“Ser modernos no es una moda, es un estado. Hay que comprender la historia: quien sea capaz de hacerlo, sabrá también encontrar la continuidad entre lo que era, lo que es y lo que será” señaló el artista, arquitecto, fotógrafo, pintor y pensador Le Corbusier. En efecto, las modas van y vienen, marcan épocas y tendencias que no nos convierten necesariamente en personas de nuestro tiempo, sino a la moda. De ahí que, de igual manera, no sea lo mismo rebelarse que jugar a ser rebelde como testimonio escénico de una posición de la que no se conoce la causa que suscita la reacción, pero que concita a mirarse en una posición que, por norma, se advierte más avanzada que la anterior.

Adolescentes y jóvenes tienden a pensar –y hacen bien- que rebelarse es una manera de reivindicación y manera de estar en el mundo, en el presente. La cuestión estriba en qué es aquello contra lo que se rebelan, qué marco de desarrollo utilizan para ello y cómo materializan ese acto legítimo y necesario de rebeldía. Motivos tienen, no sólo por el horizonte que se les presenta en forma de nuevos y desesperantes modelos de precariedad laboral, sino por el presente que, aparentemente cargado de posibilidades y estímulos, son espejismos que no atienden las demandas que estamos obligados a adivinar.

El gesto institucional llevado a cabo con la creación de recursos e incluso lugares donde proyectarse, no debería llevar al desaliento. Sin embargo, habría que preguntarse si sería conveniente ocupar otros espacios alcanzado entornos que pudieran convertirse en espacios de identidad. Y es que todos los esfuerzos parecen no dar los resultados para los que fueron concebidos, aún cuando exista un sector de jóvenes que responda a las ofertas propuestas por concejalía y ayuntamiento.

Hablar de jóvenes y adolescentes como un sector generador de problemas es, simplemente, no conocer la realidad. Los jóvenes de ese siglo son mejor de lo que fueron y fuimos generaciones anteriores. La consideración de los adultos frente a los jóvenes es eterna y queda secularizada según las circunstancias de cada época. Siempre ha sido más fácil elevar críticas tipificadas, que culparnos de nuestros fracasos y concesiones, culpabilizando sus conductas.

Decía que habría que generar nuevos espacios observando. Difícil, sí, pero no imposible. Sería necesario observar con atención e intención los lugares donde los jóvenes y adolescentes de Rivas se reúnen, respetando incluso su libertad para el aburrimiento. Centros comerciales, respaldos y asientos de bancos cerca de tiendas o algún que otro peldaño, sin contar los respiraderos que suponen los parques de la ciudad en verano…¿Eso es todo? No. Hay un plato fuerte que ya se ha extendido por la ciudad y que convoca cada día y los fines de semana con inusitado atractivo, a un considerable número de jóvenes en torno a las casas de apuestas que han proliferado en la ciudad. Simplemente lamentable.

Se establece en este nuevo punto de encuentro un perfil de relación entre jóvenes y actividad en la que ellos son protagonistas que precisa de urgente revisión. Tal vez sea este uno de nuestros fracasos; acallar a los jóvenes a través de su vinculación al juego y apuesta rápida. Y es que esta es una de las alternativas que las instituciones proponen y activan, insensibles a todos los efectos que ello propicia como fórmula. Una iniciativa de veloz implantación que no requiere de esfuerzos ni cavilaciones por quien debería hacerlo. Cobran por y para eso. Qué mejor acierto que atrapar mediante el juego a los jóvenes haciendo derivar sus preocupaciones hacia la falsa ilusión de un premio, cuando no la incertidumbre y desasosiego que genera perder lo que no se tiene y acudir a préstamos entre amigos de casi imposible restablecimiento? Fatal destino que no generará rebeldía frente a los dueños del azar ni frente a quien los ampara permitiendo su implantación. Habrá quien les haga creer que adormecerse en los brazos de una participación activa cuyo objetivo es desplumarlos, es un ejercicio de autonomía. Fatal punto de encuentro y reprobable la actitud de la administración competente en facilitar la implantación de estos cementerios para la rebeldía.

Los jóvenes reivindican espacios y lugares, sin acaso saber que lo están haciendo, en la órbita donde se reúnen y encuentran. Lugares de participación activa, real y no subsidiaria que saben de sobra diferenciar. Si la montaña no va a Mahoma…

Qué buena oportunidad, valga como ejemplo, perdió la corporación municipal dejando en manos de Boa Mistura la ejecución del mural en la fachada de la nueva Biblioteca Gloria Fuertes, al simple amparo de la fama que les precede y cuya participación ciudadana, jóvenes incluidos, se redujo a una votación. Y es que aquí, andamos faltos de talento…Pues bien. Poco importa, doscientos metros más abajo los jóvenes son bien recibidos en un local donde podrán ejercer su derecho al pataleo, apostando. Pero esto es otro tema, tal vez, para otra ocasión.

Juan Antonio Tinte

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