La organización alerta del riesgo de que las tormentas arrastren cenizas y contaminen el agua
Greenpeace reclama a los municipios y comunidades autónomas afectados por los grandes incendios forestales de este verano que actúen de inmediato para estabilizar los terrenos quemados antes de que lleguen lluvias intensas. La organización advierte de que las precipitaciones pueden arrastrar cenizas, sedimentos, metales y otros contaminantes hacia ríos, embalses y acuíferos, con consecuencias para los ecosistemas, los abastecimientos y la seguridad de la población.
La petición llega después de que las tormentas hayan dejado ya episodios graves en algunos territorios afectados por incendios de años anteriores. Greenpeace considera que las primeras semanas después del fuego son decisivas para evitar la pérdida de suelo y reducir el riesgo de que una nueva emergencia meteorológica multiplique los daños.
El suelo quemado queda expuesto a la erosión
A 20 de agosto, España acumulaba 262.030 hectáreas quemadas, según los datos citados por la organización del Ministerio para la Transición Ecológica. En lo que va de año se han registrado 44 grandes incendios forestales, algunos de ellos con dimensiones excepcionales.
Greenpeace señala que estos incendios han dejado varios récords, entre ellos el mayor incendio de la historia de España, en Burgohondo (Ávila), con 39.570 hectáreas afectadas, y el mayor registrado en la Comunidad de Madrid, con más de 25.000 hectáreas. La organización relaciona esta evolución con episodios de fuego cada vez más intensos en un contexto de cambio climático.
“Es necesario salvar el agua y el suelo de los procesos erosivos, y hay que evitar que las cicatrices del fuego generen más impactos a la población y a la biodiversidad”, sostiene Mónica Parrilla, responsable de la campaña de incendios de Greenpeace.
La organización reclama que la actuación posterior al incendio no se limite a la futura restauración del monte. Considera prioritaria una fase de estabilización de emergencia destinada a proteger el terreno antes de que las primeras lluvias fuertes provoquen arrastres difíciles de revertir.
Mulching, fajinas y barreras para frenar los arrastres
Entre las medidas propuestas se encuentran los acolchados o mulching, especialmente eficaces en laderas y terrenos con mucha pendiente. También se plantean fajinas, diques y barreras con troncos y ramas, además de actuaciones específicas en cauces, drenajes y pasos de agua.
El objetivo es reducir la velocidad de la escorrentía y retener los sedimentos antes de que alcancen ríos, embalses o zonas de abastecimiento. Greenpeace destaca que el riesgo de pérdida irreversible de suelo es especialmente elevado durante el primer año posterior al incendio.
La organización cita un estudio publicado en 2022 sobre el incendio de Ponte Caldelas, en Galicia, según el cual la aplicación temprana de mulch permitió reducir la erosión entre un 76% y un 95% durante el primer año. En el segundo año, la reducción se situó entre el 74% y el 87%.
También menciona el incendio de Las Médulas, en León, ocurrido en 2025. Un informe coordinado por el CSIC y elaborado por más de 70 especialistas concluyó que la aplicación de paja agrícola como acolchado redujo la erosión del suelo una media del 85% en las zonas donde se empleó.
El precedente de las riadas tras los incendios de 2025
Greenpeace utiliza como ejemplo de los riesgos posteriores al fuego el episodio ocurrido este mes en Manzaneda de Valdueza (León), donde dos mujeres fallecieron tras una riada provocada por tormentas intensas en terrenos afectados por los incendios del año pasado.
La organización también recuerda los daños registrados en junio en localidades de Ourense como Valdeorras y Viana, donde las fuertes lluvias sobre terrenos calcinados provocaron arrastres de agua, cenizas y tierra, además de daños en viviendas y problemas relacionados con el abastecimiento de agua.
“Si queremos evitar el ‘chapapote del monte’, es imprescindible una respuesta inmediata y especializada que actúe en las primeras semanas tras el incendio”, explica Mónica Parrilla, responsable de la campaña de incendios de Greenpeace. La experta insiste en que las medidas deben ejecutarse antes de las primeras lluvias intensas.
La restauración de las áreas incendiadas corresponde a las comunidades autónomas, aunque Greenpeace reclama una mayor coordinación entre administraciones cuando los incendios afectan a varios territorios. La organización plantea establecer protocolos comunes que permitan identificar rápidamente las zonas con mayor riesgo y concentrar allí los recursos para proteger el suelo, el agua y a la población.



