Ya de vuelta de vacaciones con fuerzas renovadas, no quiero pasar por alto un acontecimiento muy entrañable que hemos disfrutado este verano en nuestra ciudad y que no debe diluirse con el resto de las noticias, algunas de las cuales se nos suelen escapar en época estival.

Este verano, el casco antiguo de nuestra ciudad ha cumplido 60 años. El 23 de julio de 1959, se inauguró el pueblo de Rivas Vaciamadrid tras haber sido devastado el anterior emplazamiento por la Guerra Civil. Una vez terminada la contienda, la reconstrucción del pueblo tardó casi veinte años.

Conmemorar no es sólo recordar, sino, más allá de eso, es renovar, actualizar. Cuando calificamos un determinado acontecimiento como histórico, lo que estamos haciendo es otorgarle una dimensión que trasciende a su propia época; reconocer su valor para ayudarnos a entender, no sólo lo que fuimos ayer, sino lo que somos hoy y lo que podemos llegar a ser mañana.

Hace ahora 60 años, la diversidad de las personas que vivían en Rivas Vaciamadrid, se resolvió en una unidad sin fisuras para defender a su pueblo y sentar las bases para su progreso. Ellos supieron entender que, cuando es preciso afrontar grandes dificultades, el modo más inteligente de defender lo propio es reforzar generosamente el compromiso con lo común.

Nada sería más imperdonable que hoy echáramos en saco roto esa enseñanza. Si nuestra meta es común, sería incomprensible que no avanzáramos juntos hacia su consecución. En Rivas tenemos que conciliar el pluralismo con la unidad.

Y un ejemplo de unidad es esta celebración. Por eso, quiero aprovechar esta oportunidad para reconocer el esfuerzo de la Asociación de Vecinos del Casco Urbano, que pone empeño, trabajo y cariño en celebrar cada año esta fecha y en que no se pierda la esencia de nuestro pueblo, de la zona más antigua y con más arraigo de Rivas. Para celebrar esta fiesta, he visto a unos vecinos orgullosos de su historia colaborando en organizar su 60 cumpleaños, con la misma ilusión que ponemos los padres cuando nuestros hijos cumplen años.

Con motivo de las vacaciones estivales, muchos de los ripenses no han tenido la oportunidad de disfrutar de esta celebración con sabor a pueblo, en la que la asociación vecinal quiso recordar la historia de este municipio, a través de unos festejos que combinaban lo clásico con lo moderno mediante un vídeo mapping resumiendo la historia de Rivas y un cubo interactivo con luces led mostrando en cada cara cómo es nuestra ciudad. No faltaron la tradicional orquesta en la plaza del pueblo, la cena comunitaria a la que cada vecino hizo aportación de su especialidad en la cocina, ni la riquísima caldereta con la que nos deleitó la Asociación, para finalmente compartir la tarta de aniversario mientras todos cantábamos el cumpleaños feliz.

Una vez más, quiero agradecer a la Asociación de Vecinos del Casco Urbano por mantener viva la tradición y esta entrañable fiesta de cumpleaños. Gracias por juntarnos a todos para celebrar algo muy fuerte que nos une por encima de cualquier diferencia: nuestro pueblo.