Artículo de opinión de la líder del Partido Popular en Rivas, Janette Novo.
Hay una vieja máxima en la política más rancia que dice que los grandes goles se meten en agosto. Cuando las playas están llenas, los telediarios bajan el ritmo y los vecinos de Rivas Vaciamadrid desconectan justificadamente de la rutina para disfrutar de sus vacaciones, las maquinarias de los gobiernos municipales suelen acelerar. Saben que la atención ciudadana está bajo mínimos y que es el momento ideal para despachar asuntos espinosos sin hacer excesivo ruido. Eso es, exactamente, lo que acaba de ocurrir en nuestra ciudad con la adjudicación del nuevo Centro Deportivo del Barrio Centro.
En pleno letargo estival, el Gobierno municipal ha entregado una parcela pública de más de 17.000 metros cuadrados en «Los Montecillos» para su explotación privada durante las próximas cuatro décadas. Cuarenta años. Se dice pronto. Hablamos de comprometer el suelo que pertenece a todos los ripenses hasta bien entrada la segunda mitad de este siglo. Pero lo verdaderamente alarmante no es solo el sospechoso calendario elegido para publicar resoluciones definitivas, sino la profunda quiebra de coherencia que este contrato esconde debajo de la alfombra.
El Gobierno de Rivas Vaciamadrid se ha instalado históricamente en el sectarismo ideológico, pretendiendo dar lecciones de pureza pública a los demás. Por eso, lo que estamos viendo este verano es una burla a los ripenses, voten a quien voten. Es de una enorme falsedad política escuchar a este Ejecutivo arremeter con dureza contra las fórmulas de gestión mixta en la Asamblea de Madrid o en los municipios vecinos, catalogándolas como «un desmantelamiento de los servicios públicos» o una «privatización salvaje» cuando las utilizan otras administraciones. Sin embargo, el Gobierno de Aída Castillejo copia el modelo que tanto critica. La receta mágica que aplican de tapadillo en agosto es, curiosamente, recurrir en la clandestinidad del verano a una empresa capitalista y a la privatización encubierta que tanto demonizan, demostrando una descomunal hipocresía y confirmando que son incapaces de levantar un gimnasio con fondos propios.
Nuestra posición desde el Grupo Popular es nítida: nosotros celebramos la llegada de nuevas instalaciones deportivas para los vecinos y defendemos la colaboración público-privada como una herramienta de éxito económico. Pero la defendemos bien hecha, con luz, taquígrafos y controles estrictos. Lo que resulta intolerable es que un Gobierno que presume de gestión pública confiese que es incapaz de construir un polideportivo municipal con sus propios recursos presupuestarios, obligando a los ripenses a depender de la rentabilidad financiera de una empresa durante 40 años.
Y lo que es aún más grave: la prisa vacacional ha provocado un apagón técnico en los controles del Ayuntamiento. Han permitido que el plan financiero del nuevo centro deportivo fuera diseñado por el administrador de la misma multinacional que después ha ganado el concurso, sin mover un solo dedo para garantizar la igualdad de oportunidades del resto de aspirantes. Por si fuera poco, los servicios municipales ventilaron la viabilidad de una inversión millonaria, que presentaba indicios de temeridad, en un plazo exprés de solo 72 horas y sin exigir un desglose analítico de costes.
Aprovechar el mes de agosto para hurtar este debate a una población que legítimamente descansa es una falta de respeto a la inteligencia de los ripenses. Rivas se merece un polideportivo moderno, por supuesto, pero también se merece un Gobierno transparente que no actúe con el doble rasero de privatizar en casa lo que critica fuera. Como oposición, nuestro objetivo es fiscalizar esta preocupante dejación de funciones. No permitiremos que las vacaciones de los vecinos sirvan de escudo para ocultar las contradicciones de un Ejecutivo local que se llena la boca con lo público mientras vende nuestra soberanía local entregando una concesión a 40 años a un fondo de inversión extranjero, priorizando el rendimiento financiero corporativo por encima de los intereses vecinales y firmando estos acuerdos en la más absoluta soledad estival.


