Artículo de opinión de Janette Novo, portavoz del Partido Popular (PP) en el Ayuntamiento de Rivas, sobre las movilizaciones convocadas por la presidenta de la FEMP en apoyo a Ceuta.
El pasado 2 de septiembre, la Plaza de la Constitución de Rivas Vaciamadrid dejó de ser un simple punto de encuentro municipal para convertirse en el epicentro de la dignidad civil de nuestro municipio. Cientos de vecinos, por encima de siglas, ideologías y diferencias partidistas, se concentraron de forma pacífica y firme para enviar un mensaje nítido y atronador que cruzó la península de punta a punta: Ceuta no está sola, Ceuta somos todos y la integridad territorial de nuestra Nación ni se cuestiona, ni se negocia.
Nuestro municipio demostró con creces que la España real, la que trabaja y respeta las leyes, está profundamente unida cuando se trata de defender lo que nos pertenece a todos.
Lamentablemente, el éxito indiscutible de esta convocatoria vecinal contrasta con la ceguera y la sumisión política del equipo de Gobierno local de Rivas Vaciamadrid. En un ejercicio de sectarismo inexplicable, la alcaldesa y sus socios prefirieron dar la espalda a sus propios vecinos y desoír la llamada de auxilio de una ciudad autónoma que lleva más de un mes sumida en la desprotección y la falta de respuestas. Ignorar una movilización nacida del propio municipalismo y de la solidaridad entre territorios no solo es un error político grave, sino una alarmante falta de empatía institucional hacia compatriotas que están sufriendo una presión insostenible.
Lo vivido en el plano local no es más que el síntoma de una enfermedad mucho mayor que padece el Ejecutivo central en la Moncloa. Lo que ha ocurrido en las fronteras de Ceuta no es, como han pretendido argumentar de forma anestésica varios ministerios, una crisis migratoria ordinaria o un «retorno espléndido». La realidad, refrendada por los informes de la Policía y los servicios de inteligencia, es insoslayable: ha sido una invasión planificada, consentida y coordinada, que ha puesto en jaque la soberanía de todo el Estado. Ante un desafío híbrido de este calibre, la inacción, el silencio o el intento de restarle importancia a la situación equivalen a una alarmante deslealtad con la seguridad de España.
Un país fuerte y respetado no puede permitir que sus fronteras dependan exclusivamente de la buena voluntad de terceros países. La seguridad nacional no se subcontrata a intereses externos; se ejerce con autoridad, presencia física y recursos permanentes sobre el terreno. Mientras nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y nuestros militares realizan una labor heroica en la primera línea de la frontera, el Ministerio del Interior los deja desprotegidos, desoyendo los avisos internos que alertaban con días de antelación del riesgo extremo de entradas masivas. Es de justicia exigir que se les reconozca como agentes de la autoridad ante las emboscadas que sufren y que se dote a la zona de un verdadero mando único y del despliegue inmediato de la ayuda de FRONTEX.
La política de fronteras y la gestión de la inmigración no se pueden abordar desde la demagogia ni desde el descontrol que termina alterando la convivencia nacional. La verdadera humanidad no consiste en mirar hacia otro lado mientras miles de personas se juegan la vida en el mar; humanidad es gestionar con rigor, abrir vías legales, acabar con los procesos de regularización masiva y exigir una integración real. Significa garantizar que las fronteras cumplan su función legítima: ser un paso digno, ordenado, legal y plenamente seguro para todos.
La masiva respuesta del 2 de septiembre en Rivas Vaciamadrid deja claro que los ciudadanos van muy por delante de unos gobernantes que parecen más preocupados por sus equilibrios políticos que por la defensa del estado de derecho. En Ceuta, a pesar del desamparo gubernamental, resistieron la Policía, los militares, los jueces, el personal sanitario y un pueblo entero que se niega a normalizar el caos. Y en Rivas, los vecinos seguimos su ejemplo. El Estado, las leyes y las instituciones democráticas son lo que permanece cuando los gobiernos pasan.
Desde el Partido Popular de Rivas continuaremos defendiendo esa certidumbre institucional con firmeza y coherencia, porque la soberanía de una Nación se protege en los límites fronterizos de Ceuta, pero la dignidad democrática se defiende y se demuestra en las plazas de nuestros municipios.



