella, alcaldesa de Madrid, del Partido Popular. Y aunque en 2018, la ex-alcaldesa y siete cargos más de su equipo fueron condenados a pagar 22,7 millones de euros (por haber vendido por debajo del precio de mercado), el Tribunal de Cuentas revocó la condena aludiendo que “no se podía considerar negligencia grave” -evidentemente no consideró el daño causado a los miles de ocupantes de esas viviendas-. En 2026, Blackstone ha vendido a Brookfield (otro fondo buitre) 5.000 viviendas (entre las que están las 1.860) por un precio mucho más alto del que habían pagado al Ayuntamiento de Madrid con Ana Botella al mando.
Poco a poco, bancos y fondos buitre se han ido haciendo con gran parte del mercado inmobiliario de alquiler en toda España: cerca de 70.000 viviendas. Y los principales tenedores son: CaixaBank, Blackstone, CBRE IM, Vivenio Residencial, Cerberus y Brookfield, etc.
Cada vez más, esas viviendas en manos de los grandes tenedores se van convirtiendo en ‘pisos turísticos’, que es la opción más rentable para ellos. Y a la vez, tanto las viviendas en alquiler como las de compra, están disparadas en precio: quienes las han comprado pretenden su máxima rentabilidad. Esto empuja al alza todos los precios, de tal manera que tanto para los potenciales adquirientes de una vivienda como para los inquilinos se convierte en un objetivo inalcanzable, ya que esa compra o alquiler se ‘come’ el 50% o más de sus ingresos y el ahorro es imposible.
A los precios de compra y alquiler inaccesibles para amplias capas de la población, se suma la escasez de oferta y el temor de los propietarios a que su inmueble sea ocupado. Temor generado artificialmente por las empresas dedicadas a la seguridad, ya que el índice de viviendas ocupadas está por debajo del 0,06% en toda España. En ese contexto, se genera, también artificialmente (por parte de los partidos políticos de derechas), una confusión entre okupa e inquiokupa: la primera se refiere exclusivamente a la ocupación sin título. Extenderla al inquilino que deja de pagar la renta —o al titular que ha perdido la vivienda por ejecución hipotecaria— no es lo mismo, la segunda responde a una situación de precariedad creciente o al alza desconsiderada de los alquileres por parte de la propiedad de los inmuebles.
En España se calcula que hay unos 30 millones de viviendas. Si somos unos 46 millones de habitantes, y se podrían estimar tres personas por vivienda, no parece razonable que exista una escasez tan acuciante como se estima. La razón quizás responda, a que una parte importante de esas viviendas son ‘segunda residencia’ y otra más importante aún, son las ‘viviendas turísticas’.
El precio medio de una vivienda en Madrid es de aproximadamente 4.690 €/m2, y en Madrid capital 6.624 €/m2. La vivienda en alquiler está en 21,4 €/m2. Con lo que comprar un piso ronda los 422.100 €, y alquilarlo 1.926 €, de unos 90 m2., en ambos casos.
Esto supone que para alguien que cobra el salario mínimo 1.221 €, sería muy difícil pagar un alquiler en Madrid (si lo encontrara) y mucho menos comprar una vivienda.
La vivienda es un derecho, no es un negocio para forrarse.
¿Qué está ocurriendo? Que los habitantes de la capital son expulsados hacia zonas periféricas o, más aún, a pueblos de la corona que rodea Madrid, hasta a 100 kilómetros de donde trabajan. Y por supuesto, esas viviendas que dejan, se convierten en ‘pisos o habitaciones de uso turístico’.
Esto supone que la ‘gran ciudad’ se convierte en un ‘parque temático’ para turistas: desaparece la vida de barrio, ya no hay comercio tradicional, la mayoría de tiendas son de restauración, artículos de lujo, souvenirs, galerías de moda, locales de objetos de arte, etc.
Hay rabia. Claro que la hay: alquileres imposibles. Sueldos que apenas llegan. Trabajos que exprimen. Gente viendo cómo un futuro tranquilo se aleja cada año un poco más. Y en mitad de todo eso aparecen los partidos de derecha y ultraderecha con una solución extraordinariamente cómoda, ‘tu problema es el que tiene todavía menos que tú’: el migrante. El mena. El mantero. El vecino musulmán. El homosexual. El feminismo. El woke o progre. El sindicalista. El rojo… Siempre alguien suficientemente cerca para poder señalarlo, y suficientemente abajo para que señalarlo no tenga consecuencias.
Mientras unos trabajadores aprenden a odiar a otros trabajadores, los que llevan décadas quedándose con el rendimiento de nuestro trabajo pueden dormir tranquilos. Pueden seguir forrándose.
Tu problema es el que tiene menos que tú.


