Se han cumplido 25 años de gobiernos populares (en el sentido gaviota) en nuestra autonomía madrileña y esto,  por mor de la honestidad o decencia, necesita una explicación filosófica. No terminamos de discernir si ser de Madrid es vergonzoso o gilipollesco.

En Andalucía, que también saben de gobiernos duraderos (en este caso encarnados) hacen chistes, pero aquí ni eso. Por allá cuenta la leyenda que seis jornaleros segando en julio,  a 40º,  se percatan de que se acerca el amo a ver cómo siegan y dice uno: “¡Hay que ver qué bueno ez er zeñorito, con la caló que hace y viene a caballo a ver cómo segamos!”  y remata el otro “¡y que bonito es su sombrero cordobés!”.

Y en esto tuvimos que trasladar la leyenda, anteriormente citada, al IFEMA donde los señoritos (y la misteriosa presidenta de los concebidos no nacidos) también fueron a ver cómo lo había montado la UME, los bomberos y el personal voluntario. ¡Que bueno ez er señorito que viene a vernos!…, pero no hace su trabajo de apoyo sin fisuras en el Gregorio Marañón, o en La Paz, dónde el personal sanitario estuvo tres meses sin apenas dormir, doblando turnos, contagiados y jugándose la vida por los demás, ¡Qué buenos son!. Cuando tuvimos, repetimos, que trasladar la anécdota,  se nos cayó el alma a los pies, se nos volaron los palos del sombrajo y nos encomendamos a San Cinerato, que es un santo local enemigo de la incineración.

Bueno, esto ha sido a modo de desahogo para centrar a los vecinos y vecinas (pues somos madrileños) en que tomen parte en sacar conclusiones de si somos sinvergüenzas o gilipollas. De nosotros sale la patulea política que nos “gobierna” (no sabemos que palabra emplear). Y no vengamos con la tontá de que todos son iguales, que, eso sí, podíamos aceptarla en Madrid (autonomía), visto la ineptitud, falta de valentía, apatía, ignorancia, de la mayoría del arco iris político madrileño, pero no a nivel nacional o en otras comunidades.

Y eso es lo que votamos, por lo que la culpa es nuestra, de todas, todas,  y ajo y agua. Pero asumámoslo y preguntémonos aunque sea como filósofos de taberna: ¿Somos gilipollas, o somos sinvergüenzas?. No hay otra. Ha sido nuestra decisión.

Ya el gobierno central, tan vilmente vilipendiado por nosotros, madrileños de postín, nos dio la libertad, sin alarmas, y ya bares, cines, piscinas, manifestaciones, caceroladas, escapadas a la playa son libres, ya somos españoles y muy españoles, incluso nos hemos tenido que desarropar de la bandera por la calor,… pero, no tenemos servicio de urgencias (por lo menos en Rivas Vaciamadrid), ni los ambulatorios abiertos como debe ser… y esto va de pandemia, de contagios, de posibilidad de pasar a difunto mientras no aparezca la vacuna salvadora.

En fin, que pregonaban que la nueva realidad nos iba a hacer mejores, pero en la comunidad de Madrid, lo único que nos provoca es la disquisición vital del ¿somos sinvergüenzas o gilipollas? . Y elijamos la que elijamos no podemos estar muy tranquilos, ni tampoco pretender que hemos conseguido ser mejores. Bueno, ni trazas.

Por lo menos en nuestra ciudad de Rivas Vaciamadrid hemos conseguido un Pacto de Ciudad o sea llegar a un acuerdo de veintitantas hojas y que tengan todos (hasta los que nunca están de acuerdo ni con el aperitivo)  tinta en el boli para enhebrar la rúbrica. Así que podremos intentar salir de esta con un poco de paz y de concordia. Deseamos lo mejor de lo mejor al asunto.

Y aquí quedamos leyendo las páginas del citado Pacto para ver como vigilar el cumplimiento de renglones, frases y sentencias, aunque la modorra siestera nos nubla un poco las entendederas, después de los callos, ¡ya ves!…, y es que “semos” de Madrí, la chipén, y de “Madrí al cielo”, aunque esperamos no sea vía covid-19.

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